Demoliendo la democracia

He mencionado en varias ocasiones mi pesimista visión de la democracia moderna, tal y como es entendida hoy en día y practicada en nuestro entorno. Ya no decir en el tercer mundo, claro. Aquí, en la España de Dios, el PSOE sigue torpedeando la democracia por la vía del secretismo y la mala baba, como bien indica Enrique Dans en su blog. Esto es sólo un caso más. Poco a poco, van eliminando derechos y convirtiendo cosas en derechos cuando no lo son (aborto), y sumiéndonos en la oscuridad de una dictadura encubierta de buenas maneras.

No puedo ser optimista. Siendo como somos meros sacos de votos para la élite política burguesa, siendo que los políticos ya no hacen política sino mera economía democrática. El pasteleo de votos es sin duda una lacra tan grande como la crisis, porque de hecho son en gran parte causante de esta, entre otras cosas. Porque mientras se produce ese pasteleo, no ejercen su trabajo de comandar el país, sino que lo único que practican es un juego insidioso y extraño, un juego de amasamiento ideológico que les permite seguir manteniendo su status indefinidamente. ¿Pero saben qué? Que esto ya pasó hace un siglo, con la consecuencia de dos guerras mundiales y el alzamientos de sistemas fascistas por todo el planeta. La auto-contemplación de nuestros dirigentes se transfigura en lo que ocurre en el mundo. Y sinceramente, lo que ocurre en el mundo no mola nada. Pero nada.

Lo de SITEL es un caso particular que, no por menos secreto es menos importante. Es más, saben que si hacen público que existe un sistema como este, darán lugar a críticas, por supuesto, pero los ciudadanos en general lo verán como algo lógico. Si lo mantienen en secreto y luego alguien tira de la manta, las consecuencias serían mucho peores. Por eso, ni siquiera los sistemas secretos de captación de las comunicaciones (cuya inviolabilidad está protegida por esta Constitución de chichinabo que votamos hace 30 años) son realmente secretos, porque su secretismo sería más peligroso para su economía de votos que su publicidad. Recordemos a Benjamin Franklin: “Aquellos que pueden dejar la libertad esencial por obtener un poco de seguridad temporal, no merecen, ni libertad, ni seguridad”.

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