Autoreflexión: PSOE

Siguiendo con el artículo del otro día, me gustaría continuar con el tema enviando al PSOE una serie de ¿recomendaciones? ¿avisos? sobre lo que han sido estas elecciones y lo que significan. Porque claramente no se han enterado: han perdido. La autocrítica brilla por su ausencia en este partido. Todos, empezando por Zapatero, cierran filas alrededor de la idea de que la cosa no ha ido mal, que podía haber sido peor, y que han salvado los muebles. Y además, cuentan con otra cuestión: son el único partido socialista europeo que no se ha ido al garete estas elecciones. Terrible.

Señores socialistas, hagan el favor: han perdido por una cantidad muy apreciable de votos, 4 puntos de diferencia respecto al PP, y con un claro aviso de su base votante: no les gusta lo que estais haciendo. Porque claramente, admitámoslo, a la gente le importa tres narices Europa (irónicamente, ya que ahí es donde se decide todo nuestro futuro, en realidad), y como los grandes partidos han basado toda su estrategia en asuntos internos, eso es lo que realmente ha calado en la ciudadanía. Y ahora mismo la gente sólo está pensando en una cosa: no piensa en Europa, ni en los trajes de Camps, ni en el Falcon… Piensa que está en paro, que no llega a fin de mes, que los sueldos no crecen (y de momento, por suerte, los precios tampoco), que no puede comprarse una casa, etc… Y eso es crisis, señor Zapatero. Eso que usted, muy “acertadamente”, definió como “ligera recesión” hace un año. Y los españoles, especialmente los votantes del PSOE, han dicho que no les mola nada todo esto. El perfil de votante del PSOE es, curiosamente, antagónico al que se supone que debería ser un votante de izquierdas: activo, reinvindicativo, espasmódicamente chillón… El votante de izquierdas se han convertido en alguien pachón, tranquilo, al que no le preocupa nada más allá de sus narices, y claramente el votante del PSOE ha abandonado a su partido de toda la vida. La crisis y la falta de voluntad para afrontarla es lo que ha definido la decisión de estos votantes. Si a eso le sumamos que muchos de los dirigentes y cabezas visibles del partido y ministros son de risa, pues apaga y vamonos. La restructuración del gabinete ministerial no fue más que una pantomima, como las que acostumbra Zapatero, para hacer ver como que hace algo contra la crisis, pero como es lógico, el público no se ha dejado convencer. Señores socialistas, se han ganado a pulso perder la confianza de los votantes, más que nada porque lo que perciben estos es que ustedes la han perdido en ellos. Ya no se gobierna para el pueblo, se gobierna de cara a la galería, para parecer los más guays, y eso, en algún momento tenía que pasarles factura.

Es evidente que en época de crisis el votante de izquierdas se abstiene más de lo habitual. Ya paso con González y ha vuelto a pasar ahora. Si lo de la crisis se hubiera sabido antes de las generales del año pasado, desde luego Zapatero no hubiera salido de nuevo. O tal vez sí, pero tan a la mínima respecto del PP que casi hubieran tenido que pegarse por los escaños. Pero la abstención, en el caso de Zapatero, tiene más significados. La diferencia más notable con Felipe González es que este último era más un hombre de acción, y aunque fallase, hacía cosas. La gente lo castigó porque no supo afrontar la crisis, pero tampoco Aznar tuvo un respaldo muy importante en las primeras elecciones que ganó, por lo que tuvo que hacer pactos hasta con el diablo. Sin embargo, en este caso Zapatero ha perdido precisamente por todo lo contrario: inacción total y absoluta. El Plan E hace aguas por todo sitios y es pan para hoy y hambre para mañana. Tiene encima la suerte de que no hay elecciones generales hasta dentro de tres años, cuando susceptiblemente se habrá superado la crisis (aunque hay quien no está muy seguro de eso), con lo que si no media alguna que otra huelga general, tenemos ZP para rato. Sólo pediría que no fueran tan soberbios y bajasen la cabeza un poco, que se les ve hasta la coronilla.

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  1. Leer algo de Zp a estas horas me produce ardor de estómago; otra noche sin pegar ojo.






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