La bajada del IVA

Una de las consecuencias principalmente de los últimos acontecimientos ha sido que los distintos sectores han exigido una reducción del IVA que debe declararse, siendo esta una de las condiciones impenitentes que deben cumplirse a tocateja para la conclusión de las hostilidades. En tema como el IVA y demás, puedo entender la exigencia, pero como tal impuesto soportado, es obligación de todos pagar lo que corresponde. ¿O es que son algunos los que pueden escapar a sus obligaciones fiscales y la mayoría debemos cotizar sin paliativos? ¿Qué razón es esa por la que algunos pueden librarse y los demás no? En su día ya me opuse al impuesto y lo sigo haciendo, pero a nivel general. Que se rebaje o elimine de según que productos, me parece correcto, pero no puede obviarse porque sí, el que deba pagarse, ha de pagarse. ¿Hacienda no somos todos? ¿O sólo a trozos?

Tanto los transportistas como los taxistas no pueden pasar por encima de la fiscalidad general. O jugamos todos o se rompe la baraja. Si de normal, el IVA no compensa y balancea nada en el sistema económico, ya que no es más que un sacaperras, el que algunos no lo paguen o paguen menos si descompensa al resto, ya que estaremos en situación de inferioridad y desigualdad. Es un problema que nos atañe a todos y que debe ser considerado por el gobierno más como una provocación que como una exigencia. El Estado vive de impuestos como el IVA, no nos llevemos a engaño. Para el gobierno, cualquier reducción o eliminación es poco menos que inaceptable, aunque termina cediendo en según qué términos. Todo puede negociarse, qué duda cabe, pero hasta cierto punto. Claro, los informáticos no tenemos ni el 1% del poder de presión que tienen los camioneros, pero… No sé, me gustaría saber cuantos millones de euros se perderían a la semana si dejasemos de trabajar. Sí, no desabasteceríamos nada y no crearíamos ninguna alarma social, pero sería interesante ver que ocurre cuando los programas y los ordenadores dejen de funcionar porque nadie los mantiene o los desarrolla. Sería interesante ver como afectaría, no sólo al sector propiamente dicho, sino a los clientes y proveedores. Bueno, dejemos de soñar. La cuestión es la que es: no pueden permitirse favoritismos. Ni con las inmobiliarias ni con los transportistas. Aquí o vamos todos o la p. al río.

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