Archivo para agosto 31st, 2009

No voy a hablar aquí de cánones, ministras ni P2P. Son temas ya muy manidos y muy tratados. Me gustaría referirme a un tema que se trata mucho menos y me parece más fundamental, porque en realidad, de ahí viene todo el problema. De ello deriva todo lo demás. Y es la renovación de la industria cultural. En la actualidad, esta industria no avanza, o lo hace sumamente despacio, porque ve como su sistema “infalible” para obtener beneficios de debajo de las piedras ya no funciona tan bien como antes. Hablo de esa industria que no debería ser una industria, pero que lo es: editorial, musical, fílmica, televisiva, etc…

Evidentemente no vamos a negar una verdad incuestionable: producir cultura cuesta dinero. Libros, películas, música… Producirlo, crear soportes, etc., cuesta dinero, y por lo tanto debe ser una empresa la que realice todas las gestiones para llevar a cabo un trabajo que un particular no podría hacer. Últimamente estoy muy interesado en el mundo editorial, y desde luego, publicar un libro no es moco de pavo. Desde que el autor crea el manuscrito hasta que vemos el libro en papel en una librería, hay todo un gran proceso que lógicamente debe llevar a cabo una empresa comercial. Y es cierto que los libros en concreto dejan márgenes muy estrechos (exceptuando las grandes tiradas de los grandes editores), con lo que muchas veces el precio de los libros, inevitablemente, se encarece aunque no queramos. Pero también hay una realidad patente: vivimos en la era de la tecnología digital y aún así, todo el mundo se sigue empeñando en editar en papel. Cierto que todavía no se han popularizado medios digitales adecuados para la lectura sin libro, pero podemos leer en el ordenador, el notebook, el netbook, y los actuales e-books digitales son cada día más baratos (aunque por desgracia no hacen más que meterles DRM y cosas similares, destruyendo la magia del libro). Este mercado necesita renovarse en ese sentido, y parece ser que casi nadie quiere hacerlo, lo que va a redundar en que sólo aquellos que den el paso van a estar preparados para lo que va a venir en los próximos (pocos) años. Y es que Internet, como volveré a repetir después, está democratizando la cultura, y es ubícuo, con lo que podemos disfrutar de uso prácticamente desde cualquier sitio (tarifas abusivas telefónicas mediante).

Pero eso son sólo los libros. Si nos vamos a la música, ya es de sobra conocido que el mercado necesita una renovación inmediata. Productos como iTunes o Spotify son la avanzadilla (Spotify en concreto es un consorcio de varias discográficas que intentan renovarse de la forma más correcta posible, y están consiguiendo un éxito más que adecuado). Pero la mayoría de las empresas del sector no terminan de ver que su futuro está, una vez más, en la Red. Son pertinaces en su persecución del “delito” y no se dan cuenta de que no pueden luchar contra los millones que día tras día se saltan todo lo saltable para conseguir la cultura que demandan. Y es que no puede ser que el mercado de CDs permita un beneficio de entre un 100% a un 200% por unidad, y para que luego el artista (la mayoría) no reciba más que un 2% a 5% del beneficio final (y es un cálculo muy optimista). Esto da lugar a que muchos grandes artistas cada día saquen menos CDs y hagan más giras, que es de donde más beneficios directos pueden conseguir, como es lógico. La industria musical pues tiene dos vertientes: las grandes empresas que siguen queriendo conseguir los grandes beneficios por la jeta, y el artista, que debería también reconvertirse y optar por vías alternativas, como vender su música por iTunes o Spotify, entre otros medios, de manera que pueda obtener un beneficio directo mucho mayor por su obra. Las discográficas están en proceso de desaparición o conversión y lo saben, pero tienen que morir matando, claro.

