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2012… El año del descojone

Esta es la crítica de la película que no iré a ver seguro:

2012 estupideces.

Sólo quiero reflejar un pensamiento, más allá de la película en si, que sólo uso como excusa… En ella se habla de desastres tan increíbles que no pueden ser imaginados, excepto por los “enormes” guionistas de Jólibuz en su máximo apogeo. Ok. Pero hay un pequeño fallo: Por lo que sabemos, esto pasa cada 25.800 años aproximadamente, es decir, cada ese lapso de tiempo la Tierra y el Sol se alinean con el centro de la galaxia. Si lo que cuenta la película es cierto, esto debió pasar también hace 25.800 años, aprox. Ahora bien, fue por aquel entonces cuando aparecieron los primeros humanos, cosa que me lleva a pensar que de ser un cataclismo tan increíble, no existiríamos, ya que en esta película prácticamente casi toda la humanidad (excepto los protagonistas, claro, que hacen las cosas más chorras para sobrevivir) desaparece. Y no sólo los humanos, claro, sino prácticamente las especies más importantes de entre los pluricelulares se hubieran ido a tomar por saco. En resumidas cuentas, que no estábamos aquí ni de coña. Es más, sabemos que con la excepción de las placas tectónicas, la mayor parte del planeta que conocemos hoy día, orográficamente hablando, ha permanecido intacto desde hace millones de años. Lo que lleva a preguntarse porque unos señores que saben leer y escribir no han llegado a estas mismas conclusiones y se han preguntado que coño estaban escribiendo este guión. A no ser que el único objetivo, claro, sea ganar dinero fácil y rápido. Si esa es la razón, entonces totalmente de acuerdo.

Porque encima lo han conseguido. Claro, esto sigue la política, auspiciada fundamentalmente por los grandes poderes políticos y económicos, de meternos miedo por un tubo con una amenaza cada vez mayor. Y esta, claro, es la definitiva. La primera semana ha sido un éxito. Probablemente esta será mucho menor y la siguiente mucho menor. Pero es lo que tiene la primera impresión, que es la que queda. Y en nuestro caso, como simples humanos, es la que gana siempre.

Hagan lo que quieran, por supuesto, vayan a verla si lo que les apetece es ver simples efectos especiales (algunos dirán que no son tan simples, pero cuando metes 200 millones en una película puede hacer lo que te de la gana) y un guión totalmente chorrero, pero vamos, si tienen el más mínimo respeto a su tiempo y dinero (lo recomendable es no pagar por ver semejante chorrada), mejor hacen cualquier otra cosa que seguramente les va a reportar muchas mejores sensaciones. Y por lo menos no se aburrirán, como parece que les ha pasado a muchos.

La cabina

Marchó uno de los actores más importantes del cine español de todos los tiempos, José Luis López Vázquez. Desde que lo vi por primera vez, “La cabina” me ha cautivado. Soy un gran aficionado a la ciencia-ficción y una obra de este estilo no puede pasársele a cualquier aficionado a este género. Pero es que tiene tantas lecturas que sólo visionándola varias veces es posible intentar entrever todos los entresijos y juegos mentales a los que nos someten los creadores, Mercero y Garci, con una interpretación magistral de López Vázquez, actor denostado por muchos de la progresía que sin embargo es reconocido en el extranjero como un gran actor.

Si no lo habéis visto nunca, pasad la presentación del principio hasta el minuto 9:25, que es cuando empieza el corto de por si (bueno, un mediometraje en realidad, ya que dura 37 minutos), si no queréis que os destripen parte de la historia y el final (y luego podéis ver el principio con más tranquilidad). Preparaos para sentir una angustia increíble durante esos minutos. Probablemente el mejor cine de terror que se ha hecho en España nunca.

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(Si casualmente no pudierais ver el vídeo bien, id directamente al enlace de TVE donde se puede ver in situ).

Cine: Ágora

Tenía ganas de verla por diversos motivos: primero porque es de Amenabar, al que considero que es el único salvador del cine español en estos momentos; segundo por la temática, tremendamente arriesgada para el estado del cine en estos días que corren; y tercero porque podía levantar cierto revuelo, como parece ser que ha conseguido, al menos en algunos sitios. Voy por partes.

Para los que todavía no estén al loro, narra los últimos años de vida de Hipatia, una filósofa del siglo V de nuestra era en Alejandría. Daba clases en la famosa Biblioteca, la acumulación más grande del conocimiento antiguo. Básicamente la película nos cuenta qué paso en la segunda destrucción de la Biblioteca, dirigida por entonces por su padre, y como el cristianismo se va apoderando de todo hasta que los paganos, incapaces de detener el avance, o terminan convirtiéndose, o como en el caso de Hipatia, prefieren vivir en su mundo interior de razón y lógica antes que caer en la trampa de la fe. Aunque muchos ya se pueden imaginar el final, no lo voy a contar por si alguien todavía es tan tierno de pensar que la heroína puede con todo.

