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¿Qué es la Cultura?

Hay un artículo que me ha hecho reflexionar sobre una cuestión tan en boca de todos estos días: la Cultura.

Lady Gaga no es cultura | iGeorge’s.

Como dice el autor, hay cosas que son cultura y otras que no lo son. Pero claro: ¿qué es la cultura y qué no lo es? ¿Qué criterios hay para definir algo como cultura? En sus ejemplos, el autor del post dice que Lady Gaga no es cultura (cosa que comparto), pero que Los Beatles sí (cosa que también comparto). ¿Por qué uno sí y otro no? Esta es la cuestión interesante de analizar.

Cuando nacieron Los Beatles, muchos dijeron que eran bazofia, que no eran Cultura. Eran algo tan radicalmente nuevo como el rock en su momento, y para las mentes conservadoras de su época no tenía mucho sentido que unos supuestos artistas se dedicasen a una música tan extraña y a letras tan endiabladamente fuera del sistema. Pero han pasado a la historia como grandes artistas y creadores de un género musical, el Pop, que por otro lado se ha convertido en el género de masas por excelencia. El Pop de ahora no se parece mucho al de entonces, la verdad (con excepción de algunos grupos, especialmente algunos británicos, que han mantenido la tradición en cuanto a melodías y letras), y lo llamamos Pop por llamarlo algo, pero ellos fueron los creadores. Son Cultura con mayúsculas porque más de 40 años después de formación como grupo siguen siendo considerados los reyes del Pop y genios musicales.

Ahora bien, ¿qué ha creado Lady Gaga? Que sepamos, nada. Su estilo musical es una especie de pop mezclado con tecno bailable muy manido y que no aporta nada de particular. Como ella existen una gran variedad de artistas que hacen básicamente lo mismo una y otra vez. Varían un poco la melodía, otro poco las letras, y ya está, tienen una nueva canción. En mi opinión (yo también me considero artista, puesto que escribo libros y cuentos), eso no es crear cultura. Ahí va mi opinión al respecto: creo que crear Cultura es crear algo tan diferente y nuevo que se distinga del resto de forma y manera que pueda considerarse un nuevo paradigma. Y no sólo en arte, sino también en ciencia, política, religión, etc… Porque la cultura, según la definición de Wikipedia: “La cultura es el conjunto de todas las formas, los modelos o los patrones, explícitos o implícitos, a través de los cuales una sociedad regula el comportamiento de las personas que la conforman. Como tal incluye costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, vestimenta, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de creencias”. Es decir, la Cultura es lo que rige la vida de las personas en un momento dado de la historia y en un modelo cultural concreto. Se trata de un modelo de vida creado a lo largo de la historia de esa sociedad y que trasluce en un momento concreto de una determinada forma. Pero para que se forme esa cultura, han tenido que ocurrir momentos, circunstancias y avances que lo hayan hecho posible. Es decir, han tenido que ocurrir descubrimientos de nuevos paradigmas que han modelado la sociedad de una determinada manera. Los Beatles, por ejemplo, crearon el Pop. ¿Qué ha inventado Lady Gaga? Que yo sepa, nada. Su música es simple y llanamente una copia y extensión de otras anteriores que no aporta nada al momento cultural. Esto objetivando sobre Lady Gaga, pero claro, esto lo podemos extender a una cantidad de gente enorme, y poner una lista aquí sería parcial y sesgado por mis gustos (aunque comparto la lista del post que reseño arriba). También es enorme la lista de creadores culturales, desde el que inventó el fuego hasta el descubridor de la Teoría de Cuerdas. Todos los que de una forma u otra han creado o descubierto algo que ha hecho avanzar a la humanidad de alguna manera son sin duda creadores de Cultura.

Ahora fijémonos en el momento actual de la “cultura” en España. Por ejemplo, la música. Se dice que Chenoa, Miguel Bosé, Sabina, Rosario, etc, son creadores de cultura. Bien, según el razonamiento anterior, esto es falso. No han creado movimientos musicales nuevos, simplemente han ampliado los anteriores con alguna variación. No podemos asegurar, por ejemplo en estos casos concretos, que ninguno de esos artistas haya creado nada diferente de lo ya existente. Sí, cada uno tiene su estilo particular, sin duda, pero eso no es crear cultura. Así pues, ¿podemos decir de algún artista que haya creado cultura musicalmente en este país en los últimos 40 años? Probablemente los podamos contar con los dedos de la mano. Serrat es prácticamente el único que se me ocurre, al fusionar música y poesía de una manera muy particular y que ha sido muy imitado, pero que incluso no es algo que haya creado por si mismo, ya que eso se ha hecho siempre. Hace poco hablaba del Esperpento, la original forma literaria creada por Valle-Inclán, para defender la serie Padre de familia. Valle-Inclán fue un genio creador que hizo aparecer de la nada un nuevo género literario sin parangón anterior. Eso es crear Cultura. Ramón y Cajal descubrió la sinapsis como la forma de comunicación entre las neuronas. Eso es crear Cultura. Manuel de Falla creo algunas de las obras musicales imperecederas más importantes de los últimos 200 años en España. Eso es crear Cultura. El Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo es Cultura. Bienvenido Mister Marshall de Berlanga es Cultura. La movida madrileña fue Cultura. Y puedo seguir mucho más. Hay cientos de ejemplos de arte y ciencia que son cultura, no sólo nacional, sino mundial. ¿El Amante Bandido de Miguel Bosé es Cultura? ¿Opá, Voy a hacer un corral es Cultura? ¿Poker Face es Cultura? Pues permitanme disentir: racional y categóricamente, estas manifestaciones culturales (eso sí lo son), no son creadoras de Cultura. Son, como digo, simples manifestaciones de la cultura creada por otros antes. Por lo tanto, cuando estos señores y señoras salen a manifestarse al Ministerio de Industria diciendo que son “Creadores de Cultura”, deberían pensárselo bien antes de hacer semejantes aseveraciones, porque me da la impresión de que están exagerando en gran medida su papel en el mundo cultural. A lo mucho, puede decirse que forman parte de la industria cultural (de ahí que la verdad sea dicha, fue muy propio que se fueran a manifestar a Industria y no a Cultura). Y la industria cultural, como su nombre indica, está sujeta a las normas del mercado: oferta y demanda. Esto da para otro post y no me voy a alargar aquí con ello, pero todos entendemos lo que quiero decir.

Por terminar ya mi soliloquio, quiero simplemente resumir que para que haya creación cultural ha de haber algún tipo de originalidad, algo que no se haya hecho antes de ninguna manera parecida, para otorgar tal mérito a un artista, científico, etc…, con el detalle de que además pasará a la historia y será recordado por ello mismo. Cualquiera que quiera abrogarse el mérito de ser creador cultural debe también considerar si en su carrera ha creado algo que haya sido iniciador de un movimiento nuevo en la cultura, o haya permitido descubrir algo que haya supuesto un avance para la humanidad en algún sentido. Si no es así, yo les rogaría, más que nada para no seguir insultando la inteligencia del personal, que se quedasen en su casa, tal vez con la sana intención de investigar como conseguir ese algo nuevo que les permita autodenominarse creadores. Hasta entonces, hagan el favor de cerrar el pico, leñe, que ya cansan con tanta tontería.

Esto me lo he encontrado en el Facebook:

Público.es – Internet divide a la música.

Algo que en realidad ya sabíamos y era patente. Los artistas están cada vez más hartos de las discográficas (los de verdad digo, los que no hacen música de usar y tirar, como dicen en el artículo) y entienden de hecho que Internet y las descargas les benefician y facilitan la vida, ya que uno de los puntos fundamentales para el éxito de un artista es ser conocido y la promoción de Internet es gratis y masiva. Luego, estos artistas, lejos de no vender discos, los venden, además de los directos, y los tan cacareados derechos, que claro está, y esto lo sabe cualquiera con dos dedos de frente, no tienen nada que ver con los discos.

Aquí hay dos aspectos diferentes: los que entienden como funciona Internet y le sacan partido, y los que simplemente quieren vivir de la basura que hacen (porque además, los que más se quejan son precisamente los que hacen esa “música” de usar y tirar), que son los que, como dice Carmen Paris (paisana por cierto), se dejan acoquinar por las discográficas para hacer chorradeces del tipo la manifestación del otro día en el ministerio de industria. Los primeros son los que se están llevando el gato al agua, claro, porque los internautas nos estamos dando cuenta de que la posibilidad de probar antes de comprar da la posibilidad de decidir si quieres comprar algo o no en virtud de si en global te parece suficientemente interesante o no. Anda que no hemos comprado todos discos de los que nos hemos dado cuenta que sólo valían la pena dos o tres canciones de las 10, y hemos tenido la sensación de que hemos tirado el dinero de forma estúpida. Que hay que cambiar el modelo es claro, pero al final, en un libre mercado, somos los consumidores los que decidimos por donde tira el mercado, no la oferta (que es lo que quieren ellos, claro). Al final, el mercado se va a convertir en un sistema mezcla entre iTunes y Spotify, donde los artistas directamente podrán vender su música o darla a probar para que los usuarios decidamos si compramos una canción suelta o el disco entero, con mayores beneficios para ellos. Y además, les proporcionará una promoción increíble que hasta ahora sólo podían conseguir si su discográfica pagaba los suficiente como para hacerles publicidad en la radio-fórmula.

En resumidas cuentas, sólo aquellas empresas y artistas que se adapten a un modelo democrático de mercado podrán sobrevivir. Ya que si incluso lograran imponer sus criterios y eliminasen las descargas en la red, el daño ya está hecho: no subirán ya sus ventas de discos, porque la gente no lo va a comprar. Tendrían que reducir al menos en un 50% los discos (digo “al menos”, porque probablemente no podría ser un monto superior al 30% del precio actual) para que la gente vuelva a querer comprar discos. Además, se encontrarán métodos alternativos (yo ya he pensado un par de ellos, y gente más lista que yo encontrará más) para seguir compartiendo, con lo que su victoria será agua de borrajas. Cambia o muere. Es simple evolución. No existe el creacionismo en Internet, y no quieren darse cuenta de ello.

Añado más fuentes sobre el tema:

La SGAE entrega al ministerio de Industria una lista de 200 webs piratas
¿Cómo se cierra un sitio web de descargas directas?

… a tocar las narices, aparentemente:

Mis dudas sobre el deface de Promusicae « Ricardo Galli, de software libre.

Para los no puestos en informática, explico la cuestión desde un punto de vista menos técnico. Un deface es una alteración de una web conseguida por métodos poco limpios, adquiriendo permisos de usuario o explotando algún agujero de seguridad del software. Hace poco un cliente mío tuvo uno por culpa de que tenía una contraseña de FTP absurdamente sencilla. Al lío. El tema es que al parecer, según explica Galli paso por paso, estos señores han sido tan torpones como para no hacer algo más elaborado que cualquier informático con un poco de experiencia podría desentrañar de forma relativamente sencilla, como ha sido el caso. El truco, tal y como es explicado, es técnicamente simplón y tonto, cualquier programador con unas nociones de web podría hacerlo sin problemas. Generalmente, los defaces suelen provocar mayores problemas y dejan firma, como le pasó a mi cliente. En este caso no ha sido así. Además, yo añado otra cosa: hubiera sido preferible redirigir a un archivo externo, no meter un archivo en el propio servidor que además ni siquiera estaba bien construído. En fin, que parece ser que se les ha vista bastante el plumero a estos pendencieros.

Actualización: he visto las noticias en Cuatro y hacían referencia al hecho, pero no daban pie con bola de lo que decían, dando mal tiempos y los hechos en si mismos. No sé si por no contrastar (mal) o simplemente por interés (peor), pero estos “periodistas”, tan profesionales ellos, a veces no les llegan a la suela de los zapatos a los “blogueros” (esa tan despectiva palabra que hoy usa El País para referirse a los internautas).

U2 y el talento masificado

Bueno, quien más quien menos sabe lo del concierto de U2. Si estás en Internet y no te enteras de estas cosas es que no ves más que porno… En fin, el tema es que el susodicho concierto, considerado por mucha gente un “gran hit del social media” (hay que tener cojones para ser tan pedante), ha causado que mucha gente estuviera hasta las tantas esperando ver al amigo Bono y compañía haciendo gorgoritos y bailecitos ante, probablemente (no lo sé con seguridad), cientos de miles de personas, que se convertirán en millones porque más lo verán en diferido (y si no es así están haciendo el canelo). Yo no lo veré, por varias razones, aunque la principal es que tampoco me llaman en general (aunque reconozco que algunas de sus canciones son himnos de la generación X).

