Miedo y asco en Pamplona

Paratitulando la película de Terry Gilliam (uno de esos genios incomprendidos del cine), ahora con el comienzo de los sanfermines yo me pregunto que sentido tienen algunas celebraciones, y no hablo ya del mero hecho taurino. Ya dejé clara mi opinión al respecto y creo que la llamada Fiesta de los toros es una representación totalmente anacrónica y que deberíamos haber superado ya al menos hace un siglo y medio, pero bueno, la cuestión es que aún persiste y no da visos de que vaya a terminar en ningún momento. Pero lo que yo quiero exponer en esta ocasión es una cuestión totalmente distinta, aunque relacionada: la pasión por una fiesta que, desde un punto de vista objetivista y lógico, no tiene ningún sentido y que al menos a mi me provoca eso, miedo y asco.

¿Qué necesidad existe de correr delante de unos animales tres o cuatro veces más grandes que tú, que pueden pesar hasta 8 o 9 veces más y que en un ardid del destino pueden provocar tu muerte, como indefectiblemente pasa año tras año? Que Hemingway fuera un forofo de San Fermín no es de extrañar porque, como con muchos de su generación, el autorespeto era algo que no se llevaba y por lo tanto no era “intelectual”, y disfrutar con la estupidez y la muerte es algo que está al alcance de la mano de los hedonistas. Sin embargo, en un mundo tecnificado como el nuestro, el primitivismo que subyace a una celebración como esta cuanto menos me sigue sorprendiendo. No sólo no pierde adeptos si no que los gana año tras año, y eso sólo puede tener un fundamento, el de nuestro amor por la futilidad. Por algún motivo estamos, generalmente, programados para disfrutar de las cosas más procaces y estúpidas, y nos divierten y alegran las situaciones más irrisorias, que sólo estimulan nuestra parte más animal e inconsciente. Esa motivación que nos empuja nos lleva a realizar actos totalmente idiotizados como el de correr delante de un toro, y provoca una situación de histeria colectiva sólo comparable a la de las grandes masas que jaleaban al Führer en la Alemania nazi.

No he ido nunca a este evento ni creo que vaya jamás. De hecho ya ni recuerdo cuando fue la última vez que asistí a uno de estos actos tan típicos de las fiestas de los pueblos donde se suelta una vaquilla y se le marea hasta que la gente, cansada y abatida por el cansancio, dejan en paz al pobre animal que lo único que hace es defenderse de lo que, con razón, considera un ataque tras otro. Me gustaría terminar diciendo una cosa: si la gente quiere seguir haciendo el estúpido en estas fiestas pamplonicas puede seguir haciéndolo (amén del resto de chorradas, sandeces y estupideces que se hacen, como saltar de la fuente esa medio borracho, por poner un ejemplo), como no, ahí está el libre albedrío. Sólo me gustaría destacar que en estos momentos, lo más irracional y estúpido de la raza humana está reunida en estos momentos en esa ciudad con motivo de estas celebraciones. Bueno, ahí y en Irak y alrededores, pero eso es otra historia.

Nota: sólo por concretar y por si alguien se ha sentido aludido, no estoy llamando estúpidos a los pamplonicas, gentes que tienen todo mi respeto como las de cualquier otra parte del mundo. Creo que queda bien claro lo que estoy diciendo y a quien se lo estoy diciendo.

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  1. titaju

    Pues parece que la estupidez va en alza, porque no cabía un alfiler.
    A mí tampoco me pillarán. Si normalmente cruzo por un paso de peatones, ¡como para ponerme delalante de un toro.
    Y menos, pasada de alcohol.
    Como decía mi abuela:
    -“Es que la juventud de hoy en día tiene mucho tiempo libre. Mucho vicio, es lo que hay.”
    Tampoco me pillarán en la tomatina (puajjjj), ni en la fiesta de los Caneiros en Betanzos, que básicamente se reduce a bañarse en vino tinto.
    En general, no me pillarán en ninguna fiesta de pueblo, por grande que sea el pueblo o la fiesta.

  2. jeje, a mi no me pillarán en un pueblo directamente. Tengo aborrecido al campo, aunque esa ya es una cuestión personal mía. En realidad creo que puedo echarle la culpa a mis padres por obligarme verano tras verano a ir de dominguero a la típica excursión campestre que no deseaba y que tengo entre mis peores recuerdos de la infancia y la adolescencia. Así que a las fiestas, desde luego, no creo que me vean acudir por mucho que se pongan. Mujer, con una buena tajada no lo sé, pero es que por no hacer, ni bebo casi, así que… XDDDD






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