La realidad irreal

Esta me acaba de sobrevenir, así, en medio de un quehacer. Hemos hablado aquí en varias ocasiones de lo manipulados que estamos, pero no terminamos de ver bien donde empieza y termina la manipulación. Para comprender la visión que tenemos de la realidad tenemos que comprender también como funciona nuestra percepción de la realidad. Porque, efectivamente, podemos tener múltiples percepciones de la misma realidad, o incluso generar percepciones nuevas que recluyen la realidad a unos mínimos, y eso, en gran parte, es culpa nuestra. O más bien, de nuestro cerebro.

Nosotros no percibimos las cosas exactamente como son. Todo lo que somos capaces de percibir son impulsos eléctricos que llegan a nuestro cerebro desde las terminaciones nerviosas de los sentidos. Y esos sentidos están limitados naturalmente a unos ciertos parámetros. Hasta aquí, todo correcto. Es decir, no podemos percibir, por ejemplo, la radiación infrarroja, cosa que algunos animales sí pueden hacer. O sólo percibimos ciertas frecuencias auditivas, mientras que muchos animales son capaces de oír hasta una ramita a un kilómetro de distancia. Ciertamente, estamos limitados en muchos sentidos. Y el cerebro vive escondido en una caja (nuestro cráneo), y sólo ve, oye y siente lo que le permiten los sentidos humanos. De hecho, nuestro cerebro, para sobrevivir, tiene que “completar” en muchas ocasiones lo que recibe porque lo recibe de forma incompleta o tergiversada. Y eso teniendo en cuenta sólo, lógicamente, lo que recibe.

Es por esto que tenemos la capacidad de fantasear, por ejemplo. Nuestro cerebro rellena los huecos como puede y eso nos ha permitido, en un momento dado de nuestra evolución, “crear” alternativas a la realidad que percibimos. Y también nos ha permitido, gracias  a la llamadas “neuronas espejo”, imitar y saber lo que piensan otros. Y eso, claro está, nos da la posibilidad de manipular a los demás, ya que tenemos la capacidad de “adivinar” empáticamente lo que los demás hacen o piensan. A lo largo de nuestra historia (esta habilidad tiene escasamente 50.000 años), hemos ido creando nuestras propias realidades alternativas, pero también hemos ido creando realidades alternativas para el resto de nuestros compañeros de viaje. Es la manipulación de la realidad, generalmente por parte de los poderosos, que ha sido así desde los inicios de la época histórica humana, e incluso antes.

Hace 5.000 años, un jefe tribal llegaba y decía: “los del pueblo de al lado nos quitan las ovejas. Vayamos a quitarles las ovejas a ellos”. Podía ser verdad, pero también podía ser mentira. En poblaciones pequeñas probablemente se sabría la verdad, pero en poblaciones más grandes (donde lo que ya importaba menos eran las ovejas y sí otras cosas como el dinero, las mercancías, los recursos básicos, etc…), la verificación perdía uniformidad, y era más difícil contrastar la realidad. Por eso los poderosos tenían una capacidad mayor de manipulación. “Los de la ciudad de al lado nos están robando las mercancías que llegan de lugares lejanos. Ataquémosles para recuperar lo que es nuestro”.  Y se formaban ejércitos para atacar al vecino. Si era mentira, poca gente se daba cuenta ni se cuestionaba, aunque por supuesto habría disidentes que se negasen, pero la coacción gubernamental impedía eficazmente toda disidencia.

En nuestros días, esto sigue siendo así, pero gracias a los medios de comunicación masivos, todo se agigantado mucho más. La manipulación es aún mayor porque esos medios llegan a absolutamente todo el mundo, y nuestra desintegración social es muchísimo mayor. Es decir, nuestros líderes crean realidades alternativas para nosotros, en las que se generan unos mínimos de supervivencia aceptables para la mayoría mientras se nos ocultan todos los manejos realizados por ellos constantemente. Nosotros consumimos esa realidad porque nuestra propia realidad es muy reducida. La realidad creada por nosotros es muy pequeña, prácticamente sólo nos afecta a nosotros y los más cercanos, mientras que la realidades creadas por los poderosos llegan a todos gracias a los medios. Y el efecto se incrementa porque, los que consumen esas realidades alternativas masivas a su vez afectan a los demás, incrementándose su efecto multiplicador también masivamente. Es decir, una vez que han conseguido introducir una realidad nueva factible, esa realidad queda instaurada y mantenida por nosotros mismos. Es tremendamente difícil enfrentar esas realidades alternativas a no ser que se consiga una masa crítica suficiente como para hacerles frente de manera eficaz. Internet ha conseguido en gran medida fomentar el criticismo, pero también puede servir, en las mismas manos que los que manejan el resto de medios, para extender las realidades alternativas. La lucha se produce, pues, digitalmente. Y esa va a ser la tendencia a partir de ahora. Los que consuman sólo medios tradicionales verán únicamente las realidades alternativas creadas desde el poder, mientras que los que consuman información en Internet (si la neutralidad de la red continua), tendrán varias visiones diferentes sobre la misma realidad, creándose un criticismo que de otra manera es casi imposible.

Termino recomendándoos la lectura de “El alma está en el cerebro“, de Punset, y el artículo “El control de los medios de comunicación“, de Chomsky, que son más explícitos y concretos sobre todas estas cuestiones.

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