Canción triste de Trans Street

Nos enteramos de que un menor se quiere cambiar de sexo. La noticia de por si es chocante. No es nada habitual que ocurra algo semejante, ya que mayormente el cambio de sexo suele realizarse con una madurez mental y físicas suficiente como para realizar una operación de esa envergadura, que no es moco de pavo. Se requieren varias intervenciones muy agresivas y que no sólo son costosas económicamente sino que pueden dar lugar a problemas físicos importantes, y por ende, psicológicos.

Un cambio de sexo puede estar, social y moralmente hablando, a la altura de un aborto. Si para una mujer abortar es un paso decisivo en su vida, un cambio de sexo lo es mucho más. Yo entiendo a los transexuales: cuando lo que eres no es lo que tú ves, la vida tiene que ser muy complicada. La mayoría supongo que lo lleva con más o menos entereza, pero muchos no lo pueden aguantar y se deciden por algo que es un punto de no retorno. Y para eso, se necesita una madurez mental e intelectual que creo que un menor no tiene. Si en su momento ya critiqué que las menores pudieran abortar sin conocimiento de los padres, en este caso tengo que reafirmarme en mi posición, en este caso con más ahínco, ya que es una operación irreversible. Porque tener hijos lo puedes hacer más adelante, cuando estés más preparada, pero esto no tiene vuelta atrás.

Sinceramente, si tan claro lo tiene, puede esperar unos años más a ver si sigue siendo de la misma opinión, por ejemplo, con veintipico años. El tiempo nos da una visión de la vida y del mundo que no es, ni de lejos, parecida a la que teníamos de chavales. Sólo se ha dado un caso de operación de este tipo a un menor, y por algo será. Otra cuestión diferente es que deba o no permitírsele. Si el juez estima que tiene suficiente madurez, no seré yo el que se oponga. Pero hay que tenerlo muy claro, muy muy claro, porque insisto, no hay retorno posible. En cualquier caso, a este chico/a y a los demás trans, toda la suerte del mundo.

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