Y que decir tiene la industria audiovisual. Aquí la discusión tiene muchas vertientes, sobre todo en un país como España donde, por algún motivo, a pesar de la gran creatividad que destilamos, sólo conseguimos sacar al mercado productos mediocres (en su inmensa mayoría, con excepciones, claro). Los que quieren llegar a algo se tienen que ir fuera necesariamente (véase Amenabar et al.), y es especialmente hiriente en el caso de la animación, por ejemplo. Lo primero de todo, en mi opinión, es eliminar las subvenciones, o en su defecto, orientarlas a los trabajos de calidad. No es de recibo que se subvencionen auténticos engendros tipo “Já, me maten” y cosas por el estilo. Entiendo que los señores políticos del ministerio de cultura no tienen porque saber apreciar de primeras una buena obra de arte, pero vamos, de ahí a eso otro hay un trecho muy, muy grande. Actualmente las subvenciones son sólo una forma de pagar a los amigos del gobierno para realizar películas inmundas que saben que no van a tener ninguna repercusión en el mercado ni local ni extranjero. Los pocos que se pueden autofinanciar, como Almodovar, van a su bola y lógicamente hacen lo que quieren. Pero ahí tenemos otro problema: el cine español está plagado de putas, yonkis, maricas y amas de casa jodidas. Espero que se me entienda bien: esa es la realidad y debe tener su sitio en el cine, desde luego. Pero no el 70% del mercado. La gente no va al cine para ver realidad: va al cine precisamente para desprenderse de esa realidad que le aturulla el 100% del año. Quieren evadirse, ver realidades alternativas, otras posibilidades que les hagan soñar. Por eso el cine americano triunfa y el nuestro no, tan simple como eso. De todas formas, este mercado también tiene otro problema: el producto lo realizas una vez, pero después puedes copiarlo y reproducirlo las veces que quieras, y aún así, siempre tiene el mismo coste. Entiendo que toda empresa se crea con el único objetivo real de conseguir beneficios, pero estas empresas, como los otros tipos que hemos mencionado antes, también se dedican a la cultura, con lo que deben poder compenetrar ambos aspectos de una forma coherente y sincera. En otros momentos ya he mencionado el tema televisivo así que no me voy a repetir aquí.

Hay un hecho evidente en estos momentos y es que estos mercados tienen que renovarse en la dirección correcta. El gran problema es que intentan que sea la demanda la que se adapte a ellos y no al revés, como es lo normal. En cualquier mercado libre, la oferta se ajusta a la demanda porque tiene que cubrir esa demanda. Lo que pretenden en la industria cultural es justamente lo contrario, que la demanda se adecue a su oferta y en las condiciones que ellos quieran, y las cosas no funcionan así. Siempre ha sido la oferta la que se ha tenido que adaptar a los tiempos, y ellos pretenden justo lo contrario. Quiero mencionar aquí el caso del streaming, la capacidad de ver y oír materiales audiovisuales sin descargar, desde cualquier sitio, sólo con una conexión a Internet. Es un medio que está ganando adeptos a diario porque es una forma sencilla y barata de conseguir conocimientos y cultura de una forma directa y sin ambages. La TV, la música y el cine van a tener, inevitablemente, que adaptarse a este tipo de forma de difusión, ya que va a ser la preferida incluso por encima de la descarga (normalmente, el streaming permite también la descarga una vez visto, cosa que hacemos todos si nos ha gustado algo, excepto casos como Spotify).

Como conclusión, decir que esto son sólo mis apreciaciones, pero son apreciaciones basadas en lo que veo a mi alrededor cotidianamente. No estamos hablando de un futuro alternativo de 25 años en adelante, estamos hablando del presente más rabioso. Pero ellos no quieren verlo, siguen ensimismados en su mundo de piruletas monetarias que saben muy buenas, y como los dulces, quieren más y más todo el tiempo, como un niño cuando descubre las chuches. Y piden chuches constantemente porque son adictos al azucar. Bien, pues estos adictos al dinero deberán reconvertirse o morir, igual que ha pasado a lo largo de toda la historia con todas las profesiones habidas y por haber. Ayudémosles un poquito y hagamos que todo sea más rápido: veamos más streaming, descarguemos más material que nos interese, leamos más en PDF o similares que en papel, etc… Que vean que las cosas van por ahí, inevitablemente. Al final, como no puede ser de otra forma, terminarán pasando por el aro. Otro remedio no les queda.





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