Una generación perdida

Hay muchas razones para pensar que la generación a la que pertenezco (entre los 30 y 40 años) es una generación perdida. Pero nunca nos paramos a pensar en las causas subyacentes. Ya he comentado varias veces las ideas que me han ido surgiendo sobre la cuestión, pero creo que este artículo resume de forma brillante esas causas subyacentes:

La generación ‘peter pan’ está hipotecada.

La cuestión es que a medida que lo leía no podía evitar reconocerme en algunos aspectos de lo que se iba contando, y reconozco también que algunos aspectos me avergüenzan. Pero tampoco pude evitar ver como muchos de los que conozco se reflejan casi clavados en todas o la mayoría de las ideas que se indican. A pesar de que he intentado de muchas formas diferentes salirme de esas reglas de grupo, es inevitable sentirse identificado al menos con algunas de ellas.

Y el problema fundamental es que esto termina con la conclusión de que, efectivamente, estamos hipotecados. Hay otras muchas cosas en este mundo que nos han hipotecado: el estado del mundo, en general, nos está llevando a una debacle social importante. Y lo más cuestionable de todo es que hemos sido nosotros, esta generación, la que lo ha permitido. Estamos más preocupados por nuestro onanismo mental que en la realidad en si misma. Es más, es la realidad lo que nos empuja a querer evadirnos cada vez más hasta intentar hacerla desaparecer, aunque sea sólo en nuestra cabeza. El mundo sigue estando así, aunque no nos guste nada.

Tope pesimista, ¿no? Pues sí. Y siguiendo la lógica, no sabemos como salir de esta vorágine. Estamos tan subsumidos en nuestra paja mental eterna que ya nos hemos sentado cómodamente para ver pasar la vida sin más. No tenemos donde sujetarnos. Lo que había antes se nos antoja tan asqueroso que no podemos seguirlo, pero al mismo tiempo somos incapaces de crear nuestros propios valores que afiancen una nueva sociedad. Aceptamos los que nos imponen. ¿Qué salida tiene esto? Entiendo las posibilidades, pero también veo que poca gente querrá aplicar las soluciones que den lugar al revulsivo que solucione el problema principal. Por lo menos espero que los que lean esto piensen un poco en ello y sirva para que, de forma individual, cada uno pueda aplicar paliativos a su propia situación. Pero que cosas digo…

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  1. Cuando era pequeña, mi padre nos dijo que no comprásemos lo que no pudiésemos pagar.
    Hoy en día, en mi casa no hay deudas.
    Pero tampoco hay lujos.

    • Plenamente de acuerdo. Si alguna vez tengo hijos esa va a ser una de las directrices educativas que seguiré. Y creo que es como debe ser. Incluso teniendo dinero, éste debe usarse con mesura, no porque no deba gastarse, sino porque debe gastarse como es debido, cosa que parece que la gente no debe tener muy clara, a juzgar por lo mal que gestiona su dinero. Lo cierto es que yo nunca tuve más dinero que el que me ganaba haciendo cosillas y trabajos, así que en ese sentido me puedo sentir afortunado, pero mucha gente pudo disfrutar de dinero porque sí, por le caía y ya está (sentimiento de culpa de muchos de nuestros padres porque ellos no lo tuvieron). Y así andamos.






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