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¿Qué es la Cultura?

Hay un artículo que me ha hecho reflexionar sobre una cuestión tan en boca de todos estos días: la Cultura.

Lady Gaga no es cultura | iGeorge’s.

Como dice el autor, hay cosas que son cultura y otras que no lo son. Pero claro: ¿qué es la cultura y qué no lo es? ¿Qué criterios hay para definir algo como cultura? En sus ejemplos, el autor del post dice que Lady Gaga no es cultura (cosa que comparto), pero que Los Beatles sí (cosa que también comparto). ¿Por qué uno sí y otro no? Esta es la cuestión interesante de analizar.

Cuando nacieron Los Beatles, muchos dijeron que eran bazofia, que no eran Cultura. Eran algo tan radicalmente nuevo como el rock en su momento, y para las mentes conservadoras de su época no tenía mucho sentido que unos supuestos artistas se dedicasen a una música tan extraña y a letras tan endiabladamente fuera del sistema. Pero han pasado a la historia como grandes artistas y creadores de un género musical, el Pop, que por otro lado se ha convertido en el género de masas por excelencia. El Pop de ahora no se parece mucho al de entonces, la verdad (con excepción de algunos grupos, especialmente algunos británicos, que han mantenido la tradición en cuanto a melodías y letras), y lo llamamos Pop por llamarlo algo, pero ellos fueron los creadores. Son Cultura con mayúsculas porque más de 40 años después de formación como grupo siguen siendo considerados los reyes del Pop y genios musicales.

Ahora bien, ¿qué ha creado Lady Gaga? Que sepamos, nada. Su estilo musical es una especie de pop mezclado con tecno bailable muy manido y que no aporta nada de particular. Como ella existen una gran variedad de artistas que hacen básicamente lo mismo una y otra vez. Varían un poco la melodía, otro poco las letras, y ya está, tienen una nueva canción. En mi opinión (yo también me considero artista, puesto que escribo libros y cuentos), eso no es crear cultura. Ahí va mi opinión al respecto: creo que crear Cultura es crear algo tan diferente y nuevo que se distinga del resto de forma y manera que pueda considerarse un nuevo paradigma. Y no sólo en arte, sino también en ciencia, política, religión, etc… Porque la cultura, según la definición de Wikipedia: “La cultura es el conjunto de todas las formas, los modelos o los patrones, explícitos o implícitos, a través de los cuales una sociedad regula el comportamiento de las personas que la conforman. Como tal incluye costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, vestimenta, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de creencias”. Es decir, la Cultura es lo que rige la vida de las personas en un momento dado de la historia y en un modelo cultural concreto. Se trata de un modelo de vida creado a lo largo de la historia de esa sociedad y que trasluce en un momento concreto de una determinada forma. Pero para que se forme esa cultura, han tenido que ocurrir momentos, circunstancias y avances que lo hayan hecho posible. Es decir, han tenido que ocurrir descubrimientos de nuevos paradigmas que han modelado la sociedad de una determinada manera. Los Beatles, por ejemplo, crearon el Pop. ¿Qué ha inventado Lady Gaga? Que yo sepa, nada. Su música es simple y llanamente una copia y extensión de otras anteriores que no aporta nada al momento cultural. Esto objetivando sobre Lady Gaga, pero claro, esto lo podemos extender a una cantidad de gente enorme, y poner una lista aquí sería parcial y sesgado por mis gustos (aunque comparto la lista del post que reseño arriba). También es enorme la lista de creadores culturales, desde el que inventó el fuego hasta el descubridor de la Teoría de Cuerdas. Todos los que de una forma u otra han creado o descubierto algo que ha hecho avanzar a la humanidad de alguna manera son sin duda creadores de Cultura.

Ahora fijémonos en el momento actual de la “cultura” en España. Por ejemplo, la música. Se dice que Chenoa, Miguel Bosé, Sabina, Rosario, etc, son creadores de cultura. Bien, según el razonamiento anterior, esto es falso. No han creado movimientos musicales nuevos, simplemente han ampliado los anteriores con alguna variación. No podemos asegurar, por ejemplo en estos casos concretos, que ninguno de esos artistas haya creado nada diferente de lo ya existente. Sí, cada uno tiene su estilo particular, sin duda, pero eso no es crear cultura. Así pues, ¿podemos decir de algún artista que haya creado cultura musicalmente en este país en los últimos 40 años? Probablemente los podamos contar con los dedos de la mano. Serrat es prácticamente el único que se me ocurre, al fusionar música y poesía de una manera muy particular y que ha sido muy imitado, pero que incluso no es algo que haya creado por si mismo, ya que eso se ha hecho siempre. Hace poco hablaba del Esperpento, la original forma literaria creada por Valle-Inclán, para defender la serie Padre de familia. Valle-Inclán fue un genio creador que hizo aparecer de la nada un nuevo género literario sin parangón anterior. Eso es crear Cultura. Ramón y Cajal descubrió la sinapsis como la forma de comunicación entre las neuronas. Eso es crear Cultura. Manuel de Falla creo algunas de las obras musicales imperecederas más importantes de los últimos 200 años en España. Eso es crear Cultura. El Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo es Cultura. Bienvenido Mister Marshall de Berlanga es Cultura. La movida madrileña fue Cultura. Y puedo seguir mucho más. Hay cientos de ejemplos de arte y ciencia que son cultura, no sólo nacional, sino mundial. ¿El Amante Bandido de Miguel Bosé es Cultura? ¿Opá, Voy a hacer un corral es Cultura? ¿Poker Face es Cultura? Pues permitanme disentir: racional y categóricamente, estas manifestaciones culturales (eso sí lo son), no son creadoras de Cultura. Son, como digo, simples manifestaciones de la cultura creada por otros antes. Por lo tanto, cuando estos señores y señoras salen a manifestarse al Ministerio de Industria diciendo que son “Creadores de Cultura”, deberían pensárselo bien antes de hacer semejantes aseveraciones, porque me da la impresión de que están exagerando en gran medida su papel en el mundo cultural. A lo mucho, puede decirse que forman parte de la industria cultural (de ahí que la verdad sea dicha, fue muy propio que se fueran a manifestar a Industria y no a Cultura). Y la industria cultural, como su nombre indica, está sujeta a las normas del mercado: oferta y demanda. Esto da para otro post y no me voy a alargar aquí con ello, pero todos entendemos lo que quiero decir.

Por terminar ya mi soliloquio, quiero simplemente resumir que para que haya creación cultural ha de haber algún tipo de originalidad, algo que no se haya hecho antes de ninguna manera parecida, para otorgar tal mérito a un artista, científico, etc…, con el detalle de que además pasará a la historia y será recordado por ello mismo. Cualquiera que quiera abrogarse el mérito de ser creador cultural debe también considerar si en su carrera ha creado algo que haya sido iniciador de un movimiento nuevo en la cultura, o haya permitido descubrir algo que haya supuesto un avance para la humanidad en algún sentido. Si no es así, yo les rogaría, más que nada para no seguir insultando la inteligencia del personal, que se quedasen en su casa, tal vez con la sana intención de investigar como conseguir ese algo nuevo que les permita autodenominarse creadores. Hasta entonces, hagan el favor de cerrar el pico, leñe, que ya cansan con tanta tontería.

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Una generación perdida

Hay muchas razones para pensar que la generación a la que pertenezco (entre los 30 y 40 años) es una generación perdida. Pero nunca nos paramos a pensar en las causas subyacentes. Ya he comentado varias veces las ideas que me han ido surgiendo sobre la cuestión, pero creo que este artículo resume de forma brillante esas causas subyacentes:

La generación ‘peter pan’ está hipotecada.

La cuestión es que a medida que lo leía no podía evitar reconocerme en algunos aspectos de lo que se iba contando, y reconozco también que algunos aspectos me avergüenzan. Pero tampoco pude evitar ver como muchos de los que conozco se reflejan casi clavados en todas o la mayoría de las ideas que se indican. A pesar de que he intentado de muchas formas diferentes salirme de esas reglas de grupo, es inevitable sentirse identificado al menos con algunas de ellas.

Y el problema fundamental es que esto termina con la conclusión de que, efectivamente, estamos hipotecados. Hay otras muchas cosas en este mundo que nos han hipotecado: el estado del mundo, en general, nos está llevando a una debacle social importante. Y lo más cuestionable de todo es que hemos sido nosotros, esta generación, la que lo ha permitido. Estamos más preocupados por nuestro onanismo mental que en la realidad en si misma. Es más, es la realidad lo que nos empuja a querer evadirnos cada vez más hasta intentar hacerla desaparecer, aunque sea sólo en nuestra cabeza. El mundo sigue estando así, aunque no nos guste nada.

Tope pesimista, ¿no? Pues sí. Y siguiendo la lógica, no sabemos como salir de esta vorágine. Estamos tan subsumidos en nuestra paja mental eterna que ya nos hemos sentado cómodamente para ver pasar la vida sin más. No tenemos donde sujetarnos. Lo que había antes se nos antoja tan asqueroso que no podemos seguirlo, pero al mismo tiempo somos incapaces de crear nuestros propios valores que afiancen una nueva sociedad. Aceptamos los que nos imponen. ¿Qué salida tiene esto? Entiendo las posibilidades, pero también veo que poca gente querrá aplicar las soluciones que den lugar al revulsivo que solucione el problema principal. Por lo menos espero que los que lean esto piensen un poco en ello y sirva para que, de forma individual, cada uno pueda aplicar paliativos a su propia situación. Pero que cosas digo…

No voy a hablar aquí de cánones, ministras ni P2P. Son temas ya muy manidos y muy tratados. Me gustaría referirme a un tema que se trata mucho menos y me parece más fundamental, porque en realidad, de ahí viene todo el problema. De ello deriva todo lo demás. Y es la renovación de la industria cultural. En la actualidad, esta industria no avanza, o lo hace sumamente despacio, porque ve como su sistema “infalible” para obtener beneficios de debajo de las piedras ya no funciona tan bien como antes. Hablo de esa industria que no debería ser una industria, pero que lo es: editorial, musical, fílmica, televisiva, etc…

Evidentemente no vamos a negar una verdad incuestionable: producir cultura cuesta dinero. Libros, películas, música… Producirlo, crear soportes, etc., cuesta dinero, y por lo tanto debe ser una empresa la que realice todas las gestiones para llevar a cabo un trabajo que un particular no podría hacer. Últimamente estoy muy interesado en el mundo editorial, y desde luego, publicar un libro no es moco de pavo. Desde que el autor crea el manuscrito hasta que vemos el libro en papel en una librería, hay todo un gran proceso que lógicamente debe llevar a cabo una empresa comercial. Y es cierto que los libros en concreto dejan márgenes muy estrechos (exceptuando las grandes tiradas de los grandes editores), con lo que muchas veces el precio de los libros, inevitablemente, se encarece aunque no queramos. Pero también hay una realidad patente: vivimos en la era de la tecnología digital y aún así, todo el mundo se sigue empeñando en editar en papel. Cierto que todavía no se han popularizado medios digitales adecuados para la lectura sin libro, pero podemos leer en el ordenador, el notebook, el netbook, y los actuales e-books digitales son cada día más baratos (aunque por desgracia no hacen más que meterles DRM y cosas similares, destruyendo la magia del libro). Este mercado necesita renovarse en ese sentido, y parece ser que casi nadie quiere hacerlo, lo que va a redundar en que sólo aquellos que den el paso van a estar preparados para lo que va a venir en los próximos (pocos) años. Y es que Internet, como volveré a repetir después, está democratizando la cultura, y es ubícuo, con lo que podemos disfrutar de uso prácticamente desde cualquier sitio (tarifas abusivas telefónicas mediante).

Pero eso son sólo los libros. Si nos vamos a la música, ya es de sobra conocido que el mercado necesita una renovación inmediata. Productos como iTunes o Spotify son la avanzadilla (Spotify en concreto es un consorcio de varias discográficas que intentan renovarse de la forma más correcta posible, y están consiguiendo un éxito más que adecuado). Pero la mayoría de las empresas del sector no terminan de ver que su futuro está, una vez más, en la Red. Son pertinaces en su persecución del “delito” y no se dan cuenta de que no pueden luchar contra los millones que día tras día se saltan todo lo saltable para conseguir la cultura que demandan. Y es que no puede ser que el mercado de CDs permita un beneficio de entre un 100% a un 200% por unidad, y para que luego el artista (la mayoría) no reciba más que un 2% a 5% del beneficio final (y es un cálculo muy optimista). Esto da lugar a que muchos grandes artistas cada día saquen menos CDs y hagan más giras, que es de donde más beneficios directos pueden conseguir, como es lógico. La industria musical pues tiene dos vertientes: las grandes empresas que siguen queriendo conseguir los grandes beneficios por la jeta, y el artista, que debería también reconvertirse y optar por vías alternativas, como vender su música por iTunes o Spotify, entre otros medios, de manera que pueda obtener un beneficio directo mucho mayor por su obra. Las discográficas están en proceso de desaparición o conversión y lo saben, pero tienen que morir matando, claro.

Y que decir tiene la industria audiovisual. Aquí la discusión tiene muchas vertientes, sobre todo en un país como España donde, por algún motivo, a pesar de la gran creatividad que destilamos, sólo conseguimos sacar al mercado productos mediocres (en su inmensa mayoría, con excepciones, claro). Los que quieren llegar a algo se tienen que ir fuera necesariamente (véase Amenabar et al.), y es especialmente hiriente en el caso de la animación, por ejemplo. Lo primero de todo, en mi opinión, es eliminar las subvenciones, o en su defecto, orientarlas a los trabajos de calidad. No es de recibo que se subvencionen auténticos engendros tipo “Já, me maten” y cosas por el estilo. Entiendo que los señores políticos del ministerio de cultura no tienen porque saber apreciar de primeras una buena obra de arte, pero vamos, de ahí a eso otro hay un trecho muy, muy grande. Actualmente las subvenciones son sólo una forma de pagar a los amigos del gobierno para realizar películas inmundas que saben que no van a tener ninguna repercusión en el mercado ni local ni extranjero. Los pocos que se pueden autofinanciar, como Almodovar, van a su bola y lógicamente hacen lo que quieren. Pero ahí tenemos otro problema: el cine español está plagado de putas, yonkis, maricas y amas de casa jodidas. Espero que se me entienda bien: esa es la realidad y debe tener su sitio en el cine, desde luego. Pero no el 70% del mercado. La gente no va al cine para ver realidad: va al cine precisamente para desprenderse de esa realidad que le aturulla el 100% del año. Quieren evadirse, ver realidades alternativas, otras posibilidades que les hagan soñar. Por eso el cine americano triunfa y el nuestro no, tan simple como eso. De todas formas, este mercado también tiene otro problema: el producto lo realizas una vez, pero después puedes copiarlo y reproducirlo las veces que quieras, y aún así, siempre tiene el mismo coste. Entiendo que toda empresa se crea con el único objetivo real de conseguir beneficios, pero estas empresas, como los otros tipos que hemos mencionado antes, también se dedican a la cultura, con lo que deben poder compenetrar ambos aspectos de una forma coherente y sincera. En otros momentos ya he mencionado el tema televisivo así que no me voy a repetir aquí.

Hay un hecho evidente en estos momentos y es que estos mercados tienen que renovarse en la dirección correcta. El gran problema es que intentan que sea la demanda la que se adapte a ellos y no al revés, como es lo normal. En cualquier mercado libre, la oferta se ajusta a la demanda porque tiene que cubrir esa demanda. Lo que pretenden en la industria cultural es justamente lo contrario, que la demanda se adecue a su oferta y en las condiciones que ellos quieran, y las cosas no funcionan así. Siempre ha sido la oferta la que se ha tenido que adaptar a los tiempos, y ellos pretenden justo lo contrario. Quiero mencionar aquí el caso del streaming, la capacidad de ver y oír materiales audiovisuales sin descargar, desde cualquier sitio, sólo con una conexión a Internet. Es un medio que está ganando adeptos a diario porque es una forma sencilla y barata de conseguir conocimientos y cultura de una forma directa y sin ambages. La TV, la música y el cine van a tener, inevitablemente, que adaptarse a este tipo de forma de difusión, ya que va a ser la preferida incluso por encima de la descarga (normalmente, el streaming permite también la descarga una vez visto, cosa que hacemos todos si nos ha gustado algo, excepto casos como Spotify).

Como conclusión, decir que esto son sólo mis apreciaciones, pero son apreciaciones basadas en lo que veo a mi alrededor cotidianamente. No estamos hablando de un futuro alternativo de 25 años en adelante, estamos hablando del presente más rabioso. Pero ellos no quieren verlo, siguen ensimismados en su mundo de piruletas monetarias que saben muy buenas, y como los dulces, quieren más y más todo el tiempo, como un niño cuando descubre las chuches. Y piden chuches constantemente porque son adictos al azucar. Bien, pues estos adictos al dinero deberán reconvertirse o morir, igual que ha pasado a lo largo de toda la historia con todas las profesiones habidas y por haber. Ayudémosles un poquito y hagamos que todo sea más rápido: veamos más streaming, descarguemos más material que nos interese, leamos más en PDF o similares que en papel, etc… Que vean que las cosas van por ahí, inevitablemente. Al final, como no puede ser de otra forma, terminarán pasando por el aro. Otro remedio no les queda.

SGAE vs Mundo real

Quería hacer una reseña a este post sobre casos prácticos de la SGAE. Ya he visto unos cuantos parecidos, pero sólo por darle publicidad al problema en si que representan las organizaciones de derechos de autor merece la pena publicar alguna vez cosas como esta.

