Cuando la tragedia llega

Este fin de semana ha sido triste. Se que llevo mucho tiempo sin escribir pero hoy tenía que hacerlo, para decir algo que no me puedo callar. El viernes un familiar de mi novia sufrió un accidente mortal que ha llevado, como siempre ocurre en estos casos, la desgracia y el sufrimiento a sus más allegados. Más allá de las circunstancias y las situaciones concretas, siempre es una carga la marcha de un ser querido. Pero en este caso las circunstancias han marcado la diferencia entre lo que pudo haber sido y lo que fue, al menos para los que hemos sobrevivido a la tragedia.

Este viernes pasado, a eso de las tres de la tarde, un buen hombre esperaba con su camión en una rotonda para pasar cuando llegó la fatalidad. Como tuve la suerte de conocerle, aunque no mucho, puedo decir que era una de esas buenas personas que crees que lo es nada más verlo. El destino, para quien crea en eso, o la suerte, que diría más en mi caso, hizo que estuviera en un lugar equivocado en el momento incorrecto. Un trailer arrasó con todo y dos coches y el camión de este buen hombre resultaron embestidos. Afortunadamente, dentro de lo malo, el resto de víctimas terminaron leves y no hubo que lamentar más tragedias, pero el mal ya estaba hecho.

Más allá del impacto emocional y psicológico de un accidente de estas características, sobre todo para la familia y amigos, hay dos circunstancias que hacen que este caso en particular sea más hiriente. Primero, la zona donde ocurrió. Se trata de una “rotonda” (llamada así porque la han llamado así, porque ni es rotonda ni es nada) en la que los coches que vienen de frente por la carretera convencional (es la llamada “Carretera del Aeropuerto” de Zaragoza, que va también a PLAZA, el punto logístico central de la zona) pueden pasar impunemente, mientras los que esperan en el ceda el paso sufren lo suyo para conseguir hacer cualquier maniobra. En estas circunstancias ocurrió lo que ocurrió. Las víctimas en casos como este son además víctimas inopinadas. Todas las víctimas son terribles, pero además, este caso tiene sus agravantes. Ni la Guardia Civil ni los bomberos avisaron en ningún momento a la familia y la empresa de lo sucedido (aparte de llegar como media hora tarde, según se comenta), y no fue hasta la tarde que, de forma además totalmente fortuita (un contacto en el clínico hizo la llamada fatídica), nos enteramos del accidente y el estado del difunto. Incluso hasta el sábado, no nos enteramos realmente de lo que había pasado y en que circunstancias, agravando lógicamente el sufrimiento de los familiares que durante horas no supieron nada de lo ocurrido. Era innecesario, inhumano y totalmente fuera de lugar. El comportamiento de las fuerzas de seguridad ha sido totalmente lamentable y bochornoso, pero es que por desgracia suele ser así casi siempre. Pues no tiene el camión el número de teléfono bien gordo en las puertas, que además es obligatorio, como para que hubieran hecho la llamada de rigor, especialmente los agentes de atestados. Y encima nos toman por tontos diciendo que actuaron debidamente según el procedimiento y que aquí paz y después gloria. Terrible de veras.

Ni ese tramo se arreglará a corto plazo ni las fuerzas dejarán de comportarse de esas maneras, mientras se indignan cuando cualquiera dice que no hacen bien su trabajo. Ahora lo hecho, hecho está, pero para los cientos de personas que han recordado al difunto, entre familia, amigos y compañeros de trabajo, esta desgracia es algo más. Es impotencia, inoperancia, imprevisión, falta de sentido del riesgo de las autoridades y diversas agencias, entre otras cosas. Ahora ya sólo queda recordar a este buen hombre, pero no se nos debe olvidar tampoco el origen del problema, un cruce realmente mal hecho desde la Expo, y la falta de humanidad e inoperancia de unas fuerzas de seguridad que no hicieron nada bien, nada más que llegar, firmar lo acontecido e irse.

Descanse en paz.

Actualización: a estas alturas, la empresa todavía no sabe donde está el camión. Así de coordinadas están la cosas en nuestras fuerzas del orden.

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  1. Creo que no hay mucho que decir, salvo que os acompaño en el sentimiento, y que si necesitáis firmas o algo para que arreglen esa “rotonda”, contéis conmigo.

  2. Muchas gracias, pero como siempre esto quedará en el olvido. Aunque hay que hacer algo. Por esto y por tantas cosas. Ya vale de que se haga todo mal en este país. Parece mentira que estemos en el primer mundo y en estas condiciones. Como esto, en toda España. Un desastre.






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