Aplicar soluciones

De forma incomprensible, nos encontramos conque en un país supuestamente desarrollado como el nuestro (y en otros muchos, pero de forma específica en España), ni los ciudadanos ni las empresas tienen acceso a la financiación crediticia. En el caso de los ciudadanos me preocupa menos por una razón: durante años, aquellos que se han dedicado a pedir créditos al consumo de forma bárbara y sin control ahora se encuentran ahogados y endeudados hasta las cejas. Creo que es hora de una cura de humildad para todos aquellos que en vez de ahorrar prefirieron irse de vacaciones o comprarse una tele plana. Y qué decir de las hipotecas. Creo que ahora mismo las familias tienen otra preocupación mucho más acuciante, que es el empleo. Es casi obligatorio para cualquier persona normal pensar en el ahorro y en sistematizar su economía personal antes que dedicarse a pedir créditos. Pero el caso de la empresa es totalmente diferente.

La pequeña y mediana empresa son los motores del país. Son la mayoría y también contratan a la mayoría de los trabajadores. Durante todo este año (en realidad desde el año pasado) hemos visto como tanto los pequeños empresarios como los autónomos no han podido mantener sus negocios en funcionamiento, quedando no sólo ellos en evidencia, sino teniendo que despedir masivamente a sus contratados, al no poder mantener el funcionamiento normal de la empresa. Empresas de 20 empleados han quedado reducidas al dueño y algún hijo, como quien dice, para no tener que cerrar. Pero también ellos tienen que cerrar. Esta situación es sumamente grave porque quien podría mantener la productividad, que son los bancos, no lo están permitiendo. En una especie de arrebato estilo “Tío Gilito” (para los más jóvenes, es el tío rico y avaro del pato Donald), los bancos están denegando masivamente cualquier intento de financiación que ayude a estas empresas a continuar adelante. Sin embargo, al contrario que en una quiebra empresarial normal (habitualmente debida a la mala gestión), estas empresas están muriendo porque no pueden hacer frente a los pagos de proveedores, no cobran de sus clientes, y además tienen que afrontar los duros pagos de impuestos. No es que haya mala gestión, simplemente se les está abocando a la muerte empresarial. Y al contrario que lo que ocurre con las corporaciones, que cuando quiebran habitualmente son gestionadas por otras para levantarlas de nuevo, la pequeña y mediana empresa simplemente desaparece, nadie se hace cargo.

En España la situación específica devino tras la crisis del ladrillo. Eso creo un efecto dominó en barrena que ha afectado prácticamente a todos los sectores económicos. La pregunta que yo me hago, como cientos de miles de ciudadanos, es donde está el dinero. Mientras que los bancos siguen ingresando y beneficiándose más y más de nuestro dinero (directa e indirectamente por medio de los planes de salvamento gubernamentales), ese dinero desaparece de la calle. La gente y las empresas, con toda la razón del mundo, cada día gastan menos porque saben que el dinero que tienen es el que hay, no hay más. Eso degenera en poco consumo y para sobrevivir, se siguen bajando los precios creando una deflación galopante. Pero claro, eso tiene un límite. En el momento en que no se puedan bajar más los precios, las empresas que todavía siguen adelante tendrán que cerrar, creando a su vez más paro y más incertidumbre, con lo que se consumirá menos, y así sucesivamente. Se está destruyendo el tejido empresarial de este país con políticas totalmente inoportunas y exageradamente inapropiadas. En algunos países ya se está haciendo la “caza al banquero”, de manera que incluso algunos grandes banqueros están en paradero desconocido por amenazas. Algo lógico y normal viendo como se están desarrollando los acontecimientos.

Hay que aplicar soluciones. Pero el problema es que al menos en España, el gobierno no está por aplicar soluciones que beneficien al país y a los ciudadanos (siempre, todo lo que beneficie al país beneficia a los ciudadanos, y viceversa), sino por mantener el status quo económico, es decir, el beneficio de las corporaciones. Así que o empezamos a aplicar soluciones por nosotros mismos o nadie lo va a hacer. Una solución sería una suerte de microcréditos a la empresa que ayude a solucionar, al menos parcialmente, la falta de liquidez que sufre el país. Lo otro es el ahorro, pero no el ahorro en el pequeño negocio, sino en las grandes corporaciones. No comprar en El Corte Inglés o el Carrefour, por ejemplo, sino en las tiendas y pequeños supermercados, y no marcas conocidas, sino marcas blancas. Es decir, ayudemos al pequeño y mediano empresario a salir a flote, porque, no nos equivoquemos, son la gente que mueve el país. Hacer lo contrario es hundirnos más y más en la miseria.

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