El regreso de un recuerdo dormido

El 23-F yo tenía 7 años. Hacía poco que vivíamos en aquella casa y yo, claro, no era consciente de nada realmente, aunque tengo un recuerdo bastante claro. Aunque no recuerdo muy bien si se lo oí a mi madre o fue de otra manera, escuché que había tanques en las calles (yo por aquel entonces vivía en Valladolid, un bastión de la derecha desde tiempos inmemoriales), y yo me asomaba para ver si era cierto, pero con la mala fortuna de que nuestra casa no daba a una calle principal, si no que tenía otro mazacote en medio que me impedía la visión del paseo de Zorrilla, una de las arterias de la ciudad, y por la que seguro que pasaban tanques porque era la vía de acceso al pinar de Antequera, que es donde estaba la base militar. Ese es el recuerdo que tengo de ese día, histórico por otro lado, y que de forma intermitente ha regresado a mi memoria desde entonces.

Podemos especular lo que queramos sobre que hubiera pasado de haber vencido el levantamiento (recomiendo “El hombre en el castillo” de Philip K. Dick, donde se habla de que hubiera pasado si los nazis y los japoneses hubieran ganado la guerra), pero con el paso del tiempo, la lectura atenta de las fuentes y los personajes, cada vez uno se da más cuenta de que fue todo una pantomima. Es más, existe una posibilidad bastante alta de que fuera un movimiento conocido de antemano por bastante gente, incluso de fuera, como la CIA o el Vaticano. El rey probablemente también estaba informado, y su actuación no fue, a mi entender, consecuencia de la improvisación, sino muy meditada y planeada de antemano. De todas formas, el levantamiento como tal fue muy chapucero, lo que me hace sospechar que había algo detrás que ya directamente hacía sospechar el fracaso de Tejero. Las leves penas (casi amonestaciones en la mayoría de los casos) también me da a entender que no había ningún interés en que se levantasen más sospechas al respecto. Cuando algo se hace rápido y sin levantar polvo es porque generalmente bajo ese polvo hay más de lo que se quiere dejar ver. Así ha sido siempre y no entiendo porque debería ser entonces de otra manera.

Se habla siempre de que ese día venció la democracia, pero, sin desear lo contrario, nos hubiera dado igual una cosa que otra. Los que nos han gobernado desde entonces han sido unos incapaces, ignorantes en el mejor de los casos y estúpidos en sus decisiones, que han hecho que este país, con todo el potencial que tiene, siga sin tener relevancia en el mundo y con muchos problemas no heredados precisamente del franquismo. González, Aznar y Zapatero han sido sin duda un lastre mucho mayor para nosotros de lo que podemos imaginar, y me preocupa enormemente que la ciudadanía no desee levantarse el polvo que deja esta gente a su paso. Los conceptos de libertad, igualdad y solidaridad son cada día más trivializados en casi todos los contextos y eso genera importantes problemas en la gente, desde sociales, económicos o políticos y culturales. Estamos entrando en una crisis que no es sólo económica. Es una crisis de valores de todo tipo, como las que había antes de la llegada de los fascismos. Recordemos que ahora mismo hay países europeos, incluso algunos en los que podría parecer impensable, en los que los fascismos están ganando terreno de nuevo, consiguiendo alcaldías, diputados y senadores y casi casi gobiernos, como ya pasara en Austria e incluso en Holanda y Francia. Y en Alemania, porque la legislación es tan estricta que es casi imposible que un fascismo salga adelante, lo que no significa que pueda ocurrir de alguna forma. Aquí en España por suerte son aún muy minoritarios, pero si la situación sigue así, será un caldo de cultivo excelente para que reaparezcan los viejos fantasmas. Porque la gente, al final, quiere vivir en paz y tranquila, y eso lo puede hacer exactamente igual una democracia que una dictadura. La única diferencia radica en lo que los ciudadanos están dispuestos a soportar por tener esa paz y esa tranquilidad. Pero como siempre ha pasado, el pueblo le dará su confianza a aquellos que les permitan conseguir y mantener esa paz y tranquilidad. Queda dicho.

