Archivo para agosto, 2009

No voy a hablar aquí de cánones, ministras ni P2P. Son temas ya muy manidos y muy tratados. Me gustaría referirme a un tema que se trata mucho menos y me parece más fundamental, porque en realidad, de ahí viene todo el problema. De ello deriva todo lo demás. Y es la renovación de la industria cultural. En la actualidad, esta industria no avanza, o lo hace sumamente despacio, porque ve como su sistema “infalible” para obtener beneficios de debajo de las piedras ya no funciona tan bien como antes. Hablo de esa industria que no debería ser una industria, pero que lo es: editorial, musical, fílmica, televisiva, etc…

Evidentemente no vamos a negar una verdad incuestionable: producir cultura cuesta dinero. Libros, películas, música… Producirlo, crear soportes, etc., cuesta dinero, y por lo tanto debe ser una empresa la que realice todas las gestiones para llevar a cabo un trabajo que un particular no podría hacer. Últimamente estoy muy interesado en el mundo editorial, y desde luego, publicar un libro no es moco de pavo. Desde que el autor crea el manuscrito hasta que vemos el libro en papel en una librería, hay todo un gran proceso que lógicamente debe llevar a cabo una empresa comercial. Y es cierto que los libros en concreto dejan márgenes muy estrechos (exceptuando las grandes tiradas de los grandes editores), con lo que muchas veces el precio de los libros, inevitablemente, se encarece aunque no queramos. Pero también hay una realidad patente: vivimos en la era de la tecnología digital y aún así, todo el mundo se sigue empeñando en editar en papel. Cierto que todavía no se han popularizado medios digitales adecuados para la lectura sin libro, pero podemos leer en el ordenador, el notebook, el netbook, y los actuales e-books digitales son cada día más baratos (aunque por desgracia no hacen más que meterles DRM y cosas similares, destruyendo la magia del libro). Este mercado necesita renovarse en ese sentido, y parece ser que casi nadie quiere hacerlo, lo que va a redundar en que sólo aquellos que den el paso van a estar preparados para lo que va a venir en los próximos (pocos) años. Y es que Internet, como volveré a repetir después, está democratizando la cultura, y es ubícuo, con lo que podemos disfrutar de uso prácticamente desde cualquier sitio (tarifas abusivas telefónicas mediante).

Pero eso son sólo los libros. Si nos vamos a la música, ya es de sobra conocido que el mercado necesita una renovación inmediata. Productos como iTunes o Spotify son la avanzadilla (Spotify en concreto es un consorcio de varias discográficas que intentan renovarse de la forma más correcta posible, y están consiguiendo un éxito más que adecuado). Pero la mayoría de las empresas del sector no terminan de ver que su futuro está, una vez más, en la Red. Son pertinaces en su persecución del “delito” y no se dan cuenta de que no pueden luchar contra los millones que día tras día se saltan todo lo saltable para conseguir la cultura que demandan. Y es que no puede ser que el mercado de CDs permita un beneficio de entre un 100% a un 200% por unidad, y para que luego el artista (la mayoría) no reciba más que un 2% a 5% del beneficio final (y es un cálculo muy optimista). Esto da lugar a que muchos grandes artistas cada día saquen menos CDs y hagan más giras, que es de donde más beneficios directos pueden conseguir, como es lógico. La industria musical pues tiene dos vertientes: las grandes empresas que siguen queriendo conseguir los grandes beneficios por la jeta, y el artista, que debería también reconvertirse y optar por vías alternativas, como vender su música por iTunes o Spotify, entre otros medios, de manera que pueda obtener un beneficio directo mucho mayor por su obra. Las discográficas están en proceso de desaparición o conversión y lo saben, pero tienen que morir matando, claro.