Pero otro aspectos fundamental si queremos entender este “fenómeno” (por llamarlo algo) es que de gratis, nada. Sí, los que lo vieron no pagaron un duro (si no contamos la luz que gastaron y la tasa de Internet, claro), pero ni U2 ni YouTube salieron perdiendo con la apuesta. Como indica alguien por ahí, nunca U2 fue visto simultáneamente por tanta gente, lo cuál, para un artista, es fundamental. Pero además, las cifras cantan: han debido recaudar cientos de miles de dolares en merchandising y otras cosas (como bajadas de sus canciones de iTunes), además de donaciones (vamos, como si hubieras pagado entrada) y demás. Es decir, que al grupo le ha salido redondo. Así que gratis, gratis, lo que se dice gratis, no ha salido, la verdad. Y en cuanto a YouTube, que decir: cada día tienen más claro que los eventos por streaming son un negocio importante, y eso significa que pronto veremos este tipo de cosas de forma masiva, y de todo tipo. Hombre, a mi sinceramente me gustaría ver ópera así, o teatro. No es por ser cínico, pero creo que esos eventos tendrán que esperar para dar más relevancia al grupo que genera más hype entre la juventud. Pero bueno, que hay negocio, vamos, que es lo que interesa.

Cosas como esta me informan sobre una serie de cuestiones sobre las que llevo reflexionando desde hace tiempo y que he volcado de una forma u otra en el blog. He leído los comentarios de la gente que habla sobre el tema y me parece francamente preocupante la ignorancia que indisimuladamente rezuman algunos (o muchos, desgraciadamente). Alguno dice que hasta le ha sorprendido el éxito de la iniciativa. Que tierno. Otro que sólo ve porno. Pero lamentablemente en nuestra generación hay mucha gente así. Gente simple que no ve más allá de sus narices y que piensa en el mundo como un lugar lleno de florecitas y caramelos. Además, el hecho en si mismo de que haya sido un éxito nos habla de otra realidad: estamos dispuestos a consumir como sea y lo que sea. Somos unos tiernos corderitos que nos ponen un poco de sabrosa hierba delante y nos la comemos toda. Pero esa hierba está envenenada. ¿Vosotros os creeis que ellos no sabían muy bien que sería un éxito? Claro que sí, y si dicen lo contrario mienten. Al menos Sting es sincero y dice que “soy rico, pero también socialista”. La mayoría de los socialistas esconden que quieren dinero tanto como los demás, porque creen que los demás les mirarán mal. Ahí tenemos a nuestro amigo Rubalcaba. Un milloncejo largo tiene limpio el chico (al menos eso nos han dicho, espérate lo que haya por ahí).

Por favor, no actuemos como borregos y reconozcamos lo que es: estamos esclavizados por el dinero y el entretenimiento que bien administrado nos suministra el sistema para que creamos ser felices en medio del mundo mediocre en el que vivimos. Este concierto ha sido un ejemplo más. De nosotros depende que nos sigan idiotizando con cosas inútiles y subordinantes como esta o bien tomemos conciencia de las cosas realmente importantes de la vida. Pero me temo que como humanos que somos, seguiremos prefiriendo la pleitesía al sistema, abandonando nuestros derechos y libertades para que todo siga funcionando como está. Ale, palante chicos, tsk, tsk, tsk…

Garota de Ipanema

No voy a hablar aquí de cánones, ministras ni P2P. Son temas ya muy manidos y muy tratados. Me gustaría referirme a un tema que se trata mucho menos y me parece más fundamental, porque en realidad, de ahí viene todo el problema. De ello deriva todo lo demás. Y es la renovación de la industria cultural. En la actualidad, esta industria no avanza, o lo hace sumamente despacio, porque ve como su sistema “infalible” para obtener beneficios de debajo de las piedras ya no funciona tan bien como antes. Hablo de esa industria que no debería ser una industria, pero que lo es: editorial, musical, fílmica, televisiva, etc…

Evidentemente no vamos a negar una verdad incuestionable: producir cultura cuesta dinero. Libros, películas, música… Producirlo, crear soportes, etc., cuesta dinero, y por lo tanto debe ser una empresa la que realice todas las gestiones para llevar a cabo un trabajo que un particular no podría hacer. Últimamente estoy muy interesado en el mundo editorial, y desde luego, publicar un libro no es moco de pavo. Desde que el autor crea el manuscrito hasta que vemos el libro en papel en una librería, hay todo un gran proceso que lógicamente debe llevar a cabo una empresa comercial. Y es cierto que los libros en concreto dejan márgenes muy estrechos (exceptuando las grandes tiradas de los grandes editores), con lo que muchas veces el precio de los libros, inevitablemente, se encarece aunque no queramos. Pero también hay una realidad patente: vivimos en la era de la tecnología digital y aún así, todo el mundo se sigue empeñando en editar en papel. Cierto que todavía no se han popularizado medios digitales adecuados para la lectura sin libro, pero podemos leer en el ordenador, el notebook, el netbook, y los actuales e-books digitales son cada día más baratos (aunque por desgracia no hacen más que meterles DRM y cosas similares, destruyendo la magia del libro). Este mercado necesita renovarse en ese sentido, y parece ser que casi nadie quiere hacerlo, lo que va a redundar en que sólo aquellos que den el paso van a estar preparados para lo que va a venir en los próximos (pocos) años. Y es que Internet, como volveré a repetir después, está democratizando la cultura, y es ubícuo, con lo que podemos disfrutar de uso prácticamente desde cualquier sitio (tarifas abusivas telefónicas mediante).

Pero eso son sólo los libros. Si nos vamos a la música, ya es de sobra conocido que el mercado necesita una renovación inmediata. Productos como iTunes o Spotify son la avanzadilla (Spotify en concreto es un consorcio de varias discográficas que intentan renovarse de la forma más correcta posible, y están consiguiendo un éxito más que adecuado). Pero la mayoría de las empresas del sector no terminan de ver que su futuro está, una vez más, en la Red. Son pertinaces en su persecución del “delito” y no se dan cuenta de que no pueden luchar contra los millones que día tras día se saltan todo lo saltable para conseguir la cultura que demandan. Y es que no puede ser que el mercado de CDs permita un beneficio de entre un 100% a un 200% por unidad, y para que luego el artista (la mayoría) no reciba más que un 2% a 5% del beneficio final (y es un cálculo muy optimista). Esto da lugar a que muchos grandes artistas cada día saquen menos CDs y hagan más giras, que es de donde más beneficios directos pueden conseguir, como es lógico. La industria musical pues tiene dos vertientes: las grandes empresas que siguen queriendo conseguir los grandes beneficios por la jeta, y el artista, que debería también reconvertirse y optar por vías alternativas, como vender su música por iTunes o Spotify, entre otros medios, de manera que pueda obtener un beneficio directo mucho mayor por su obra. Las discográficas están en proceso de desaparición o conversión y lo saben, pero tienen que morir matando, claro.

Y que decir tiene la industria audiovisual. Aquí la discusión tiene muchas vertientes, sobre todo en un país como España donde, por algún motivo, a pesar de la gran creatividad que destilamos, sólo conseguimos sacar al mercado productos mediocres (en su inmensa mayoría, con excepciones, claro). Los que quieren llegar a algo se tienen que ir fuera necesariamente (véase Amenabar et al.), y es especialmente hiriente en el caso de la animación, por ejemplo. Lo primero de todo, en mi opinión, es eliminar las subvenciones, o en su defecto, orientarlas a los trabajos de calidad. No es de recibo que se subvencionen auténticos engendros tipo “Já, me maten” y cosas por el estilo. Entiendo que los señores políticos del ministerio de cultura no tienen porque saber apreciar de primeras una buena obra de arte, pero vamos, de ahí a eso otro hay un trecho muy, muy grande. Actualmente las subvenciones son sólo una forma de pagar a los amigos del gobierno para realizar películas inmundas que saben que no van a tener ninguna repercusión en el mercado ni local ni extranjero. Los pocos que se pueden autofinanciar, como Almodovar, van a su bola y lógicamente hacen lo que quieren. Pero ahí tenemos otro problema: el cine español está plagado de putas, yonkis, maricas y amas de casa jodidas. Espero que se me entienda bien: esa es la realidad y debe tener su sitio en el cine, desde luego. Pero no el 70% del mercado. La gente no va al cine para ver realidad: va al cine precisamente para desprenderse de esa realidad que le aturulla el 100% del año. Quieren evadirse, ver realidades alternativas, otras posibilidades que les hagan soñar. Por eso el cine americano triunfa y el nuestro no, tan simple como eso. De todas formas, este mercado también tiene otro problema: el producto lo realizas una vez, pero después puedes copiarlo y reproducirlo las veces que quieras, y aún así, siempre tiene el mismo coste. Entiendo que toda empresa se crea con el único objetivo real de conseguir beneficios, pero estas empresas, como los otros tipos que hemos mencionado antes, también se dedican a la cultura, con lo que deben poder compenetrar ambos aspectos de una forma coherente y sincera. En otros momentos ya he mencionado el tema televisivo así que no me voy a repetir aquí.

