El candidato manchuriano

manchurianEste es el título de una célebre película de los años 60 protagonizada por Frank Sinatra (era buen actor además de cantante) y que trataba de como un hombre era manipulado por una extraña corporación con raíz sovietica que quiere conspirar contra los EEUU, y el protagonista, por medio de sus pesadillas, es el único que puede pararlo todo. Tuvo su remake, no muy acertado por cierto, en 2004 protagonizado por Denzel Washington. Todo esto viene porque últimamente está de moda que alguna corporación maligna intente dominar el mundo, especialmente en la TV: Prison Break, Heroes, Perdidos… Es el tema en boga en las series. En literatura también podemos encontrar casos, como en Los simulacros, de Philip K. Dick, en donde un supergobierno ejerce su poder sobre el gobierno de los EEUU, y parecen imposibles de parar. ¿Es ciencia ficción (o ficción a secas) o tenemos algo que temer al respecto?

Lo cierto es que hoy día hay supercompañías como IBM, Microsoft, General Motors, Ford, etc., que tienen cuentas de beneficios superiores al PIB de varios países del tercer mundo juntos. Son megacorporaciones que han amasado su fortuna en los últimos 100 años (Microsoft, de las tecnológicas es la más antigua de las supervivientes, junto con Apple, y tiene poco más de 40 años de existencia), y que van a seguir haciéndolo, a tenor de lo que puede verse y oírse. Sus dueños y socios son las personas más ricas del mundo. Tienen tanto, son tanto y alcanzan tanto que ya no pueden tener más, ser más ni llegar a más. Han alcanzado la cumbre. Nosotros no es que palidezcamos a su lado, sino que simplemente no existimos.

Quien recuerde las clases de filosofía tendrá aún en la memoria el concepto de superhombre. No, no la movida esa que se montaron los nazis a costa del pobre Nietzsche. El tema es el siguiente: el hombre evoluciona, y evoluciona por medio de juegos vitales. En un momento dado, el hombre llega a un nivel en el que no le es preciso seguir normas, está por encima de ellas, porque ha llegado a colocarse por encima de los demás, no tiene parangón con el resto de la raza, y forma una nueva raza, la de los superhombres. Estos superhombres ya no tienen los juegos vitales de los humanos convencionales, han alcanzado la madurez evolutiva y están por encima de todo y de todos. Es la superación máxima.

Para mi, los que dirigen estas corporaciones son lo más parecido que hay al superhombre de Nietzsche. Han llegado a un punto tal en que ya lo tienen todo y lo son todo, así que pueden permitirse la posibilidad de gobernarlo todo. Sabemos que los gobiernos están ligados inexorablemente a los lobbys corporativos, a los que les deben más que simplemente las aportaciones a las campañas electorales. Su poder se manifiesta en cada decisión, en cada obra y palabra de los políticos y la gente de la cultura y los prominentes. Son los que dicen lo que es correcto o no, lo que debe hacerse o no. Y nosotros, gente sin criterio, no podemos hacer otra cosa que seguir sus dictámenes.

O tal vez no. En Internet aún podemos expresarnos. Durante cuanto tiempo, no lo sé, pero mientras podamos no debemos cejar. Hay que conseguir sobreponerse a los superhombres, que van a morir desnudos y pobres, como nosotros.

Anuncios


A %d blogueros les gusta esto: