¿Más cornadas da el hambre?

Esta expresión, tan española, podría aplicarse dramáticamente al estado del mundo en este momento. Aunque siempre hay que tomar las declaraciones de los políticos y las organizaciones mundiales con mucha cautela, la cosa no debe ir muy desencaminada cuando Jorge Bush pidió ayer 500 millones de euros (más de los que usualmente utilizan, que deben ser unos cuantos) al Congreso estadounidense para ayudar a países pobres a pasar la hambruna… Teniendo en cuenta que este hombre no da un palo al agua a no ser que se atragante con una galletita, tenemos que empezar a olernos lo peor.

Porque parece ser que efectivamente es así: en muchos países las reservas alimentarias están bajo mínimos. ¿Mala gestión? ¿Mala suerte? ¿Sequías? ¿Cambio climático? ¿Qué no tienen pajolera de lo que hacen? ¿Cuántos culpables tiene este problema? ¿Son sólo ellos o también son responsables los países del “primer mundo”? Cuantas preguntas, ¿no?

El problema ya no es, como siempre, cual es el problema, sino como solucionarlo. Y las soluciones empiezan a ser bastante obvias. Cuando hace uno o dos años comenzaron a ponerse de moda las energías alternativas tipo biodiesel, todo el mundo andaba como loco con el tema: energía semejante a la del petróleo, pero renovable. Una ganga, vamos. Con dos pequeños, muy pequeños, defectos: primero, contaminan tanto como el petróleo, así que alternativo es, pero mejor no; y segundo, si te pones a cultivar para generar biodiesel, dejas de cultivar para alimentación, con lo que hay una relación inversamente proporcional entre la cantidad de biodiesel y la cantidad de comida que tenemos disponible. Vaya, pues me da que por ahí va a ir una de las respuestas a los interrogantes de arriba.

A esto tenemos que sumar que los países occidentales nos dedicamos a comprar todo lo que producen los países del tercer mundo, riquísimos en recursos por otro lado, y su mala gestión hace que las reservas internas sean mínimas debido a esto. La avaricia rompió el saco. Vaya, es el artículo de los dichos. En este caso el saco se ha roto, la comida se escapa y nadie parece saber que hacer para taparlo. Y mientras, millones de personas pasan hambre por gobiernos inútiles, avaricia capitalista y una combinación de idiotez e imprevisión que está llegando a límites insospechados.

¿Quieren respuestas? Cúrrenselas, porque tienen para rato. Pero vamos, por decir algo, yo empezaría por restringir los cultivos para biodiesel ya. Si, son menos pelas, pero al menos comeréis, burros. Eso para empezar.

Esto es muy complicado, desde luego, y las respuestas están en las manos de los de siempre, de los que tienen la sartén por el mango. Nosotros, aquí en nuestro país desarrollado, nos quedamos mirando lo que pasa porque tampoco tenemos la posibilidad (me refiero, lógicamente, a los ciudadanos de a pie) de hacer algo, pero si podemos presionar a nuestros representantes electos para que tomen decisiones. Curiosamente eso es algo bastante habitual en los USA y que aquí no practicamos en absoluto. Conozcan a sus diputados y senadores y envíenles cartas preguntando qué están haciendo y que piensan hacer. Que sepan que como mínimo nos interesa.

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