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Hace unos días publiqué un artículo sobre cuestiones relacionadas con el cambio climático y lo que a mi entender son falsedades que se están poniendo de manifiesto continuamente por parte de los líderes globales. Estas cuestiones, observadas aisladamente, son complejas, más que nada porque nosotros, como simples ciudadanos, estamos completamente “invalidados” para comprobar por nosotros mismos la veracidad de la información que se nos indica. Bueno, eso realmente nos pasa con casi todo lo que ocurre en el mundo, pero cuando se trata de ciencia, aún más. Tal vez es una de las razones por las que se insiste en que sepamos cada vez menos ciencia, y por lo que en vez de hablarnos de ciencia de verdad se nos meta por el cogote engendros como “El hormiguero”. También interesa crear confusión, de manera que no sepamos distinguir entre lo real y lo falso, y que lleguemos incluso a dudar unos de otros. Lamentablemente, es algo que consiguen de forma alarmantemente eficaz.

No contento con esto, decidí seguir mirando porque soy un fan de la ciencia “de verdad”, de la que no se habla tanto pero está desarrollada por científicos comprometidos y que sólo buscan aumentar el conocimiento humano (paradójicamente, los pro-globalización también se apoyan en esa ciencia, tergiversándola según sus fines, y convirtiéndola en ciencia falsaria, como se ha destapado por ejemplo con el caso ClimateGate). La cuestión es que, se mire por donde se mire, nosotros, como simples ciudadanos, estamos muy limitados para entender algunas cuestiones, bien por inacción, o bien por limitación, lo que constituye un problema e impide que nos formemos una opinión libre e independiente. Porque tanto los que siguen a los lobbies como los que no, terminan confundidos y se forma una indiferencia y despreocupación por las ideas alternativas que genera que nos tengan en sus manos. Fruto de esto me he encontrado con esto:

¿SABÍAS QUE quienes en los 70 defendían la teoría del Enfriamiento Global, son los mismos que hoy defienden la del Calentamiento? | ANTIMPERIALISTA.

Uno puede pensar de primeras que puede tratarse de una simple cuestión de revanchismo, pero como uno siempre es escéptico, investigué un poco más sobre el tal Stephen Schneider, y entre otras páginas, podemos ver su entrada en la Wikipedia (en inglés), donde se dice claramente que en los 70 defendió la idea del “enfriamiento global”, básicamente con las mismas características que el “calentamiento global”, sólo que cambiando el signo de la temperatura. Claro, si contamos con que este señor es uno de los más importantes defensores de la idea del calentamiento global, sólo hay dos conclusiones razonables: o el hombre es muy mal científico y no sabe por donde se anda (antes o después, dejo al lector juzgar el caso), o ha sido parte de la mentira, tanto antes como ahora. Sea como sea, el objetivo es meter miedo y crear confusión. Pero mientras que la idea del “enfriamiento global” se olvidó adecuadamente a partir de los 80, los que ahora dicen que el calentamiento global (que eran los defensores anteriores del enfriamiento global) lleva décadas produciéndose, parecen olvidarse de que los mismos “problemas” que indican para una cosa también producían la otra, pero con un efecto radicalmente contrario.

¿Qué tenemos que pensar los ciudadanos cuando vemos cosas de este calibre? ¿Tiene algún sentido todo esto? La finalidad, a poco que lo piensas, está clara: confundir y atemorizar. En el tiempo del enfriamiento global se quería potenciar la energía nuclear como la salvadora del mundo en detrimento de los combustibles fósiles. Resulta que tanto antes como ahora, el petroleo es el problema. ¿No es muy raro? En cualquier caso, como decimos en mi tierra, “ni frío ni calor”: ya no sabemos si van o vienen, si tenemos que ir en tanga o con albornoz, y una mentira tras otras, todos con el culo al aire. Y Copenhague, una vez más, no ha servido para nada. A partir del año que viene veremos más impuestos relacionados con el cambio climático (para el que no esté enterado de la vida, ya nos cobran un impuesto específico para el cambio climático en las gasolinas). Todo esto se irá haciendo paulatinamente y de manera que no nos demos mucha cuenta, hasta que encontremos que nos cobran hasta para respirar. Y mientras, aunque no nos enteremos porque ningún medio oficial hablará de ello, a nivel de naciones, habrá luchas intestinas para conseguir mayores cuotas de gases, los países en vías de desarrollo verán como son cada vez más pobres porque no podrán comprar cuotas necesarias para su desarrollo, y los más ricos podrán seguir polucionando a sus anchas sin mayores complicaciones. Y mientras, el ciudadano de a pie con complejo de culpa por usar el coche. Terrible.