Bueno, aquí hay varias cuestiones a tener en cuenta y que quiero ir deshilvanando poco a poco para que tengamos una idea clara de lo que tenemos enfrente. Lo primero, como dije antes, es que es una película de Amenabar, y por eso esperaba lo que me encontré, aunque me ha decepcionado un poco. Me explico. Amenabar es un director técnicamente excelente y sabe contar historias (lo que no pueden decir el 90% de los directores españoles actuales), pero tiene un defecto que se ha visto claramente en esta película: las cuenta todas igual. Con la excepción de “Mar adentro”, que no tuve ni maldita gana de ver (no porque considere que pueda ser mala, que seguramente no lo es, sino porque el tema no me interesa en absoluto, ya que no estoy de acuerdo con lo que hizo ese señor, pero eso da para otro artículo…), todas sus películas adolecen de una cosa, que en ocasiones viene muy bien, pero en otras como esta canta mucho: lo mira todo por encima, como si fuera una especie de “dios” que observa todo desde las alturas y que imparcialmente va narrando lo que ve. Eso, en “Abre los ojos” estaba bien, ya que la historia de por si permitía esa licencia narrativa perfectamente (todo estaba mezclado, sueño y realidad), pero aquí no pega bien. Es una historia real, ocurrío (más o menos, luego veremos los peros) de forma semejante a como se cuenta y por lo tanto, la narración “desde arriba” queda como extraña. Parece que el propio Amenabar no quiere pringarse con la historia, no la hace personal, y eso se nota en todo el metraje. Esto ya lo noté en el trailer, y por eso no tenía yo buenas vibraciones. Pero aparte de esto, considero que la película como tal es buena. Luego me meto más en harina con el argumento, pero está bien realizada y los actores en general están bastante bien. La ambientación sin duda es excelente y la película dice lo que quiere decir, que ya es bastante. Mi crítica, pues, va más dirigida al director que a la película en si. A pesar de ello, sigo expresando mi admiración por el gran cineasta que es y que va a ser Alejandro Amenabar.

Segunda cuestión, el tema. La apuesta de Amenabar es arriesgadísima: hacer una película histórica (en los tiempos que corren, y de hecho son escasísimas), ¡sobre una científica de hace 1500 años! Seguramente escuchó, múltiples veces, que era una locura. Primero por hacer una biografía de alguien que no conoce casi nadie, que vivió hace tantísimo tiempo, que se dedicaba a la ciencia, y que además era mujer. Tanto desatino junto tiene que pasar factura. Veremos como es la recaudación, pero el sábado, cuando fuimos a verla, había media sala vacía. Aquí, ya lo sabemos, hay varios culpables. En este blog ya hemos comentado la situación del cine español y el hastío de los españoles para ir a la salas de cine. Lo que antes se llenaba prácticamente todos los fines de semana ahora sólo cubre la mitad de las butacas. Y al terminar la proyección comprendí porque la mayoría de las salas se construyen con la mitad de butacas que tenían antes: los gerentes de los multicines no son idiotas, y saben perfectamente cúal es la tendencia. El otro día fui a ver “Los sustitutos”, con Bruce Willis, y había incluso menos gente. Joder, que es Bruce Willis. Todo esto me está convenciendo de que efectivamente todo va cuesta abajo. Si a esto le sumamos que mucha gente escucha la expresión “cine español” y automáticamente se queda en casa, pues podemos entender que la última de Amenabar esté teniendo problemas para atraer al público. Y por último, la temática. Luego comento más el tema, pero una época histórica que se está comenzando a conocer en los últimos 150 años, hábilmente ocultada por la jerarquía eclesiástica durante siglos, y protagonizada por una total desconocida cuyo legado en este mundo fue defender su derecho al conocimiento por encima de la fe, pues digamos que a la mayoría de la gente se la trae flojísima, sobre todo en nuestro país, tan culto y versado. En ese sentido, me quito el sombrero ante el atrevimiento del director, a pesar de que pueda ser predecible su descalabro en taquilla.

Y tercero, la polémica. Lo que narra la historia puede parecer simplemente un biopic, pero no lo es. Primero porque se tienen tan pocos datos en concreto de esta mujer, Hipatia, que sólo se pueden hacer especulaciones. De hecho, Amenabar se toma una serie de licencias que siendo más o menos correctas, pueden criticarse desde varios frentes, tanto en sentido positivo como negativo. Pero la historia de Hipatia es, en realidad, una excusa. Lo que se intenta contar, en realidad, es la lucha entre fe y filosofía (lo que por aquella época podía ser denominado como ciencia, denominación que sólo fue tomada en cuenta a partir del siglo de las luces). Pero da igual que fe. De hecho, Amenabar nos describe a una Hipatia pagana pero que no profesa ninguna religión. Es más, se ve que le importan tres nisperos los dioses, siendo su única y exclusiva vocación la razón y la lógica. Ese es el meollo de la cuestión. Tanto paganos como cristianos demuestran tener poca cabeza sobre los hombros al hacer lo que hacen, mientras ella se muestra incólume ante su visión filosófica del mundo, la única posible según la razón humana. Esta forma de pensar no se recuperaría hasta el siglo XVII. De hecho ya varios siglos antes que Hipatia, Sócrates ya denostaba la crencia en los dioses para llegar a la verdaderá iluminación del conocimiento, y por ello fue ajusticiado. En este caso, la historia se repite en Hipatia. Realmente no sabemos si fue ajusticiada como se relata en la película, pero digamos que Amenabar intenta reflejar un hecho: el cristianismo terminó con siglos de conocimiento para sumir al mundo occidental en una oscuridad que duró nada menos que unos 1000 años. Hipatia, en este caso, es el totem que el director utiliza para reflejar tales acontecimientos. Se trata, pues, de un filme que no sólo narra cosas, sino que tiene múltiples lecturas y visiones del mismo tema: la lucha entre razón y religión. La expresión “Yo creo en la filosofía” indica a todas luces la intención del director con la película: no es posible unir fe y razón en una misma persona. Si decides ver el mundo con los ojos de la ciencia, la fe termina en un segundo plano, sobre todo si eres cristiano. No es posible aunar por ejemplo una creación del mundo basada en la física y la biología con lo que dicen las escrituras. Otra cosa es que puedas o no tener la creencia en una idea abstracta superior como es la de Dios, pero es imposible creer en un dios creador del Universo y al mismo tiempo admitir la teoría del Big Bang. Esta incompatibilidad es la que rezuma toda la película y que ha hecho que me haya gustado mucho.

Pero además, se cuentan cosas que a la Iglesia no le interesa que se sepan. Amenabar da una de cal y otra de arena a todo el mundo (paganos, cristianos y judios), pero lo que sabemos hoy de forma incontestable es que la biblioteca fue destruida por los cristianos (dirigidos por el obispo Cirilo, que luego sería padre y doctor de la Iglesia), y que su sinrazón condujo a la destrucción de todo el conocimiento posible acumulado hasta entonces. Si la Biblioteca simplemente hubiera almacenado textos religiosos, probablemente no hubiera sufrido la quema de sus textos. La Biblioteca almacenaba el conocimiento científico acumulado de siglos atrás. Teorías que los líderes religiosos cristianos no podía soportar porque daba a entender que el mundo no giraba en torno a su dios, si no a una serie de leyes universales que regían desde el más pequeño átomo hasta la estrella más enorme. Ese conocimiento debía ser destruido y así lo hicieron. El cristianismo atrasó a la especie humana durante un milenio (en realidad más, porque la ciencia no volvió a renacer hasta hace casi unos 300 años). La Iglesia católica ha conseguido, por ejemplo, que la película no pueda distribuirse de momento en Italia. Dicen que no, claro, que van a decir, pero es muy raro que en todo un país no hayan conseguido distribuidor. Alguien habrá tenido algo que decir al respecto, ¿no? Y aquí en España, por supuesto, está recibiendo muchas críticas del espectro ultra-católico y la derechona, que no pueden comprender que la historia real pueda ser esa. La Iglesia lleva siglos lavándonos el cerebro y lo ha conseguido muy bien, pero el conocimiento no se puede detener.

A modo de anécdota, contaré que cuando salimos de la sala, mi novia estaba encantada y repugnada al mismo tiempo por la película, y me expresó su repulsión por la ideología religiosa expresada por la Iglesia. Me chocó, ya que aunque nunca ha sido especialmente creyente, yo le había contado estas historias durante años y nunca me había hecho caso. Ha tenido que ver una película para enterarse de tales acontecimientos (sobre todo, le impresionó la destrucción de la Biblioteca y su conversión en templo cristiano). Si esa fue la reacción suya, espero que haya sido también la de más gente. El conocimiento de esa época, que se nos ha negado durante tantos años, puede ayudar a que la gente vea la gran mentira que ha sido el cristianismo desde sus inicios y que aquí he atacado en varias ocasiones. En definitiva, recomiendo a todo el mundo que vea la película, basada, por mucho que algunos nos quieran confundir, en hechos reales, y que nos da imagen de un mundo que era mucho mejor de lo que nosotros creemos y que fue olvidado por el interés de poder y sumisión de la todopoderosa Iglesia católica. Espero que la veáis con mentalidad abierta y con los ojos de la razón, única forma de entender realmente esta historia.

Vale, el chiste es malo, pero es que cada día me rechina más el debate este de los doblajes en TV y cine. No estoy en contra ni mucho menos de que si alguien quiere ver algo en versión original (por conocimiento del idioma o por esnobismo, me da igual), lo haga con toda tranquilidad. Me parece muy bien. Pero me empiezan a fastidiar bastante los pringaos que están todo el puñetero día con “V.O. mola, doblaje mierda”, parece que no tienen otra cosa que hacer y la verdad, molestan bastante. Porque una cosa es que des tu opinión sobre un tema y otro muy diferente es que te dediques a fastidiar y a ningunear a los demás, y no sólo a los que defienden posiciones contrarias, sino como en este caso a los que se dedican al tema, en este caso representados por traductores y dobladores.

En Chica de la tele se hace mención a estas cuestiones. En general, mucha crítica absurda y gratuita contra el doblaje y pocas soluciones. Se apunta, principalmente, a las televisiones, que no aportan una alternativa de calidad al doblaje. En eso estamos de acuerdo. Pero decir salvajadas como que debería eliminarse completamente el doblaje es de un egoísmo y una mala sangre que sinceramente me jode mogollón. Por desgracia, hemos heredado del franquismo el verlo todo doblado. Así tenemos los idiomas en este país, a niveles paupérrimos. Pero la situación es la que es: millones de personas no verían ni cine ni televisión si no fuera en versión doblada, y eso es una realidad indiscutible. El que quiera ver versión original calentita, que se la baje de Internet o la vea por streaming, que hay buenos subtítulos pero otros son una pesadilla. A ver si aprendemos a ser un poquito más solidarios y dejamos nuestras paranoias mentales para otras cosas más importantes.

Y ahora mi opinión personal. Tengo que decir que cuando he visto una película en V.O. con un buen subtitulado la he disfrutado. Pero también digo otra cosa: a veces las voces originales de los actores son asquerosas de narices. Un ejemplo es Cómo conocí a vuestra madre. Sí, lógicamente me he acostumbrado a la versión española, pero es que he visto algunos en versión original y me han parecido inaguantables. En la versión original, Marshall, por ejemplo, no tiene la voz de bobo que tiene en la versión española, y eso jode un huevo, porque tu ves a un tío idiota con voz de tío normal, y sinceramente eso duele a los oídos. Lo mismo Lilly. Prefiero trescientas veces la voz española, donde va a parar. El único que se salva un poco es Barney, pero creo que más porque hace un papelón que otra cosa.

Lo siento, pero no siempre lo auténtico es mejor. Y aquí tenemos una industria del doblaje increíble. En cuanto a las traducciones, se quejan muchos de que no son muy buenas, pero eso se debe fundamentalmente a que las empresas contratan a gente poco capaz, y la que es capaz tiene poco tiempo y posibilidades de hacer buenas traducciones el 100% de las veces. Otra cosa. La gente se queja de que se traducen los chistes o se españolizan para que tengan más sentido, y que eso no mola. Pues a mi sí me mola. Un ejemplo es Padre de Familia. Tienes que ser muy ducho en cultura americana para coger los chistes, porque no se españolizan, como si ocurre en Los Simpsons o en Futurama (las voces de Fry y Bender españolas son mucho mejores que las originales, a mi entender). Sinceramente agradezco las españolizaciones cuando están bien metidas, porque me río cuando debo. Seguramente si escuchase la mera traducción literal me quedaría mirando la pantalla como un gilipollas, y para eso no veo nada, la verdad.

En definitiva, creo que se hace una montaña de una chorrada. El doblaje debe existir, mal que nos pueda pesar. La TV es para entretenerse. El que quiera otra cosa, que se busque la vida, pero es evidente que las televisiones no van a dejar de doblar las series y las películas porque una panda frikis sueñe con un mundo en inglés. Que las televisiones deberían ofrecer subtitulos para todo lo extranjero y que todos deberíamos saber al menos inglés, pues es verdad, que duda cabe. Pero mientras eso no sea así, el doblaje debe seguir existiendo. Y por lo menos el que tenemos es más que decente. Por mucho que les pese a la panda frikis.

La realidad oculta del cine

Esto son declaraciones de Juanjo Puigcorbé, recientitas y calentitas:

Hay unos amigos determinados del régimen, del anterior y del de ahora, unos con un gobierno y otros con otro, que están ocupando absolutamente toda la producción nacional. Esto está en manos de cuatro y esos cuatro se han hecho multimillonarios en muy poco tiempo. […] La culpa de la situación del cine, del teatro y del mundo de la cultura en general no es de los actores jóvenes, sino de los amigos del poder que están ocupando con su influencia todos los puestos de audiovisual, medios técnicos, realización, producción, etcétera. Esto lo sabe todo el mundo de nuestra profesión. Nadie lo dice, pero alguien tiene que decirlo. […] Aquí de lo que se trata es de hacer monopolios y cargarse a la competencia, entonces es cuando se hace dinero en este mundo de la cultura. Ahora mismo un productor suelto no puede hacer nada y menos ahora que van a quitar la subvención a las películas de menos de 2 millones de euros de presupuesto. Serán las televisiones, que son las que tienen dinero y lo publicitan, las que puedan operar.

Dice el propio Juanjo que lo mismo le va a resultar más difícil trabajar después de decir esto. Aunque puedo entender porqué lo dice, tampoco dice nada que muchos no intuyéramos o supiéramos ya desde hace tiempo. Que el cine en España se ha convertido desde hace años en una cosa de mafiosos es algo que está bastante claro. Hace mucho tiempo que no prima hacer cine para el público, sino para engrosar las cuentas corrientes de unos cuantos que están aprovechando su cercanía al gobierno para enriquecerse a base de subvenciones.

No digo nada más. He criticado en varias ocasiones la situación actual del cine español y no me voy a prodigar más (hasta la próxima vez, jeje…). Simplemente decir que de vez en cuando está bastante bien que surjan estos arrebatos de sinceridad, es más, por parte de personas como este señor que no está precisamente alejado ideológicamente del desgobierno actual.

Cine: Gamer

El sábado fui, en uno de mis cada vez más escasos escarceos al cine, a ver Gamer. Fui con unas ciertas expectativas, aunque reconozco que fueron superadas con creces al visionarla. A continuación explicaré porqué.

La historia va de lo siguiente. En un futuro más o menos cercano, una gran empresa ha creado dos juegos de realidad virtual, pero más reales de lo que parece: Society y Slayers. Society es un juego de simulación realístico donde el jugador puede controlar, no un avatar digital como podemos hacer ahora, si no a otra persona de carne y hueso en un mundo tipo “Second Life”, y poder hacer lo que quiera con ese “muñeco”. Slayers, sin embargo, es más oscuro. De tipo “Counter Strike” (está muy claro que se han basado en estos dos juegos para crear sus juegos de película), los presos del corredor de la muerte deben sobrevivir matando a los de un equipo contrario, controlados por un ordenador. Pero estos presos, a su vez, son controlados por otros jugadores humanos que se mueven, disparan, y piensan por ellos. Uno de esos presos, de apodo Kable (Gerard Butler), lleva casi 30 partidas sin perder (es decir, morir), y por lo tanto, puede llegar a ser liberado. Todo esto lo controla un tal Castle (Michael C. Hall), que es un mega empresario (lo comparan con Bill Gates, pero Gates es un aprendiz al lado del pibe este) que ha creado los dos juegos con oscuras intenciones detrás (que no desvelaré). Ocurre que no es oro todo lo que reluce, y Castle no piensa dejar que Kable quede libre tras la última partida. Además, hay un grupo hacker llamado “Humanz” que quiere boicotear todo lo posible a Castle y sus malvados planes. Al fin, Kable consigue salir del juego escapándose y va a por Castle, que tiene a su mujer a y a su hija “prisioneras” (su mujer es una actriz de Society y su hija está “secuestrada”, por así decir). Al final Kable consigue encontrar a Castle y desde ese momento se acelera el punto culminante de la historia, que por supuesto no contaré.

Resumiendo mucho, diría que esta es, con permiso de Up (que no he comentado aquí porque ya hay suficientes comentarios en la Red como para abundar más en lo mismo, es decir, que es una obra maestra), una de las mejores películas de este año. Por supuesto, la tacharán de violenta (no soy fan de las películas violentas, me parecen aburridas, pero en este caso, lo comprobareis al verla, es absolutamente imprescindible para entender la historia), y es cierto, es violenta, y viciosa (es decir, no lleveis a chavales menores a verla, os aviso), pero todo eso tiene un objetivo: se nos quiere enfrentar con la mentalidad que existe en Internet de que todo vale. Los dos juegos representan todo lo malo y mezquino que el ser humano puede representar en la Red, llevado a la enesima potencia. En un mundo en el que el ser humano vale cada vez menos, que se le puede degradar a simple muñeco, todo vale, y se genera una esclavitud digital imposible de superar.

Pero aparte de las implicaciones filósoficas, están las científicas. Las nanocélulas que implantan en el cerebro de los muñecos de Society y los presos de Slayers son receptores de una red IP que permiten el control total y absoluto de los sujetos. Esto entronca con un hipotético mundo en el que dejemos que nos “marquen” con chips y otros elementos del mismo tipo para tenernos controlados, localizados, y en definitiva, subyugados a un poder estatal o económico. La ciencia ha de usarse sabiamente, pero sabiendo como somos los humanos, impulsivos e irracionales el 90% de las veces, mundos como este pueden llegar a surgir sin problemas. Y hay que estar atentos.

Fílmicamente hablando, se trata de una aventura violenta con tintes apocalípticos y filosóficos que puede ser considerada un poco de libro, pero que está brillantemente realizada, cosa que en los tiempos que corren es todo un respiro. Los actores cumplen bien con sus papeles (no me gusta especialmente la mujer de Kable, interpretada por Amber Valletta, está demasiado hierática en su papel), con un Michael C. Hall siempre correcto en su puesto (le van a terminar encasillando de psicópata) y un Butler que es coherente de forma constante con la interpretación, cosa que también se agradece mucho, y el argumento es muy brillante para lo que estamos acostumbrados. La banda sonora también es reseñable, con buenas canciones en su haber. En general, como digo, una película que podemos considerar de las mejores del año (tiene una pequeña caída hacia la mitad, pero eso es lo normal en casi todas las películas).

Eso sí, adelanto que mejor no vayan a verla personas impresionables o con poco estómago. La violencia y el sexo rezuman por todos lados (aunque el sexo esta algo más encubierto, que no recatado), y también no lleven a chavales y menos niños, que pueden salir traumatizados. De hecho creo que habrá adultos que tampoco estén en disposición de verla. Aún así, si se quier ver buen cine, este es un buen momento para hacerlo.

No voy a hablar aquí de cánones, ministras ni P2P. Son temas ya muy manidos y muy tratados. Me gustaría referirme a un tema que se trata mucho menos y me parece más fundamental, porque en realidad, de ahí viene todo el problema. De ello deriva todo lo demás. Y es la renovación de la industria cultural. En la actualidad, esta industria no avanza, o lo hace sumamente despacio, porque ve como su sistema “infalible” para obtener beneficios de debajo de las piedras ya no funciona tan bien como antes. Hablo de esa industria que no debería ser una industria, pero que lo es: editorial, musical, fílmica, televisiva, etc…

Evidentemente no vamos a negar una verdad incuestionable: producir cultura cuesta dinero. Libros, películas, música… Producirlo, crear soportes, etc., cuesta dinero, y por lo tanto debe ser una empresa la que realice todas las gestiones para llevar a cabo un trabajo que un particular no podría hacer. Últimamente estoy muy interesado en el mundo editorial, y desde luego, publicar un libro no es moco de pavo. Desde que el autor crea el manuscrito hasta que vemos el libro en papel en una librería, hay todo un gran proceso que lógicamente debe llevar a cabo una empresa comercial. Y es cierto que los libros en concreto dejan márgenes muy estrechos (exceptuando las grandes tiradas de los grandes editores), con lo que muchas veces el precio de los libros, inevitablemente, se encarece aunque no queramos. Pero también hay una realidad patente: vivimos en la era de la tecnología digital y aún así, todo el mundo se sigue empeñando en editar en papel. Cierto que todavía no se han popularizado medios digitales adecuados para la lectura sin libro, pero podemos leer en el ordenador, el notebook, el netbook, y los actuales e-books digitales son cada día más baratos (aunque por desgracia no hacen más que meterles DRM y cosas similares, destruyendo la magia del libro). Este mercado necesita renovarse en ese sentido, y parece ser que casi nadie quiere hacerlo, lo que va a redundar en que sólo aquellos que den el paso van a estar preparados para lo que va a venir en los próximos (pocos) años. Y es que Internet, como volveré a repetir después, está democratizando la cultura, y es ubícuo, con lo que podemos disfrutar de uso prácticamente desde cualquier sitio (tarifas abusivas telefónicas mediante).

Pero eso son sólo los libros. Si nos vamos a la música, ya es de sobra conocido que el mercado necesita una renovación inmediata. Productos como iTunes o Spotify son la avanzadilla (Spotify en concreto es un consorcio de varias discográficas que intentan renovarse de la forma más correcta posible, y están consiguiendo un éxito más que adecuado). Pero la mayoría de las empresas del sector no terminan de ver que su futuro está, una vez más, en la Red. Son pertinaces en su persecución del “delito” y no se dan cuenta de que no pueden luchar contra los millones que día tras día se saltan todo lo saltable para conseguir la cultura que demandan. Y es que no puede ser que el mercado de CDs permita un beneficio de entre un 100% a un 200% por unidad, y para que luego el artista (la mayoría) no reciba más que un 2% a 5% del beneficio final (y es un cálculo muy optimista). Esto da lugar a que muchos grandes artistas cada día saquen menos CDs y hagan más giras, que es de donde más beneficios directos pueden conseguir, como es lógico. La industria musical pues tiene dos vertientes: las grandes empresas que siguen queriendo conseguir los grandes beneficios por la jeta, y el artista, que debería también reconvertirse y optar por vías alternativas, como vender su música por iTunes o Spotify, entre otros medios, de manera que pueda obtener un beneficio directo mucho mayor por su obra. Las discográficas están en proceso de desaparición o conversión y lo saben, pero tienen que morir matando, claro.

Y que decir tiene la industria audiovisual. Aquí la discusión tiene muchas vertientes, sobre todo en un país como España donde, por algún motivo, a pesar de la gran creatividad que destilamos, sólo conseguimos sacar al mercado productos mediocres (en su inmensa mayoría, con excepciones, claro). Los que quieren llegar a algo se tienen que ir fuera necesariamente (véase Amenabar et al.), y es especialmente hiriente en el caso de la animación, por ejemplo. Lo primero de todo, en mi opinión, es eliminar las subvenciones, o en su defecto, orientarlas a los trabajos de calidad. No es de recibo que se subvencionen auténticos engendros tipo “Já, me maten” y cosas por el estilo. Entiendo que los señores políticos del ministerio de cultura no tienen porque saber apreciar de primeras una buena obra de arte, pero vamos, de ahí a eso otro hay un trecho muy, muy grande. Actualmente las subvenciones son sólo una forma de pagar a los amigos del gobierno para realizar películas inmundas que saben que no van a tener ninguna repercusión en el mercado ni local ni extranjero. Los pocos que se pueden autofinanciar, como Almodovar, van a su bola y lógicamente hacen lo que quieren. Pero ahí tenemos otro problema: el cine español está plagado de putas, yonkis, maricas y amas de casa jodidas. Espero que se me entienda bien: esa es la realidad y debe tener su sitio en el cine, desde luego. Pero no el 70% del mercado. La gente no va al cine para ver realidad: va al cine precisamente para desprenderse de esa realidad que le aturulla el 100% del año. Quieren evadirse, ver realidades alternativas, otras posibilidades que les hagan soñar. Por eso el cine americano triunfa y el nuestro no, tan simple como eso. De todas formas, este mercado también tiene otro problema: el producto lo realizas una vez, pero después puedes copiarlo y reproducirlo las veces que quieras, y aún así, siempre tiene el mismo coste. Entiendo que toda empresa se crea con el único objetivo real de conseguir beneficios, pero estas empresas, como los otros tipos que hemos mencionado antes, también se dedican a la cultura, con lo que deben poder compenetrar ambos aspectos de una forma coherente y sincera. En otros momentos ya he mencionado el tema televisivo así que no me voy a repetir aquí.

Hay un hecho evidente en estos momentos y es que estos mercados tienen que renovarse en la dirección correcta. El gran problema es que intentan que sea la demanda la que se adapte a ellos y no al revés, como es lo normal. En cualquier mercado libre, la oferta se ajusta a la demanda porque tiene que cubrir esa demanda. Lo que pretenden en la industria cultural es justamente lo contrario, que la demanda se adecue a su oferta y en las condiciones que ellos quieran, y las cosas no funcionan así. Siempre ha sido la oferta la que se ha tenido que adaptar a los tiempos, y ellos pretenden justo lo contrario. Quiero mencionar aquí el caso del streaming, la capacidad de ver y oír materiales audiovisuales sin descargar, desde cualquier sitio, sólo con una conexión a Internet. Es un medio que está ganando adeptos a diario porque es una forma sencilla y barata de conseguir conocimientos y cultura de una forma directa y sin ambages. La TV, la música y el cine van a tener, inevitablemente, que adaptarse a este tipo de forma de difusión, ya que va a ser la preferida incluso por encima de la descarga (normalmente, el streaming permite también la descarga una vez visto, cosa que hacemos todos si nos ha gustado algo, excepto casos como Spotify).

Como conclusión, decir que esto son sólo mis apreciaciones, pero son apreciaciones basadas en lo que veo a mi alrededor cotidianamente. No estamos hablando de un futuro alternativo de 25 años en adelante, estamos hablando del presente más rabioso. Pero ellos no quieren verlo, siguen ensimismados en su mundo de piruletas monetarias que saben muy buenas, y como los dulces, quieren más y más todo el tiempo, como un niño cuando descubre las chuches. Y piden chuches constantemente porque son adictos al azucar. Bien, pues estos adictos al dinero deberán reconvertirse o morir, igual que ha pasado a lo largo de toda la historia con todas las profesiones habidas y por haber. Ayudémosles un poquito y hagamos que todo sea más rápido: veamos más streaming, descarguemos más material que nos interese, leamos más en PDF o similares que en papel, etc… Que vean que las cosas van por ahí, inevitablemente. Al final, como no puede ser de otra forma, terminarán pasando por el aro. Otro remedio no les queda.

Cine: Harry Potter VI

harrypotterPongo “VI” porque, como explicaré luego, la coletilla al título “El misterio del príncipe”, es eso, una coletilla, ya que a lo largo de la película ese detalle es prácticamente inexistente. Pero no adelantemos acontecimientos, y vamos a ver que ha ocurrido con esta entrega.

No soy especialmente fan de la saga (demasiado larga ya), pero como me he visto todas, tengo que continuar con la tradición, tan cerca como está la cosa del final. Sinceramente me esperaba un poco más de lo mismo de lo ya visto en las dos entregas anteriores, pero al menos esta vez ha habido sorpresa, y es que aunque la historia seguía siendo igual de aburrida (mi novia, con toda la razón, esgrimió que “no cuenta nada”), al menos estaba mejor contada que en la 4 y la 5, que eran realmente soporíferas, así que algo hemos ganado.

Teóricamente se tenía que contar la historia del principe mestizo, un antiguo alumno misterioso del que Harry descubre un antiguo libro de hechizos que funcionan sospechosamente bien. Digo teóricamente porque todo queda en eso, hasta que se descubre quien es, y nada más. El supuesto misterio queda en eso, y el personaje que encarna al príncipe mestizo prácticamente no tiene relevancia alguna en la narración, a pesar de que ya desde el principio se nota que debía tener mucha más presencia. El personaje de Draco Malfoy queda también totalmente desfigurado, se supone que tenía que ser el gran malo de esta entrega y se queda en un pobre niño rico con pretensiones. Total, que nos comemos dos horas y media de película para saber que es lo que hace inmortal a Voldemort, y nada más. Como lo cuento. No se dice nada más. Por supuesto, tiene que haber una trágica muerte de por medio, de alguien importante en la historia. Estas dos cosas son las más destacables de toda la película.

En resumidas cuentas, aunque entretenida (porque está bien llevada), al no contar nada especialmente relevante se hace aburrida por momentos, y no sé si el relato original es así de aburrido, pero si es así no entiendo como tiene tanta fama esta saga. Siempre he dicho y diré que se trata de un puro y simple producto comercial, desde el primer libro, y que se escribió con esa “sana” intención. Uno se daba cuenta cuando, siendo una autora totalmente desconocida en general, de repente Amazon promocionaba su Harry Potter como si fuera un best-seller desde el principio. Una campaña de marketing bien orquestada por medios populares es lo que termina haciendo best-sellers, al menos aparentemente en este caso. Y los tres primeros relatos aún tenían miga (el tercero es genial, al menos la peli), pero a partir de ahí todo ha ido de culo y cuesta abajo.

Los actores, pues como siempre. Los chicos, normalitos, sin dejarse llevar demasiado. Lo de la edad del pavo que ha promocionado por todos sitios no se ve ni por asomo. Algunas lagrimitas románticas y poco más. O J. K. Rowling no ha querido pringarse nada con ese tema o los guionistas siguen igual de mal que en las dos anteriores. Personajes totalmente interesantes quedan inutilizados en la historia, a pesar del buen hacer de sus actores. Como siempre, Jim Broadbent consigue bordar un papel secundario pero importante en la narración, y para de contar, porque el resto están prácticamente desaparecidos.

Mi conclusión es que menos mal que han decidido terminar la saga, porque esto se está haciendo eterno, literalmente. Eterno por aburrido. Están consiguiendo una historia que de mala gana seguir y que lo hagas sólo por el mero hecho de hacerlo, porque como te has visto las otras, pues hay que ver las nuevas. Se supone que en la séptima ganará Harry a Voldemort, o al menos supongo que es la intención, pero nos tragaremos seguramente una película de otras dos horas y media en la que no pasa nada para que en la media hora final se comprima todo el ritmo y la acción narrativa. Espero equivocarme, pero tal y como nos lo han venido contando… Si al menos hubieran puesto a Cuarón, pues bueno, pero sigue siendo Yates, así que ajo y agua…

scratLeyendo los últimos datos sobre recaudación de las salas de cine la última semana, más o menos uno se hace a la idea de como está el panorama del cine en España. Hay disparidad de resultados, pero llama la atención que ningún gran blockbuster del verano (tipo Transformers 2, incluso Los hombres que no amaban a las mujeres, tan esperada) esté consiguiendo ganar de ninguna forma a una película que, aunque esperada, se le consideraba menor, como Ice Age 3: El origen de los dinosaurios. Además, son destacables las dos películas españolas, Pagafantas y Paintball, que mencionaré a continuación. Todo ello da como resultado un panorama que, a falta de proyectarse la última de Harry Potter (en breve, o sea, ya), es cuanto menos curioso.

Lo primero que salta a la vista es que los últimos estrenos no han podido con los dibujos animados. Sinceramente, me reí mucho con esta película. La saga de Ice Age, sin ser tampoco un conjunto de grandes películas, hacen lo que se supone que tienen que hacer: gracia. Están creadas para entretener a un público variopinto y lo consiguen. Y de hecho ahí están los resultados. En dos semanas casi han alcanzado a Ángeles y demonios, que lleva mucho más tiempo en cartelera. Un dato curioso es el de Los hombres que no amaban a las mujeres, la primera parte de la tan esperada trilogía Millennium, que tantos libros ha vendido, está dejando frío al personal cinematográficamente hablando. El otro detalle interesante es la diferencia de más de un millón de euros entre Ice Age 3 y la siguiente, la peli de la Bullock, otro de los que se suponen éxitos esperados. Mención aparte merecen las españolas. Sólo Pagafantas aguanta el tirón, ya que Paintball, en su estreno se ha estrellado bastante. Sin haber visto ninguna de las dos, la primera me parece bastante más interesante a nivel general que la segunda.

En definitiva, este es el estado del cine en un momento de crisis (también para las salas de cine), donde las preferencias del público son bastante claras: salir de la rutina y cosas sencillitas, fáciles de digerir (automatic for the people). No es que esto sea una sorpresa, porque suele ser la regla general. Sólo creo que hay películas que están fallando y no deberían estar haciéndolo, como Los hombres que no amaban a las mujeres, y que otras teoricamente comerciales como Brüno o La proposición hacen aguas demasiado pronto. Si la primera semana no alcanzan una recaudación aceptable, después ya será muy difícil conseguirlo. Si la tendencia se mantiene puede ocurrir un desastre con Harry Potter, aunque pueda sonar imposible. Yo seguramente iré a verla, más que nada porque he visto las demás y todavía tengo la esperanza de que vuelva a ponerse al nivel que lo dejó Alfonso Cuarón con la increíble tercera parte. Pero crisis mediante, habrá que esperar a ver la respuesta del público, cada vez más apático y que sólo se deja llevar, claramente, por lo sencillo. Y no es una crítica a Ice Age, que me gustó. Pero es lo que es, no hay más.

¿Más cine español?

Leyendo este post y sus comentarios acerca de la necesidad de subvenciones al cine español, uno se pregunta hasta que punto estamos actuando con la cabeza a la hora pensar en las necesidades o posibilidades de una industria muy mermada y con pocas cabezas visibles y sobre todo, rentables. Siempre podemos hacer la comparación con la muy manida excusa del sistema americano, pero es que, y que no lo dude nadie, saldremos perdiendo siempre.

El primero defecto fundamental que tenemos es este país es que hay mucha gente que sigue pensando, por algún motivo romántico y especial que no comprendo muy bien, que el cine es arte (y sólo arte). La gente se lleva a engaño de formas muy diversas, y esa puede ser la causa por la que no salimos del agujero nunca. Hay quien hace comparaciones con el el teatro, los museos o las bibliotecas. Claro, como que tuviera que ver una cosa con otra. Los museos y las bibliotecas, amigos, son expendedores de cultura, no negocios. El cine es una forma artística (eso nadie lo duda) que se basa en la transacción económica para sobrevivir, ya que es un negocio. Si no tenemos presente esto desde un principio, se evidencia que nuestra forma de pensamiento es, como mínimo, irracional. Una película cuesta mucho dinero. En comparación con un libro, por ejemplo, una película es infinitamente más cara de producir. Yo por ejemplo escribo en mis ratos libres. Tardo mucho en producir un escrito, pero no he gastado más que unos cientos de euros en alimentación que me permiten seguir respirando para escribir. Un película cuesta cientos de miles de euros cuanto menos (aunque hay quien consigue hacerlo por menos, con nefastos resultados). Dado lo que cuesta producir un filme, es obvio que hay que recuperar esa inversión de alguna manera, y es por medio de la venta de entradas, y más recientemente, por lo derechos televisivos y los DVD (aunque ahora también se esté poniendo de moda -o quiera ponerse- la descarga “legal” de Internet). En definitiva, hay que retornar la inversión. Por eso es un negocio.

Y como todos los negocios, tiene que dar beneficios. En los negocios, cuando algo no da beneficios se abandona o se cierra. Incomprensiblemente, el cine español ni se abandona ni se cierra. Se mantiene artificialmente por medio de subvenciones, es decir, dinero pagado por todos los españoles que cae habitualmente en saco roto porque, por múltiples razones, nadie va a ver esas películas. Es un saco sin fondo. Y ahora quieren dar aún más subvenciones. No importa que tu producto sea malo o que por los motivos que sea no llegue al público. Seguirás recibiendo dinero público aunque lo que haces no interese. Y en vez de potenciarse a nuevas promesas, una y otra vez los mismos siguen recibiendo patadas de dinero, y en tiempos de crisis.

¿Razones y motivaciones para esto? Pues básicamente lo achaco a que tenemos un gobierno que prima a los artistas aunque lo que tengan que hacer o decir sea poco o nada interesante. El gobierno, por algún oscuro y misterioso motivo, sigue apoyando a un artisterío inapetente e incapaz de salir de su propio agujero de inmundicia cultural. Y los espectadores, el público, nos damos cuenta de eso. Se dice que dirigen nuestros gustos desde la industria extranjera, y tal vez sea cierto. Pero los que reducen la falta de interés del público a eso son unos miopes de mucho cuidado. Yo sólo puedo hablar por mi, y como mucho por mi novia, con la que no coincido en gustos pero sí en que no nos gusta el 95% de la producción nacional. Y vemos, muy selectivamente, cine español. Muy selectivamente porque cada vez que miramos la cartelera del cine o de la tele, no vemos más que movidas, problemas sociales, las mismas historias sin contenido que intentan parecer un thriller y terminan siempre en meros guiños esporádicos… Un ejemplo reciente que he presenciado es “Los crímenes de Oxford”, de Alex de la Iglesia. Juro que no pasamos de los primero 15 minutos. Infumable. Y eso que tenía figuras de renombre mundial como mi admirado John Hurt, pero todo fatalmente mal dirigido y producido. Si pensamos esto de una película con una clara vocación internacional, que decir de la producción nacional a secas que no sale de nuestras fronteras. ¿De verdad nos consideran tan estúpidos como para pensar que vamos a ir a ver “Desde que amanece apetece” o “Já, me maten”? Si realmente eso es lo que piensan, es claro que viven en los mundos de las piruletas, porque en el real pisan poco. Si esa es la visión que tienen del ciudadano de la calle, me apena enormemente. Para mi es poco menos que un insulto.

Quisiera terminar diciendo que no creo que todo el cine español sea malo, si no que en algunas ocasiones adolece de no recibir la atención necesaria por parte de los medios y no se promociona debidamente. Pero miren, el caso es que el teatro suele llenarse cada vez más, y prácticamente sólo se promociona por medio de carteles y oportunos anuncios en los medios escritos. Y es que el boca a boca hace mucho. Si alguien te dice que Concha Velasco está estupenda en su último papel, o que los cómicos de la Paramount Comedy van a estar en tal ciudad tal día (y llenan), y cuando alguien te dice que “Alatriste” es una mierda pinchada en un palo, no te lo piensas mucho. El boca a boca es fundamental, y hace mucho a la hora de elegir lo que vas a ver en el cine, sobre todo en estos tiempos en que ponen todo carísimo, por otro lado. Aprendan, señores subvencionables: la gente no vamos a ver sus películas porque no nos da la gana, no por culpa de Internet, el Top Manta o el cine americano.





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