Falsedad olímpica

Mucho se está hablando estos días sobre la inauguración de las olimpiadas. Resulta que la ceremonia como tal debió ser más que nada mucha realidad virtual, donde las imágenes del estadio no eran tales y los fuegos artificiales poco menos que inexistentes en su inmensa mayoría. Hasta la niñita que aparecía cantando no era la que cantaba realmente. Pase porque fuera un playback, pero es que ni siquiera la niña que cantaba era la que apareció ante nuestras pantallas. Vamos, que en general puede decirse que fue una engañifa.

No es que esto sea mejor o peor. Bueno, visto por el lado más cínico, puede decirse que todo este tinglado ha sido una extensión de la falsedad olímpica en toda su dimensión. Ya critiqué hace una semana los juegos por parecerme poco menos que algo fuera de lugar respecto a lo que fue en sus inicios. La política, la economía y los intereses mundiales priman en la cita deportiva más importante del mundo. Cada inauguración debe ser cada vez más espectacular e impresionante y claro, los chinos han optado por la ayuda informática para conseguir su efecto televisivamente hablando. Porque en el estadio podía haber fácil 100.000 personas, pero viéndolo por televisión podría haber miles de millones, con lo que primó sin duda el efectismo con una suspensión de la credulidad inverosímil a la realidad, menos visible y espectacular. Está claro que las siguientes ceremonias van a tener que seguir el mismo curso de acontecimientos si quieren estar a la altura.

En cualquier caso, nos encontramos con los juegos posiblemente más artificiales de la historia. Esta mañana estaba viendo las pruebas de atletismo, de lo más interesante que tienen unos juegos, y ahora los jueces ya no ven las salidas falsas a ojo, como antes, sino que se guían por quien ha presionado los clavos de las zapatillas más fuerte antes de que se hiciera el disparo de inicio de las pruebas. A los corredores de maratón se les seguirá por GPS, y en natación las marcas están totalmente controladas en cuanto rozan la meta. Cierto es que ahora las marcas son cada vez más ajustadas y que las sorpresas son menores que antaño, pero ahora no vale mentir a la foto-finish: un ojo electrónico estará observando a los deportistas en todo momento, estando todo totalmente automatizado de principio a fin. En definitiva, todo es poquito más artificial y falso en las olimpiadas. No digo que la peña tenga que correr desnuda como hace 2.000 años, pero vamos, que la autenticidad se pierde a pasos agigantados con cada nueva olimpiada. Que le vamos a hacer.

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  1. Piensa en positivo.
    ¿Y si algún día se vuelven a hacer olimpiadas en España y te llaman para que les hagas el hardware, el software o como se diga?
    Te puedes forrar…

  2. No, si yo no me opongo a que se hagan, sólo digo que si se hacen, leñe, que se hagan como es debido. Yo fráncamente tampoco me opongo a que las cosas se hagan de esta manera de forma completa. Vivimos en el mundo de la tecnología y es lógico que se haga uso de ella en todo lo posible. Sólo digo que han perdido mucha autenticidad y que las cosas han dejado de ser naturales. Ni más ni menos.

  3. crisfdezn

    Propaganda nacional, intereses políticos, comerciales, etc. En eso se han convertido las olimpiadas, ya no prima el deporte ni siquiera para muchos deportitas (vease los casos y casos de dopaje), todo se vende, todo tiene precio, hasta la propia vida para sacar un buen contrato y salir en la tv anunciando un coche, las zapatillas que os haran volar, o quizas un champu que insinue al incauto de turno que se va a convertir en una replica de este nadador o aquel atleta (guapo, fuerte y con dinero… que mas quieres Baldomero?… si usas Anticaspa Marathon ligaras mogollon). Saludos.

  4. Todo se compra y se vende, es el sino de nuestros tiempos. Usamos poco la cabeza y básicamente para mirar poco más allá de nuestras narices. Mirando detenidamente el tinglado este es bastante desilusionante. Sin embargo, las olimpiadas dan lo que se busca de ellas: fama, entusiasmo y grandeza efímeras. Ya ni siquiera se ocultan los tongos como el de Phelps, que no debía haberse llevado la séptima medalla. Así que sí, es un poco deprimente. No sé, alguien se debería montar las olimpiadas al antiguo estilo, no ya tanto por hacer la competencia, si no para que algo parezca de verdad en este estado tan irrisorio de cosas.






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