Anuncios

  1. Yo también era pequeña, y aquí en Galicia llegó la cosa descafeinada.
    Hoy, millones de años después, algo no me cuadra. Soy de las convencidas de que el rey lo sabía, y que el rey siguió adelante porque le gusta la vida fácil y el buen vivir.
    Y en eso estoy de acuerdo. Hablas con las personas mayores (no hablo de las que vivieron la guerra, porque esos siguen aferrados a su bando; tampoco hablo de los almodóvares que quieren dejar a generaciones venideras su propio ¿testimonio? de lo que no vivió y que se ha inventado) y te cuentan que podías salir a la calle con tranquilidad, que no había tanta delincuencia, que nadie te atracaba.
    Y la gente, entre los que me incluyo, quiere que la dejen en paz.
    A estas alturas de mi vida, sólo pido que el Bloque salga de ahí, y por eso estoy dispuesta a que me timen, que me llenen de impuestos, que se queden con todo y que hundan a España más ( si cabe).
    Pero con la educación de mis hijas, que no me jueguen.

  2. A ver, que el rey lo sabía de sobras para mi casi no tiene discusión. Podemos hablar de si sabía más o menos o hasta que punto estaba involucrado, cosa que sólo podremos saber a ciencia cierta en un futuro (tal vez cuando ya no esté, cosa que es habitual), pero que lo sabía está bastante claro. Tenía dos opciones: o bien continuar el régimen constitucional, donde seguiría siendo el rey y además un héroe, o bien que continuase la cosa, pero entonces tenía un doble problema: si la cosa funcionaba, de cara a la opinión pública sería un vendido y en aquella época, recién salidos del franquismo, no interesaba tener otro caudillo, con lo que la cosa iba a ser muy tensa y podía terminar mal; y si no terminaba bien el levantamiento, el quedaría como un pusilánime y un cobarde, arrastrando eso el resto de su vida, si es que además se lo seguían permitiendo. Así que ante la duda, la más tetuda. La opción obvia era seguir para delante. Era lo más interesante para él. Permitiría asegurar la pervivencia de la corona y la familia real en su puesto, y a vivir. Es más, poniéndonos en el peor de los casos, a él le interesaba y pudo promover que ocurriera así precisamente para hacer lo que hizo. Siendo muy malos, podríamos especular sobre la posibilidad de que él planease todo para conseguir el resultado deseado. Nuestro rey es un animal político de altura, lo ha demostrado varias veces, así que a mi francamente no me extrañaría, pero bueno, no deja de ser una especulación sin pruebas al respecto.

    Claro que la gente queremos vivir en paz, desde que el mundo es mundo. Y por eso damos nuestra confianza a quien sea capaz de proporcionarnos esa paz y tranquilidad. En el feudalismo, hasta la llegada de las luces (aquí en España, tarde como siempre), la tranquilidad la proporcionaba el señor feudal y el rey. A la gente no le importaba demasiado vivir en los escalafones bajos de la sociedad mientras pudiera hacerlo a su aire. Después, con la ilustración, el vivir mejor se tradujo en el desarrollo humano y tecnológico, lo que derivó en la lucha de clases. Entonces, con la llegada de las democracias, se impuso el partidismo y ese es un juego peligroso. Tanto, que cuando esas democracias europeas estaban en crisis (curiosamente, como está pasando ahora), surgieron los fascismos como respuesta a lo que no funcionaba. Recordemos que Hitler fue elegido democráticamente como canciller. Y hasta que la guerra se le fue de las manos, tuvo el apoyo incondicional de la mayor parte de los alemanes. Que decir de los italianos. Aquí fue más por la fuerza, claro, pero al final la gente se hizo a ello y mientras les dejasen en paz, los españolitos estaban contentos. Hasta que se hizo insoportable. Y ahora vivimos de nuevo una crisis de la política, no sólo de la economía, donde los propios políticos no saben ni por donde bailan. España no ha sido nunca un país muy estable políticamente, y por mucho que se nos ponga larga y dura diciendo que llevamos 30 años de democracia, no significa nada en la larga andadura de un país. Los nacionalismos son buena prueba de ello, desestabilizando y atropellando una ética social que debería ser mucho más estable, entre otras causas.

    Además, leches, que nos están engañando vilmente, ya vale de tanta tontería. Tendrá que llegar un momento en que ocurra algo, y habrá que estar preparado. Dicen que es una crisis pero de eso nada. Esto viene para quedarse.

  3. Pues tan tremendamente liado que ni puedo entrar. Lamentablemente (o por suerte, según se mire), mi vida laboral se ha convertido en una noria que no deja de dar vueltas y vueltas… Sigo acordándome, espero poder escribir más de vez en cuando. Hoy lo he hecho por causas especiales, espero que las próximas sean más felices.






A %d blogueros les gusta esto: