(Viene de Connie (I))

Aquella noche, Andrew observaba unos planos de exoesqueletos. No le gustaban los nuevos modelos americanos. Les faltan piezas, pensaba socarrón. El sueño se iba apoderando de él, con lo que decidió incorporarse y dar un paseo por las instalaciones. Comenzó a pensar en Connie. Siempre que la conectaban era muy excitante. Sobre todo cuando miraba alrededor sin inmutarse de nada, como un niño asustado. Se daba cuenta de que era como crear vida, lo cual hasta cierto punto era bastante impactante. Pero sabía diferenciar bien una cosa de la otra. Era vida artificial. Probablemente, cuando solucionasen el tema del movimiento, podrían presentarla en una fiesta adecuadamente vestida, y nadie notaría la diferencia. Pero el sabía la verdad, y lo notaba. Haciendo memoria sobre los procesos, recordó que pasados dos años, resetearía. Eso significaría la pérdida de toda la memoria, almacenada en unos chips tipo “flash” modificados, todos los recuerdos y experiencias. Y al volverla a conectar, todo estaría a cero. No recordaría nada, y por lo tanto tendría que volver a aprender. Detuvo sus pensamientos en ese momento. La situación era muy incomoda, y ella no debía saber que eso era posible, pues… Su vida sería una angustia permanente hasta que lo inevitable ocurriese. Sabía que se trataba de una máquina, pero aún así, pensaba. En esto, dijo su nombre en voz alta inconscientemente. A los pocos segundos, una voz rompió el silencio de los solitarios pasillos.

-¿Deseaba algo, señor Solthern?

Era su voz. Había escuchado su voz. Y había respondido adecuadamente. Andrew se encontraba estupefacto. Eso ni siquiera formaba parte de los planteamientos prácticos del modelo.

-Co… Connie, ¿Cómo me has oído?

-Por los micrófonos de las cámaras de vigilancia, señor.

-Ve a mi despacho ahora mismo.-le ordenó el científico, alucinado por lo que estaba ocurriendo.

Cuando este llego al despacho, Connie ya le esperaba allí, en la puerta. Entraron y le ordeno que se sentase. El se quedo de pie, mirándola. Se puso a sus espaldas y le tocó la cabeza con el dedo índice. No se inmuto. Le puso la mano derecha encima de la cabeza, y no se movió.

-¿Notas mi mano en tu cabeza?

-Si.

Separo la mano y camino de espaldas unos cuantos pasos. Cogió una revista de la mesita y con las dos manos intento golpearla en la cabeza. Con un rápido movimiento, Connie detuvo el golpe y retorció la mano de Andrew, que gritó lastimado. El giro de muñeca hizo que se arrodillase por el dolor, y miró a Connie. Su rostro era inexpresivo. Pero pronto cambio, y se tornó asustado. Soltó el brazo de Andrew y se retiró varios metros. Andrew se levantó y se masajeó su muñeca dolorida. Miró a Connie. Su cara manifestaba un miedo inusual. Supongo que debemos ajustar más los gestos faciales, reflexiono. Los dos se miraron durante unos instantes, sin saber que hacer.

-¿Por que ha intentado atacarme?

Esa pregunta le recordó porque había sucedido aquella escena. El intento golpearla con la revista y ella se reveló, utilizando técnicas de autodefensa que ellos no habían implantado en su ROM[1].

-¿Cómo has podido saber que te golpeaba, y dónde has aprendido esa forma de defenderte?

Connie se detuvo un momento. Los clicks que se escuchaban provenían de su cerebro electrónico, que estaba intentando procesar la información.

-Lo vi en la televisión.-obtuvo por toda respuesta.

-¿Qué? ¿Qué te golpeaba, o cómo defenderte?

-Lo vi en la televisión.-repitió Connie.

Andrew se dio cuenta de que no podía procesar las dos informaciones. Pero no entendía porqué. Teóricamente debía poder separar las dos preguntas, pero algo bloqueaba el procesamiento de alguna de ellas. Decidió volverlo a preguntar, pero de otra manera.

-¿Cómo sabías que iba a atacarte?

Connie volvió a procesar la información. De nuevo se escucharon los clicks durante unos segundos, pero estos se detuvieron sin que hubiera respuesta alguna. Andrew se dio cuenta de que esta era la pregunta que no podía contestar.

-Connie, cierra los ojos, por favor.

Ella lo hizo, y espero pacientemente. El se adelantó y volvió a intentar golpearla con la revista, pero de nuevo un brazo le detuvo. Connie no abrió los ojos. Andrew le ordenó que le soltase y abriese los ojos. Estaba maravillado. Esto iba mas allá de lo que habían pensado. De nuevo le pregunto sobre sus nuevas habilidades defensivas, a todo lo cual ella volvió a contestar:

-Lo vi en la televisión.

-¿Qué viste?

-Vi a unos hombres que luchaban. No entiendo exactamente porqué. Utilizaban sus manos y piernas para atacar y defenderse. Tampoco entiendo porque gritaban tanto.

Tranquila, pensó divertido Andrew. Estaba claro que alguno de los internos le había enseñado una película de artes marciales. Volvió a preguntarle sobre como se había percatado de su ataque.

-Una vez más, ¿Como te diste cuenta de que te atacaba?

