Vi el otro día en este artículo la nueva criatura de Google, Lively. Este émulo de Second Life para web en realidad es una especie de chat donde puedes tener tu propio avatar (nick en un chat normal), y tus propias habitaciones de chat para hablar con tus colegas. Hasta ahí no deja de ser una especie de chat gráfico en 3D. Lo realmente innovador es que lo incrustas en páginas web, de manera que puedes poner disponible en tu sitio web tu sala de chat y hablar con la peña en directo directamente en tu página web.

Este nuevo engendro del gigante de la red da que pensar. Second Life no es exactamente esto, aunque al final la mayoría de la gente lo usa como un chat gigantesco donde encima puede gastarse el dinero (como en el Habbo Hotel, aunque… ¿Quien visita ya eso?). Lo novedoso es la inclusión en la página web (para lo que necesitas una máquina un poquito potente, aunque si no hay mucha gente se puede usar con un ordenador relativamente normal), y la interacción directa con los visitantes de tu sitio. Eso hace que la comunicación entre ambos lados del sistema (webmaster y usuarios) sea interactiva y automática, cosa que hasta ahora no se estimaba a la hora de realizar un sitio. Ahora, y esto lo hago en plan vaticinio a lo Nostradamus), cantidad de gente va a pedir que se le incluya este sistema en sus páginas para poder interactuar con sus usuarios y clientes, como si fuera una especie de sistema de atención al cliente virtual. Y ese es sólo un uso. Por poner, podríamos usar también el sistema para generar grupos de colaboración, incrustarlo en nuestras comunidades de usuarios (eso que está tan de moda con la web 2.0) y estar permanentemente en contacto con la gente sin necesidad de tener un programa de chat instalado. Sólo nos conectamos a nuestra web y ya los tenemos allí. ¿Genial? Estoy seguro de que esta nueva capacidad va a flipar a la muchachada en cuanto sea un poco más de público conocimiento, pero lo que es bien seguro es que nos vamos a encontrar con estas cosas cada vez más a menudo. Y lo más probable es que además lo clonen en Microsoft y demás competidores a velocidad de vértigo.

Tengo que reconocerlo, no voy a ser un demagogo. Me he hecho mi propia sala, sólo por probar el sistema. En mi portatil superchungo que va a pedos consigo que funcione deprisa pero porque estoy yo sólo. Tal vez algún día abra la habitación para que ustedes puedan unirse y al final ya no necesitaremos ni blog ni leches, ¿para qué? Si en vez de contarnos nuestra vida con una bitácora lo hacemos directamente, ¿para qué más? Es difícil saber como nos va a influenciar cada novedad en nuestro comportamiento y sistema de relaciones sociales, pero por los derroteros que están llevando las cosas, creo que no vamos a tener que esperar mucho para que cosas como estas hagan que ya no podamos librarnos de relacionarnos vía web de múltiples maneras. ¿Lo siguiente? ¿Voz en vez de teclado? No les voy a dar ideas que miedo me dan…


  1. titaju

    Me gustan los blogs (no todos), y no los chats.
    Los blogs me hacen pensar y me da tiempo a meditar una respuesta. El chat no es más que una conversación, y para las conversaciones me gusta estar con mis amigos y verles la cara. Es más, odio el teléfono y tengo un móvil prehistórico… y soy mujer.
    Incongruencias de la vida. El día que tenga una webcam instalada en todos los aparatos de la casa para verles la cara a mis interlocutores, y ellos a mí, igual cambio de idea; pero ese día no llegará nunca.
    Jamás permitiré que me vean en las condiciones en las que hablo normalmente por teléfono o vía portátil (el mío es un ibook maravilloso, blanquito y chiquitín); en mi casa visto y hago lo que quiero. No necesito jueces ni cotillas.

  2. No vamos a hablar de lo que es andar por casa porque entonces la conversación va a entrar en un terreno muy violento y es mejor no pisar arenas movedizas… XD

    Yo tampoco chateo, y tengo webcam pero no la uso, creo que en la última reinstalación ni siquiera lo he instalado. Prefiero que no me vean a no ser que sea imprescindible, y lo cierto es que no me siento cómodo con ese tipo de cosas. Hay quien sí, oye, deben ser muy fotogénicos, pero lo que es yo… No habré visto una foto mía en la que me parezca que salgo bien. Deformación mental, supongo.




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