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Como ya sabemos todos, hoy día todo es Global. Algo muy útil y práctico para los mercaderes “globales” sin duda. Ya sabemos que para nosotros, no tanto. Lo único “global” interesante para los ciudadanos hoy día es Internet, pero claro, es una globalización totalmente opuesta a la que buscan gobiernos y corporaciones. Es una globalización que les molesta, e incluso les infunde terror, como se ha demostrado esta semana pasada. Ahora el gobierno de España ha quedado, al menos formalmente, a la altura de China en lo que se refiere a defensa y promoción de los derechos fundamentales, y eso quita votos.

Pero no voy a reincidir en el tema del Manifiesto, polémica de la que hay que seguir haciendo un seguimiento constante, si no de uno que me parece más preocupante e insidioso, que es nuestro querido “calentamiento global”. Soy consciente de que las opiniones que se vierten al respecto alegran y ofenden por igual a grupos contrarios. Pero al contrario que en asuntos como el aborto, que es un tema meramente moral y por lo tanto opinable por propio conocimiento-desconocimiento de causa, este otro tinglado es muy más complejo, porque… ¿Cuántos investigadores del clima hay en la audiencia? (ya, vale, que este blog no es El País, pero bueno, por probar suerte…). Quiero decir con esto que nosotros, simples mortales, sólo sabemos lo que nos cuentan, no tenemos acceso a nada más. Lo que nos cuentan los ecologistas, los políticos, los mass media, los científicos… ¡Pero es que cada uno nos dice una cosa! Y claro, a uno, que es escéptico hasta la médula, le da por pensar de todo y claro, la única conclusión a la que llego es que simple y llanamente, esto no es más que una “guerra global” (como la médica, la política, la económica, la propagandística, etc., a las que nos vemos sometidos a diario y que se han convertido en la nueva “guerra fría” de nuestra época) donde los distintos lobbies se dedican a intentar convencernos incesantemente de que su posición es la correcta. Pero… ¿Quienes son los lobbies? Los lobbies son los ejércitos de los poderes fácticos, los que se pelean lo que sus amos les dicen que hagan. Si el interés es hacer creer que hay un calentamiento global, pues Greenpeace entre otros se lo pelea para convencernos a todos de que es así; si es todo lo contrario, pues lo mismo (lo siento, sinceramente ahora no conozco ningún lobby al respecto y no tengo ganas de buscar). Luego están los científicos, que no se ponen de acuerdo ni hartos de vino malo. Unos que sí, otros que no, otros que todo lo contrario… Así llegamos a un status quo caótico que se resumen en que miremos donde miremos, alguien tiene una opinión “confrontada” con hechos “científicos” (recordemos la espantada de los últimos días sobre esos “correos de la infamia” que falseaban datos a favor del calentamiento) que al ciudadano de a pie no le soluciona nada y que lleva de una forma sistemática a engaño. A eso, hablando en claro, se le llama Desinformación. Mientras los ciudadanos estamos confusos sobre lo que pasa, ellos, tanto unos como otros, se buscan la vida para sacar tajada de donde sea. La última tajada interesante es la del mercado de CO2, auténtico hito en el procedimiento de “meter la mano en la saca”. Kyoto fue grande en ese aspecto, permitiendo el mercadeo de gases de efecto invernadero. Si alguien se preguntaba si alguna vez las corporaciones comerciarían con el aire, que sepa que lleva ocurriendo ya una década.

Que nadie se lleve a engaño. El hecho constatado (eso lo podemos apreciar todos por inspección directa sin necesidad de datos científicos) es que nuestra acción industrial fundamentalmente (añadiendo los transportes y algunas cosas más) es nociva, tanto para nosotros como para el planeta. Es de cajón y me da igual las cifras que se saquen por ahí al respecto: es un hecho empírico. Ahora bien, nosotros llevamos aquí dos días como quien dice (y “poniendo en peligro” al planeta, menos de dos siglos), y la Tierra ha tenido que enfrentarse a cataclismos mucho más impresionantes que la emisión masiva de gases invernadero (de hecho, así ha sido en varios episodios no consecutivos en estos 4.600 millones de años de vida del planeta, por lo que sabemos gracias a la geología), y hasta ahora hemos vivido en un remanso de paz respecto a lo que ha sido la vida planetaria en todo este tiempo. En este tiempo, la tierra se ha secado, congelado, inundado, arrasado por volcanes y terremotos, separados sus continentes y creado desiertos y selvas por igual de forma incesante. Los seres vivos han tenido que sufrir esto durante miles de millones de años (aunque los pluricelulados como tales sólo tengamos unos 800 millones de años). La vida ha afectado a la Tierra de innumerables maneras. Por ejemplo, si hoy día tenemos oxígeno es porque la cianofíceas se dignaron en empezar a hacer la fotosíntesis, consumiendo el dióxido de carbono para producir energía. El oxígeno es un veneno para la vida, eso ya lo sabemos: genera radicales libres y oxida las células, acelerando su muerte. Pero lo necesitamos para vivir. Si esas bacterias primigenias no hubieran causado el primer desastre biológico de la historia terráquea, ahora no estaríamos aquí, puesto que es el oxígeno lo que permite la creación de colágeno y por lo tanto la formación de seres pluricelulados. Y alguno se estará preguntando: ¿a donde va el Lainon con todo esto? Pues a lo siguiente.