Hay un hecho evidente en estos momentos y es que estos mercados tienen que renovarse en la dirección correcta. El gran problema es que intentan que sea la demanda la que se adapte a ellos y no al revés, como es lo normal. En cualquier mercado libre, la oferta se ajusta a la demanda porque tiene que cubrir esa demanda. Lo que pretenden en la industria cultural es justamente lo contrario, que la demanda se adecue a su oferta y en las condiciones que ellos quieran, y las cosas no funcionan así. Siempre ha sido la oferta la que se ha tenido que adaptar a los tiempos, y ellos pretenden justo lo contrario. Quiero mencionar aquí el caso del streaming, la capacidad de ver y oír materiales audiovisuales sin descargar, desde cualquier sitio, sólo con una conexión a Internet. Es un medio que está ganando adeptos a diario porque es una forma sencilla y barata de conseguir conocimientos y cultura de una forma directa y sin ambages. La TV, la música y el cine van a tener, inevitablemente, que adaptarse a este tipo de forma de difusión, ya que va a ser la preferida incluso por encima de la descarga (normalmente, el streaming permite también la descarga una vez visto, cosa que hacemos todos si nos ha gustado algo, excepto casos como Spotify).

Como conclusión, decir que esto son sólo mis apreciaciones, pero son apreciaciones basadas en lo que veo a mi alrededor cotidianamente. No estamos hablando de un futuro alternativo de 25 años en adelante, estamos hablando del presente más rabioso. Pero ellos no quieren verlo, siguen ensimismados en su mundo de piruletas monetarias que saben muy buenas, y como los dulces, quieren más y más todo el tiempo, como un niño cuando descubre las chuches. Y piden chuches constantemente porque son adictos al azucar. Bien, pues estos adictos al dinero deberán reconvertirse o morir, igual que ha pasado a lo largo de toda la historia con todas las profesiones habidas y por haber. Ayudémosles un poquito y hagamos que todo sea más rápido: veamos más streaming, descarguemos más material que nos interese, leamos más en PDF o similares que en papel, etc… Que vean que las cosas van por ahí, inevitablemente. Al final, como no puede ser de otra forma, terminarán pasando por el aro. Otro remedio no les queda.

Hace un tiempo relaté el argumento de forma muy resumida de Serial Experiments Lain, que considero que es la mejor serie de animación de ciencia ficción de la historia. Pues bien, Neon Genesis Evangelion no le va a la zaga. Creada más como una historia de aventuras futurista de corte fantástico más que de ficción científica, fue degenerando en una narración totalmente digna de un Shakespeare moderno, un drama de dimensiones descomunales que sería difícilmente narrable en un blog. Su final viene marcado por la canción que presento en el video de más abajo, que para el que no haya visto la serie de parecerá una paranoia de tres pares de narices, pero para el informado es una de las obras maestras del anime. Al igual que en su día recomendé ver SEL, ahora os recomiendo ver NGE, cuya profundidad narrativa y artística es de difícil comprensión si no se ve varias veces y no se leen segundas interpretaciones de forma automática.

Que narices, lo mismo un día me arranco y os la cuento (hasta donde se puede contar, como siempre). Hasta entonces, ahí os va eso:





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