Y que decir tiene la industria audiovisual. Aquí la discusión tiene muchas vertientes, sobre todo en un país como España donde, por algún motivo, a pesar de la gran creatividad que destilamos, sólo conseguimos sacar al mercado productos mediocres (en su inmensa mayoría, con excepciones, claro). Los que quieren llegar a algo se tienen que ir fuera necesariamente (véase Amenabar et al.), y es especialmente hiriente en el caso de la animación, por ejemplo. Lo primero de todo, en mi opinión, es eliminar las subvenciones, o en su defecto, orientarlas a los trabajos de calidad. No es de recibo que se subvencionen auténticos engendros tipo “Já, me maten” y cosas por el estilo. Entiendo que los señores políticos del ministerio de cultura no tienen porque saber apreciar de primeras una buena obra de arte, pero vamos, de ahí a eso otro hay un trecho muy, muy grande. Actualmente las subvenciones son sólo una forma de pagar a los amigos del gobierno para realizar películas inmundas que saben que no van a tener ninguna repercusión en el mercado ni local ni extranjero. Los pocos que se pueden autofinanciar, como Almodovar, van a su bola y lógicamente hacen lo que quieren. Pero ahí tenemos otro problema: el cine español está plagado de putas, yonkis, maricas y amas de casa jodidas. Espero que se me entienda bien: esa es la realidad y debe tener su sitio en el cine, desde luego. Pero no el 70% del mercado. La gente no va al cine para ver realidad: va al cine precisamente para desprenderse de esa realidad que le aturulla el 100% del año. Quieren evadirse, ver realidades alternativas, otras posibilidades que les hagan soñar. Por eso el cine americano triunfa y el nuestro no, tan simple como eso. De todas formas, este mercado también tiene otro problema: el producto lo realizas una vez, pero después puedes copiarlo y reproducirlo las veces que quieras, y aún así, siempre tiene el mismo coste. Entiendo que toda empresa se crea con el único objetivo real de conseguir beneficios, pero estas empresas, como los otros tipos que hemos mencionado antes, también se dedican a la cultura, con lo que deben poder compenetrar ambos aspectos de una forma coherente y sincera. En otros momentos ya he mencionado el tema televisivo así que no me voy a repetir aquí.

Hay un hecho evidente en estos momentos y es que estos mercados tienen que renovarse en la dirección correcta. El gran problema es que intentan que sea la demanda la que se adapte a ellos y no al revés, como es lo normal. En cualquier mercado libre, la oferta se ajusta a la demanda porque tiene que cubrir esa demanda. Lo que pretenden en la industria cultural es justamente lo contrario, que la demanda se adecue a su oferta y en las condiciones que ellos quieran, y las cosas no funcionan así. Siempre ha sido la oferta la que se ha tenido que adaptar a los tiempos, y ellos pretenden justo lo contrario. Quiero mencionar aquí el caso del streaming, la capacidad de ver y oír materiales audiovisuales sin descargar, desde cualquier sitio, sólo con una conexión a Internet. Es un medio que está ganando adeptos a diario porque es una forma sencilla y barata de conseguir conocimientos y cultura de una forma directa y sin ambages. La TV, la música y el cine van a tener, inevitablemente, que adaptarse a este tipo de forma de difusión, ya que va a ser la preferida incluso por encima de la descarga (normalmente, el streaming permite también la descarga una vez visto, cosa que hacemos todos si nos ha gustado algo, excepto casos como Spotify).

Como conclusión, decir que esto son sólo mis apreciaciones, pero son apreciaciones basadas en lo que veo a mi alrededor cotidianamente. No estamos hablando de un futuro alternativo de 25 años en adelante, estamos hablando del presente más rabioso. Pero ellos no quieren verlo, siguen ensimismados en su mundo de piruletas monetarias que saben muy buenas, y como los dulces, quieren más y más todo el tiempo, como un niño cuando descubre las chuches. Y piden chuches constantemente porque son adictos al azucar. Bien, pues estos adictos al dinero deberán reconvertirse o morir, igual que ha pasado a lo largo de toda la historia con todas las profesiones habidas y por haber. Ayudémosles un poquito y hagamos que todo sea más rápido: veamos más streaming, descarguemos más material que nos interese, leamos más en PDF o similares que en papel, etc… Que vean que las cosas van por ahí, inevitablemente. Al final, como no puede ser de otra forma, terminarán pasando por el aro. Otro remedio no les queda.

Hace un par de días se cumplían 20 años de la aprobación del Real Decreto que permitía la aparición de entidades televisivas privadas, que trajo consigo la aparición de Antena 3, Telecinco (sigh) y Canal +. En estos 20 años hemos visto de todo, pero ante todo mi resumen general del experimento es que ha sido UNA MIERDA PINCHADA EN UN PALO.

Perdón por las mayúsculas. Es que no he visto nada bueno en lo que trajeron las privadas (con la honrosa excepción de Canal+, que por mucho que digan no es lo mismo que Cuatro), con su telebasura, contraprogramación y demás estupideces dignas de niños de patio de colegio. Si, ha habido más variedad general en la televisión, pero esa ha sido la única ventaja. Hemos tenido que sufrir unos canales, concretamente Antena 3 (que empezó bastante bien, todo sea dicho de paso, pero se fue a tomar por saco no se sabe muy bien como) y Telecinco (esto fue insufrible desde el principio, aunque tuvo épocas, sobre todo informativamente hablando, de esplendor), que válgame el cielo, que malos han sido en general. De hecho verán que tengo como enlace interesante Desintoniza Telecinco, toda una declaración de intenciones.

Los nuevos canales, Cuatro y La Secta Sexta, empezaron bien pero están terminando como clones de las anteriores, programando mal, peleándose entre ellas como antaño ocurría con el fútbol (mal que sigue en la actualidad), y desarrollando una mala conducta ética que da grima. Cuatro se salva un poco por los informativos (no de deportes, que son malos de narices) y algunas otras cosas, pero tiene demasiados realities. La Sexta no se sabe bien por donde va, todavía va dando tumbos porque no saca rentabilidad a los deportes. Y la TDT no está mejorando mucho el panorama, aunque por lo menos tenemos canales de series, algunos infantiles, y los que quieren deportes, tienen canales propios. Justo lo que ocurre con la televisión digital de pago. Cuando hace 5 años decidí comprar el cable, me di cuenta de que la televisión terminaría siendo así, en general, y es una teoría que se está demostrando cierta.

En fin, disfruten mientras puedan. Espero que la TDT nos de mejores satisfacciones que lo que ha sido la TV hasta ahora, es decir, un poco de maledicencia, basura y estupidez en grado sumo.

Leyendo un excelente libro de Manuel Pimentel, Manual del Editor, habla más o menos a menudo de que estamos en una “sociedad del conocimiento”, y que le parece paradójico que estando en una sociedad del conocimiento se compren cada vez menos libros (en mi caso es al revés, compro más que hace unos años). Creo que el señor Pimentel, que como político tuvo todos mis respetos como diputado y ministro (el único que plantó cara a Aznar, y le salió caro), erra en un hecho claro: no estamos en una sociedad del conocimiento, sino de la información o, si se quiere, de la comunicación global. Voy a intentar explicar porqué.

Cuando hablamos de conocimiento hablamos de sabiduría, memoria, sapiencia, etc… Ahora mismo, no hay nada de eso en nuestra sociedad. Partiendo de los chavales y terminando en los mayores, nuestra sociedad lo único que hace es transmitir información, pero no la procesa, no la subsume en el inconsciente colectivo y por lo tanto esa información queda simplemente ahí, anclada en páginas web y, en el peor de los casos, en conversaciones de chat totalmente intranscendentales. La gente no aprende, sólo se comunica, y eso lleva a que el conocimiento no es realmente apreciado en una sociedad como la nuestra. Simplemente pasa por delante nuestro, sin más relevancia que la que ocasionalmente alguien le da en un momento dado. Vivimos en una sociedad de la comunicación, de la transmisión de la información, nada más.

Pero esa información no es procesada, sólo es acumulada en millones de discos duros a la espera de que alguien le saque partido. La gente no tiene interés por saber más, por conocer cosas que desconoce, por descubrir nuevos horizontes en sus vidas más allá de descubrir algún nuevo deporte de riesgo. Para la mayoría de la gente, lo más interesante es saber que va a pasar con Pipi Estrada (tal vez os sorprenda no saber quien es, pero no deberíais sorprenderos, es un don nadie) o con Norma Duval (que si es alguien, muy a nuestro pesar). Nuestra ansia general de conocimiento se reduce, pues, de forma alarmante, al consumo de pequeños paquetes ineptos de información, que no sólo no aportan nada a nuestra vida sino que además nos los meten con calzador queramos o no de cualquiera de las maneras. Estamos saturados de información, sí, pero de información estúpida que no significa nada. Un ejemplo es, sin ir más lejos, el creciente y extraño interés de los medios españoles por el lugar donde pasa las vacaciones Obama. Digo yo, que ni sabía que ZP veraneaba en Lanzarote, y me voy a preocupar por si Obama se va a Martha’s Vineyard (eso sí, el lugar debe ser cojonudo, según sé). En fin, que digo que al menos los que si leemos debemos mantener alto el pabellón y al menos recomendar leer. Yo recomiendo que leais al señor Pimentel, mente preclara de la realidad española, así como El gen egoísta, del no menos inefable Richard Dawkins. Dos buenas razones para quedarse en casa con el aire acondicionado en vez de pasar estos calores inmundos, y eso sí, con buena lectura.

Studio Ghibli en España

kureni

Me entero vía Blog de cine que Aurum está preparando una recopilación de todos los trabajos del Studio Ghibli en español de aquí al año que viene. Me emociona especialmente porque se trata del estudio de animación 2D más importante desde que Disney perdió el norte tras la Bella y la Bestia.

El estudio que ha creado obras maestras como Nausicäa, Porco Rosso, Mononoke hime, Totoro y otros muchos, no tuvo mucha suerte en el pasado con sus obras en el extranjero, motivo por el que Miyazaki decidió que no daba una maldita licencia durante décadas. Luego llegó Disney y decidió comprar las licencias para cine y video de muchas de sus obras maestras, y el tratamiento ha sido muy adecuado (gracias a Buenavista hemos visto aquí gran cantidad de sus películas). Ahora parece que el hombre se ablanda un poco, pero al parecer van a llevar un control ferreo sobre las nuevas ediciones, cosa que me parece totalmente lógica.

Espero que puedan llegar a publicar todo lo posible. Yo ya me estoy relamiendo sólo de pensarlo…

Valor seguro

Me he sorprendido esta mañana, mientras desayunaba, viendo los anuncios en medio del informativo (ya nada se libra de la tenebrosa mano comercial), y me han llamado la atención unos anuncios en concreto bastante curiosos. Aparentemente eran los típicos anuncios de una serie de conocidas marcas comerciales, de productos dispares (desde cosméticos hasta alimentación), pero que terminaban todos igual, con una coletilla hablando de que esos productos son “valor seguro” y de que debías comprarlos por eso mismo. Entonces me asaltó la duda: ¿seré yo, cómo consumidor, un incompetente y un idiota por no comprar “valores seguros”? Es más, ¿desde cuándo un producto de mercado es un “valor seguro”, como si de una acción bursatil se tratase (y más con los tiempos que corren…)? Estas preguntas me dejaron perplejo a la vez que confundido, pero… ¡Ah, amigos! Es que la cosa es más complicada.

No sé si se habrán dado cuenta de la estrategia de acoso y derribo que están sufriendo las “marcas blancas” (productos que por supuesto tienen marca, pero que no es comercial, ya que no se anuncia) no sólo por parte de los principales afectados (las marcas comerciales) sino de las casas de publicidad (indirectamente afectados) y los medios de comunicación (incomprensiblemente afectados). La marca blanca ofrece, en la mayoría de las ocasiones, un producto básicamente igual que el comercial, de parecida o igual calidad, pero a mucho menor precio muchas veces. Un ejemplo en el que me he fijado especialmente son los yogures, llegando a un 150% más de coste en los comerciales que en las marcas blancas, para obtener básicamente lo mismo. Sí, lo reconozco: soy consumidor compulsivo de marcas blancas. Con ellas he llegado a reducir a la mitad mi bolsa de la compra, comprando exactamente los mismos productos y en ocasiones hasta algunos más, cada vez que voy al hiper. Y no me arrepiento en absoluto. Cualquiera que quiera ahorrar o que como mínimo sea consciente del valor del dinero, comprará marca blanca. Pero resulta que no, que somos unos inconscientes por no comprar marcas comerciales. Se han llegado a decir auténticas barbaridades como que por comprar marcas blancas estabamos mandando al paro a un montón de gente… Claro, ¿y los de las marcas blancas? ¿No tienen derecho a trabajar? Es como si yo, humilde programador, no tuviera derecho a la existencia porque exista Price Waterhouse-Coopers, o cualquier otra consultora que se dedique a hacer software. ¿Pero hasta que punto de estupidez tienen que llegar por sacarnos los cuartos?

Me he sentido fráncamente insultado ante estos anuncios. Hasta pensaba comprar unas Pringles (por primera vez en mi vida) hasta que he visto que llevaban el distintivo ese. Esto no ha hecho más que reafirmarme en mi política económica de ahorrar comprando aquello que me ofrece una relación calidad-precio adecuada. Miren, por distintas causas conozco a gente que compra y vende productos a la industria lactea entre otras y es de común conocimiento que la mayoría de esas industrias (si no todas) producen productos de marca blanca para dar salida a los excedentes que tienen, o simplemente para vender más. Eso de “XXX no fabrica para otras marcas” es una falsedad tan grande como ellos mismos, ya que no es algo sólo de la alimentación, si no que es muy habitual en prácticamente todos los mercados (en informática lo sabemos bien, pero lo mismo puede decirse del automovilismo, la construcción, el transporte, etc…). Que nos quieran vender que son únicos, vale, pero que no nos traten de idiotas.

En los tiempos que corren, es hasta inmoral que se le diga a la gente que compre más caro, a sabiendas de que muchos ni siquiera se pueden pagar la casa. Las marcas blancas existen porque los productores comerciales abusan del consumidor sólo por ser una marca conocida. Por nosotros y por nuestros bolsillos tenemos que decirles que no, que ya basta. Y la mejor manera es no comprándoles, cosa que ya están empezando a comprender y por eso están tan acojonados. Como dicen por ahí: “feliz compra”.

Hace un tiempo relaté el argumento de forma muy resumida de Serial Experiments Lain, que considero que es la mejor serie de animación de ciencia ficción de la historia. Pues bien, Neon Genesis Evangelion no le va a la zaga. Creada más como una historia de aventuras futurista de corte fantástico más que de ficción científica, fue degenerando en una narración totalmente digna de un Shakespeare moderno, un drama de dimensiones descomunales que sería difícilmente narrable en un blog. Su final viene marcado por la canción que presento en el video de más abajo, que para el que no haya visto la serie de parecerá una paranoia de tres pares de narices, pero para el informado es una de las obras maestras del anime. Al igual que en su día recomendé ver SEL, ahora os recomiendo ver NGE, cuya profundidad narrativa y artística es de difícil comprensión si no se ve varias veces y no se leen segundas interpretaciones de forma automática.

Que narices, lo mismo un día me arranco y os la cuento (hasta donde se puede contar, como siempre). Hasta entonces, ahí os va eso:

La cuestión es pagar

Nos dice nuestro queridísimo José Blanco que ahora van a tener que pagar más los que más tienen. Eso está siempre bien, puesto que ya que por pitos o por flautas han conseguido más, tienen que colaborar más. A eso se le llama justicia social. Ahora bien, las razones no son tan buenas. Dice nuestro queridísimo ministro de fomento que los que más tienen, tienen que pagar más porque hay que poder pagar los 420 euros a los parados (dicho en resumido), y que hay que llenar las arcas estatales, hechas una piltrafa (dicho en extenso). Es decir, qué nos estás contando, queridísimo amigo: ¿qué estamos a dos velas? Porque esa es la impresión que estás dando a entender, amiguete.

“Hay que garantizar las políticas sociales”. Eso está muy bien, coleguita, pero el problema es que sacando algunas perras más de gente que es especialista en no pagar más que lo justito no vamos a buen puerto. Los que más tienen son los que más tienen por una razón: porque saben perfectamente, entre otras cosas, como eludir vuestros impuestos. Es decir, que lo que nos estás contando, campeón, es que vais a ejercer una presión ahora mismo inexistente y que va a seguir siendo inexistente porque vosotros mismos no cambiáis la forma proporcional y progresiva de los tipos impositivos. Pero ese es otro problema que no ha solucionado nadie nunca, así que no espero que lo hagáis vosotros.

La cuestión, lo que me hace gracia de todo este asunto, es que vengan ahora con este globo sonda que sólo puede tener dos lecturas: o bien es un brindis al sol, para que parezca que van a ser aún más guays con los que no han tenido tanta suerte socialmente hablando, o bien que efectivamente el gobierno se está quedando sin perras, y va a tener que sacar de donde sea. Eso sumado a los impuestos locales abusivos que se están implantando en muchos sitios, conforman un panorama impositivo que a causa de la crisis va a ser cada día más absurdo. Desde el año pasado llevamos diciendo que España se recuperaría mucho más tarde que el resto, como se está demostrando ahora mismo, y aunque el resto de países va a tardar en recuperarse, nosotros no esperaremos salir de la recesión hasta entrado 2010 al menos. Ah, y no olvidemos esos nosecuantos miles de millones para obra pública que acaban de aprobar, lo que ayudará a que durante unos meses más el paro no suba en exceso, pero una vez más de forma totalmente artificial. Mientras no se desbloqueen las lineas de créditos e hipotecas, no saldremos del agujero nunca. Pero no se lo digais a ellos: sus amigos banqueros se molestarían.

El blog como plataforma

Si estás leyendo esto, probablemente serás un lector compulsivo de blogs (lo digo porque este es minoritario de narices y leerlo supone encontrarlo fortuitamente o tenerlo en un lector RSS como oro en paño… :)), como el menda. A medida que uno va leyendo blogs, se da cuenta de que hay una categorización muy explícita de los mismos, ya no por temáticas, sino por usos que se le da a los blogs, tengan el contenido que tengan. No pretendo listar esa categorización aquí, pero me gustaría profundizar en el entendimiento del blog como plataforma de opinión, que es básicamente lo que hago yo con el mío.

Desde luego un blog se puede usar de muchas maneras. Yo sigo mucho algunos blogs temáticos (tipo Blog de Cine, Vaya Tele o Ciencia Kanija), que hablan de temas muy concretos de forma más o menos profesional. Son blogs comerciales que viven de que la gente les visite porque han sectorizado enormemente su público. Desde ese punto de vista, son blogs informativos, aunque muchas veces se vierten opiniones que luego se discuten en los comentarios. Pero estos blogs rozan, hasta cierto punto, el límite entre lo que es un blog y una revista de contenidos digitales, ya que además viven de ello (ponen publicidad, normalmente), con lo que son un poco menos blogs y más revista, aunque tengan formato de blog. Luego están los que simplemente se dedican a poner masivamente noticias de otros medios, como una especie de mural donde se pegan trozos de periódicos sin más función que la de poner contenidos ajenos sin ni siquiera dar una opinión. Sinceramente, eso no me parece un blog. Para hacer cosas así, móntate una plataforma de RSS donde vayas poniendo enlaces a las noticias que te molan y luego las publicas por ahí (yo tengo por ejemplo mi RSS personal a la derecha del blog, para el que le puedan interesar las mismas noticias que a mi). Considero que un blog, como mínimo, tiene que volcar algún contenido propio, particular, intransferible. No me parece mal que se publiquen noticias de otros medios siempre y cuando se aporte algo propio al contenido. Yo mismo ocasionalmente publico enlaces a otros artículos o noticias pero me gusta dar mi opinión y extender la información de alguna forma, investigando y colaborando a dar a entender el contenido de la noticia. Expulsar información sin control y sin objetivo me parece llenar de ruido la Red, y en un mundo tan saturado de información como el nuestro, eso me parece cuanto menos inmoral.

Y luego están los blogs personales, donde el propietario vuelca o bien opiniones, bien recuerdos, bien textos que pueden ir desde la simple literatura a una expresión de sentimientos… El blog personal creo que es el que más se acerca al sentido original del concepto de blog. Puede tener cualquier temática, que puede gustarte o no. Puede ser de noticias generadas por ti mismo, o bien simplemente un compendio de ideas y pensamientos que te surgen en un momento dado, y que necesitas dar a conocer al mundo, o al pequeño mundo de los que te leen. Algunos de esos blogs son populares, pero son los menos. La mayoría son grandes desconocidos que después de buscar y rebuscar mucho terminas encontrando, y que en la mayoría de las ocasiones ni siquiera tienen afán de fama (esa necesidad que tienen algunos de que su blog esté en lo más alto y que sean todo lo visibles que sea posible, caiga quien caiga). Esos blogs permiten hacer amigos en la Red, generan nuevos contenidos, relaciones entre blogs, cosa que los otros blogs no consiguen ni conseguirán nunca, porque son impersonales. Algunos blogs personales han conseguido tanta fama que han dejado de ser personales, para generar un montón de hype (lease como “cosa guay”), pero nada de contenido formalmente personal. Algunos blogs populares siguen manteniendo ese aura de personalismo que los hace únicos, porque el autor, a pesar de su popularidad, lo usa para hablar de lo que quiere y como le da la gana. Se me ocurre que un ejemplo de los blogs que generan hype puede ser el de Enrique Dans, y otro de los que son más personales es el de Ricardo Galli. Se nota en detalles como que el primero tiene dominio propio y el segundo no.

En perspectiva, yo me quedo como estoy. Probablemente no tendré nunca un número enorme de lectores, pero me preocupa bastante poco, ya que mi objetivo es que dar salida a lo que llevo dentro, no ser famoso o guay. Naturalmente eso no significa que no puedas promocionar tu blog, hacer que sea más visible de diversas maneras, etc., pero eso probablemente no te va a dar mucho público, si conservas la pureza del contenido de tu blog. Larga vida a los blogs personales, esos grandes desconocidos, pero realmente necesarios, de Internet.

A leches con el Internet Explorer

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IE sufriendo Vudú

Ya sé que está de moda, pero ya estoy cansado de leer que hay que librarse del Internet Explorer 6. Sí, ya sabemos que es una patata, que funciona fatal, que no cumple los estándares, pitos, flautas y flautines. Pero por X motivos, todavía entre un 20 y un 30 por ciento de la población internauta que lo sigue usando. Y echarle la culpa a los administradores de sistema es como mínimo irrisorio. Yo hago páginas comerciales (también corporativas, pero menos), y esos son los porcentajes que salen, con algunas diferencias, en la mayoría de los sitios. ¿Qué pasa? ¿Qué sólo los usuarios corporativos no pueden cambiarse? Paparruchas. Muchos usuarios se sienten cómodos y muchos sitios se sienten cómodos con ese navegador, y aunque eso cambiará con el tiempo, no será inmediato. Yo, como desarrollador web, tengo que ceñirme a que los usuarios siguen usando ese navegador, así que le tengo que dar soporte, me guste o no. ¿Qué las grandes empresas tienen la voluntad y la capacidad para promover el cambio? Sin duda, pero no lancemos pelotas fuera ni echemos la culpa a quien no le corresponde. La mayoría de la gente no se cambia porque no quiere, y punto.

Nos enteramos de que un menor se quiere cambiar de sexo. La noticia de por si es chocante. No es nada habitual que ocurra algo semejante, ya que mayormente el cambio de sexo suele realizarse con una madurez mental y físicas suficiente como para realizar una operación de esa envergadura, que no es moco de pavo. Se requieren varias intervenciones muy agresivas y que no sólo son costosas económicamente sino que pueden dar lugar a problemas físicos importantes, y por ende, psicológicos.

Un cambio de sexo puede estar, social y moralmente hablando, a la altura de un aborto. Si para una mujer abortar es un paso decisivo en su vida, un cambio de sexo lo es mucho más. Yo entiendo a los transexuales: cuando lo que eres no es lo que tú ves, la vida tiene que ser muy complicada. La mayoría supongo que lo lleva con más o menos entereza, pero muchos no lo pueden aguantar y se deciden por algo que es un punto de no retorno. Y para eso, se necesita una madurez mental e intelectual que creo que un menor no tiene. Si en su momento ya critiqué que las menores pudieran abortar sin conocimiento de los padres, en este caso tengo que reafirmarme en mi posición, en este caso con más ahínco, ya que es una operación irreversible. Porque tener hijos lo puedes hacer más adelante, cuando estés más preparada, pero esto no tiene vuelta atrás.

Sinceramente, si tan claro lo tiene, puede esperar unos años más a ver si sigue siendo de la misma opinión, por ejemplo, con veintipico años. El tiempo nos da una visión de la vida y del mundo que no es, ni de lejos, parecida a la que teníamos de chavales. Sólo se ha dado un caso de operación de este tipo a un menor, y por algo será. Otra cuestión diferente es que deba o no permitírsele. Si el juez estima que tiene suficiente madurez, no seré yo el que se oponga. Pero hay que tenerlo muy claro, muy muy claro, porque insisto, no hay retorno posible. En cualquier caso, a este chico/a y a los demás trans, toda la suerte del mundo.





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