Nos están acoquinando entre unos y otros con memeces de calibre máximo. Sí, la responsabilidad de la especie humana, siguiendo al Dr. Dawkins, es salvaguardar nuestro acervo genético, y eso implica, egoístamente hablando, que debemos salvaguardar el medio ambiente en el que vivimos. ¿Pero cómo vamos a hacerlo si constantemente nos bombardean con datos contradictorios y nunca definitivos? No existe ningún tipo de acuerdo en la comunidad científica sobre el problema, si es que lo hay, y por supuesto, de los políticos y los lobbies no te puedes fiar por definición. Y por supuesto tampoco de las corporaciones, pero tanto de las “contaminantes” como de las “ecológicas”. Recordemos que, sea cual sea el mercado en el que se mueva una corporación, su objetivo último e incuestionable es conseguir el mayor beneficio trimestral posible. Las corporaciones defensoras de las “energías limpias” son ahora mismo el negocio más en auge, y sus lobbies son poderosos. Las corporaciones “contaminantes” siguen peleándose su sitio y van a por todas en lo que se refiere a mantener su predominio energético, aunque sepan (porque lo saben) que debido a su propia esencia (energías no renovables, excepto las provenientes de biomasa), tienen que desaparecer en un cierto plazo aún no definido.

Mi conclusión es que, sintiéndolo mucho, no me caso con nadie. Entre unos y otros consiguen el objetivo final de todo este asunto: confundir a la población para que no seamos capaces de pensar racionalmente sobre la cuestión. Si a eso le sumamos la más que generalizada ignorancia científica de la población, conseguimos lo que los poderes fácticos quieren: que dejemos de pensar en los problemas y nos centremos, post-modernisticamente hablando, en nosotros mismos, y no le demos importancia a nada más. Además, la ciencia está quedando en entredicho porque no está sabiendo posicionarse correctamente en el problema, no sabiendo aportar los datos y pruebas fehacientes necesarias para que la población sea capaz de articular una opinión al respecto. Mientras este caos continúe, seguiremos enganchados al marasmo mediático proveniente de los lobbies, los soldados de fortuna de los gobiernos y corporaciones. Mientras, en Copenhague, nuestros jefecillos y sus acólitos se dedican a mercadear con nuestro aire (porque tengámoslo muy claro: su objetivo final no es solucionar el supuesto calentamiento global, sino simplemente comprar y vender CO2) a golpe de talonario y con unos canapés de caviar entre pecho y espalda, unas limusinas de la ostia y tomándose unas vacaciones pagadas por los ciudadanos y los nuevos impuestos ecológicos. Claro que, quien a estas alturas crea que nos representan de alguna manera, debería volver a la escuela y estudiar lógica, asignatura de la que parece que todo el mundo pasaba como de la m. en el instituto. Así nos va, claro.

Actualización:

ClimateGate: El Secuestro del Movimiento Ecologista y su Reconquista.

Actualización: interesante vídeo y artículo sobre como se captan a los “pro-ecologistas” (aunque esto en realidad vale para los pro-loquesea, simplemente en este vídeo se muestra como se capta a supuestos pro-ecologistas, con un sueldo anual bastante elevado, para hacer causa pública y en Internet). Esto hace preguntarte cuanta gente no hay pagada para promocionar determinados productos o ideas. En un reportaje sobre el tema vi hace tiempo que actualmente este tipo de marketing directo se está imponiendo a marchas forzadas. Lo que hace la necesidad…

Actualización: Artículo de The Guardian donde se especula con la posibilidad de que el mercadeo de gases de efecto invernadero sea dos veces superior al actual del petroleo en una década. A eso yo le llamo COMERCIAR CON EL AIRE.

Actualización: el biodiesel y semejantes tampoco son la solución. Bueno, ya lo sabíamos, contaminan tanto como el petroleo y además eliminan zonas de cultivo enteras (si es de primera mano, pero también lo han intentado con aceite de cocina y tampoco). En fin, ¿este fracaso, de quién es culpa? Yo ya paso de entenderlo…





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