Niños a medida

En la actualidad se está generando un debate interesante gracias a la posibilidad de exportar material genético (semen, dicho en plano) desde España a otras partes del mundo, por parte del IVI, el Instituto Valenciano de Infertilidad. Las parejas puede seleccionar un donante de determinadas características para, teóricamente, tener hijos que se parezcan los más posible a ellos. También, teóricamente, los españoles no pueden acceder a este servicio. Pero me gustaría hacer ver que esto no es así, o al menos en la práctica puede ser de otra manera.

Se dice que este procedimiento se usa sólo para casos de parejas infértiles que quieren tener hijos semejantes a ellos. Esto ya de por si es un problema ético, ya que por mucho que quieran negarlo, es pedir un niño “a la carta”, esto que se discute tanto desde hace años. Segundo, no tiene que ser necesariamente así. Puede que una pareja de morenos quiera un niño rubio o pelirrojo, con los ojos de un determinado color o al menos que exista esa posibilidad. Aparte de los problemas genéticos propiamente dichos que existen para esto (los rubios son genéticamente recesivos, con lo que al menos la madre debería ser rubia si el donante también es rubio para que el resultado final sea rubio también), esto acrecenta más el debate sobre los niños a medida. Y tampoco es cierto que los españoles no puedan acceder a estos servicios, puesto que no les será complicado a muchas parejas españolas solicitar a un laboratorio extranjero que a su vez solicite al IVI material en las mismas condiciones. Es decir, hecha la ley, hecha la trampa.

Mi opinión al respecto es que con todo esto jugamos a ser Dios. La genética, por su propia naturaleza, tiene unas cuestiones que le son propias y que son totalmente aleatorias. Cuando usamos nuestro libre albedrío para afectar a esas capacidades, estamos necesariamente actuando de forma consciente alterando lo que de normal es aleatorio. Si estamos de acuerdo en unas cosas, lo hay que estar en otras. Si consideramos que no se pueden usar embriones para crear niños con determinadas características, tampoco es ético que se pueda seleccionar al donante para lograr determinados resultados. Esto es, desde luego, una cuestión cultural, y lo que ahora vemos poco ético, dentro de cien años puede serlo sin problemas. Lo que sí debemos considerar en cualquier caso es que cuando hacemos esto, estamos creando una vida asignándole determinadas circunstancias que pueden no salir todo lo bien que se quisiera y que serían deseables para esa futura persona. Yo creo que nadie pone en duda que la investigación para evitar enfermedades genéticas es deseable y factible, pero eso es una cosa, y otra distinta elegir como quieres que sea tu hijo. La variedad genética es lo que ha hecho que las especies vivas tengan la diversidad y la riqueza que poseen. Si todos empezamos a elegir lo que queremos, tenderemos a unificar y empeorar nuestra especie de forma inequívoca. Como conclusión, queda claro que este tema es complicado y en mi opinión nada deseable, pero los caminos del gen son inexcrutables. Y de la estupidez humana, más.

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