Connie volvió a procesar los datos y contestó:

-No lo sé. Simplemente lo supe.

Sensaciones. Esa era la respuesta. Todo era confuso en aquel momento. Aquellas revelaciones eran demasiado para el en un sólo día. Ordenó a Connie que volviese a la cápsula y entrase en estado de espera. El intentaría dormir un poco hasta el día siguiente. Había que encontrar una solución para todo aquello. Era importante hacerlo.

Unos meses mas tarde, las exhaustivas pruebas revelaron que los sensores eran capaces hasta de detectar hasta el mas mínimo movimiento de aire. Pero no toda la información llegaba, o si llegaba, era discriminada. El procesador pasaba a estado de alerta en cuanto sabía que era vulnerable. Todo esto estaba programado, pero no sabían como iba a actuar realmente. También ajustaron sus movimientos, que pasaron a ser mucho mas ágiles y reales. El rostro fue modificado para que fuera capaz de mostrar más estados intermedios. Andrew pensaba que debían ser capaces de conseguir que ella misma encontrara esos estados, pero la tecnología no lo permitía en esos momentos. Aún quedaba mucho trabajo por delante.

Connie fue ocupada al servicio de los internos, como lo fueron también sus antecesores. Sin embargo, al ser un modelo experimental muy valioso, se le dedico a tareas poco pesadas y mucho menos esclavizantes, pues se dieron cuenta de que era capaz de procesar la información de manera que podía “pensar”. Y un ente pensante podía percatarse de su propia libertad, como demostró un día cuando, al ir a recoger unos papeles, se quedo encerrada en la sala de las fotocopiadoras. Todos los altavoces empezaron a emitir su grito de socorro, pidiendo desesperadamente que la sacaran de allí. Cuando por fin la localizaron y pudieron sacarla, la encontraron en posición fetal, gimoteando. Sin embargo, cuando la ordenaron levantarse y salir, lo hizo inmediatamente, y su rostro volvió a su estado normal. Aquello les hizo darse cuenta de que era algo más que un robot. Por eso la pusieron al servicio de Andrew, como una especie de secretaria de campo. En realidad, era mejor que una secretaria, porque procesaba toda la información y entregaba datos exactos en segundos. Era capaz de llamar a un interno sin tocar el teléfono, ya que conectaba directamente con la red del laboratorio. La secretaria “verdadera” de Andrew comenzó a sentirse celosa, lo cual les pareció a todos muy divertido. Menos a ella, claro.

Todo aquello hacia reflexionar aún más a Andrew sobre el auténtico valor de la “vida” de Connie. En una ocasión, Fuller le comentó que le preocupaba el sentido de la vida de Connie.

-¿En que sentido?

-Con todo lo que ha ocurrido, se me ocurre pensar en ella como una persona de verdad, lo que le parecerá una estupidez, sobre todo viniendo de un hombre de ciencia como yo. Pero no puedo dejar de pensar en ello…

-Tiene razón. A veces creo que estoy charlando con una mujer de verdad. Aprende y domina todo tipo de temas enseguida. Y cada vez piensa más rápido. Las nuevas rutinas de localización de información funcionan muy bien.

-A mi me preocupa más su vida. Concretamente, el fin de su vida, para ser exactos.

-¿A que se refiere?

-Según está programado, cuando llena toda la capacidad de información de su cerebro, este se vacía, y vuelta a empezar.

-La pérdida de memoria hará que se olvide de todo aspecto y detalle. Nos olvidará a nosotros, y hasta olvidará su nombre. Ojala pudiésemos evitarlo, pero de momento…

-Debe ser horrible dejar de saber quien eres…-pensó Fuller en voz alta.

-Sí, horrible…

Aquellas palabras comenzaron a golpear la cabeza de Andrew, de tal manera que algunas veces debía dejar lo que hacia, imbuido en pensamientos que no tenían nada que ver con lo que estaba haciendo. Tenía miedo, pero no entendía porqué. Lo que me faltaba, un trauma, pensó. Pero no sabía qué.

(Continuará…)

(Copyright 2009 Marcos Legido Hernández)

Safe Creative #0907304179879


[1] ROM: Read Only Memory. Memoria de solo lectura, que se utiliza para almacenar órdenes y datos permanentes.

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  1. ¿Sabes a qué me recuerda tu cuento? A una canción de Mecano: “la máquina a vapor”. ¿La conoces?
    Ya te adelanto que es una de mis canciones favoritas… y anda que no ha llovido desde que la oí por primera vez (¿y como no va a llover, si estamos en Galicia?)

  2. No, no me suena de nada, a priori, y mira que he oído veces a esa peña… Por cierto, el tablero del wordpress cada día da más asco, acabo de ver tu mensaje y es de hace dos días… Hay que joderse…

  3. Mujer, enamorado, lo que se dice enamorado, el tio no está exactamente enamorado, pero aprecia al cyborg como a una persona real, lo que influye en el hecho de que pueda llegar a confundirse con una persona real… El destino es fatal, tanto para nosotros como para una máquina, que al fin y al cabo está hecha con materiales imperfectos, y que se deteriora y muere como nosotros. Pero no adelanto acontecimientos, que aún queda el apoteosis final… XD

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