Vencer lo invencible

Hablamos hace ya un tiempo de cambiar el sistema. Bueno, al respecto, he de decir que independientemente de las ideas que puedan sugerirse al respecto, todos entendemos que eso es imposible a nivel global. Debe actuarse a nivel local, ya que las expectativas de un cambio a mayores son prácticamente imposibles. Y en aquel momento hablábamos de política únicamente. Alguno aducirá que con eso es suficiente, pero la verdad es que ni mucho menos.

Para el que todavía no se haya dado cuenta, el poder político hoy día ya no cuenta. Lo que nosotros consideramos que es poder en una nación ya no tiene ninguna relevancia. Nuestros gobernantes (ya no digo nosotros, porque la soberanía popular ya no existe) no tienen influencia real en el mundo. Actualmente, lo único que controla el mundo y las circunstancias del orden mundial es el dinero. Y por lo tanto, quien tiene el poder es quien posee el dinero. Es tan fácil como eso. Me echaba unas risas leyendo que los bancos consideran peligroso que la gente se acostumbre a vivir con menos. Claro, una crisis que han provocado ellos acojona a todo el mundo, ellos incluidos. El problema es que a pesar de la crisis, quieren que nosotros sigamos endeudados y malviviendo para que ellos sigan con pingües beneficios. No, hombre, no. Ya vale de joder la marrana.

¿Saben que hay una forma de vencer a este sistema tan injusto e ineficaz (excepto para ellos, claro)? Sí, se llama economía de mercado. Existe la relación de oferta-demanda: alguien vende y la gente compra lo que se vende. Cuando la demanda acepta un producto, este se vende, y cuando no, desaparece del mercado. Es así de simple. Fíjate si es viejo, desde Adam Smith, más que mear pa’rriba. El nuevo orden mundial, establecido por las corporaciones, quiere que nosotros sigamos consumiendo irracionalmente para mantener su status quo. Fíjense que no son más que empresas, por mucho que sean megacorporaciones multinacionales. Si dejan de recibir ingresos por ventas, quiebran como cualquier pequeña empresa local (no exactamente, porque de tan grandes que son aplastan todo a su paso). Si nosotros comenzamos a actuar racionalmente con nuestro poco dinero y empezamos a no malgastarlo, a gastarlo sólo en lo necesario y de forma útil, las cosas serán muy diferentes. Algunos dirán: “oh, piensen en los pobres trabajadores”. ¿En cuales? ¿En los que están sufriendo continuamente EREs y despidos directos día sí y otro también? ¿Qué mucha gente sufriría? Por supuesto. Soy plenamente consciente. Pero, ¿piensan ustedes que la cosa puede seguir así indefinidamente? Para mi es evidente que el sistema tiene que darse un gran batacazo, porque es insostenible. No sé cuando ocurrirá, pero pasará. Lo que estamos viviendo ahora es pecata minuta en comparación con lo que está por venir. Si piensan que hay recuperación, lávense los ojos con jabón: es puro espejismo.

Así que amigos y amigas, sean responsables: no den más dinero del imprescindible a ninguna empresa que no lo merezca. Confíen en su propio mercado local y nacional. No gasten en multinacionales. Compren marcas blancas. Ahorren. Sean productivos consigo mismos. Tal vez descubran que son igual de felices o más sin necesidad de tener más y más cosas. Recuperen su humanidad, la que nos están quitando estos sacamantecas. Sean libres.

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