La lacra social y cultural que suponen SGAE y demás instituciones por el estilo (privadas, no controladas de ninguna forma por el estado) son un problema que además el gobierno de Zapatero ha propiciado y madurado desde el 2004 de una forma más que visible y extensa, llevándonos a la situación actual de desbarajuste total en todos los sentidos. Para los que nos gusta la cultura (especialmente la de calidad), la presencia de estos energúmenos es doliente y crea pereza social. Están desvastando el acceso a la cultura de la mayoría de la población, y como sabemos, eso genera desigualdad e ignorancia. Una estrategia más de los neocon (sí, ZP, eres un neocon disfrazado de rojo, igual que todos los demás).

Nos están obligando a la desobediencia civil. Nos están obligando a, conscientemente, saltarnos las leyes que promulgan para proteger sus derechos económicos. Además, son unos hipócritas, puesto que estoy convencido al 100% que ellos también se descargan lo de otros, y lo comparten. Son odiosos y debemos odiarlos. Debemos excluirlos de la sociedad que queremos construir, expulsarlos y vivir sin ellos. Si no, nunca llegaremos a nada.

Opera: La Traviata

Folleto de La TraviataAunque algo tarde (mardito trabajo), os comento lo que fue mi asistencia a la representación de La Traviata este domingo en el Auditorio de Zaragoza. Aunque me gusta más la música orquestal (no existen óperas en español, lo que hace que para muchos de nosotros pierda parte de su interés), lo cierto es que pillas el truco enseguida, y por suerte unos libretos bien editados ayudan a seguir la función con más o menos posibilidades de enterarte de algo. Así que a continuación paso a comentaros lo que fue la historia y después mi crítica personal.

En la Italia de los años 1840-50 (más o menos), Violetta da una fiesta para sus amigos y allí le presentan a Alfredo, un joven apuesto que cae inmediatamente rendido a sus pies tras unos coqueteos. Ambos terminan enamorándose pero Violetta se resiste a ligarse a Alfredo ya que se considera una mujer libre y no entra en su pensamiento en esos momentos comprometerse con otra persona (muy adelantado para la época). Tras la fiesta Alfredo y Violetta hablan de amor y Violetta lo despide, en realidad ansiosa por el encuentro.

Tras la escena de la fiesta (el primer acto), vemos a Violetta y Alfredo juntos en su casa de París. Ha pasado ya un tiempo y viven juntos, pese a lo que parecía un rechazo inicial en la fiesta en que se conocieron. Alfredo se muestra feliz de vivir con su amada y no duda en manifestarlo a los cuatro vientos. Después, mientras Violetta se encuentra sola escribiendo unas cartas, aparece Don Giorgio Germont (padre de Alfredo) exigiendole que deje a Alfredo, ya que su fama como cortesana puede ensuciar el futuro compromiso de su hija, al estar relacionada con Alfredo. Ella, que intenta resistirse a las palabras del padre, al final se rinde, y escribe una carta a Alfredo diciendole que le abandona, ya que quiere volver a su antigua vida de cortesana. Alfredo recibe la carta de Annina, la doncella de Violetta, y antes de abrirla ya intuye lo que dice ya que no ve a Violetta por ninguna parte. Al leer la carta, le parte el corazón, y aunque su padre, intentando mitigar el dolor de su hijo inútilmente.

Algún tiempo más tarde, Alfredo y Violetta vuelven a encontrarse en otra fiesta, pero esta vez Alfredo la denigra y la pone en evidencia delante de sus amigos, tirándole dinero a la cara “en pago por los servicios prestados” (incidiendo en su condición de cortesana). Ella, avergonzada, sigue negando su amor, pero a sabiendas de que el padre de Alfredo está por allí y no dejará que vuelvan a juntarse.

En el tercer y último acto, Violetta yace en cama consumida por una grave enfermedad. Se lamenta de lo vivido y de no haber sido valiente para manifestar su amor por Alfredo. El médico le tranquiliza recomendándole reposo, pero en un aparte le confiesa a Annina que le quedan pocas horas de vida. De fondo se escucha el carnaval, representando el renacimiento tras la caída. Al tiempo llega Alfredo, que va en su busca ya que su padre, arrepentido, le ha confesado la verdad. Intenta reconciliarse con Violetta y juntos hacen planes para que ella se cure y puedan vivir felices. Sin embargo, Violetta vacila, la enfermedad la consume y tras declararse amor eterno, ella cae muerta, consumando la tragedia de los dos enamorados.

Una obra maestra de la música, con momentos realmente memorables (sobre todo en el primer acto hay partes orquestales antológicas), que dispuso en escena hasta 250 participantes (entre actores y coros), aunque tengo que decir que no fue tan bien como debería haber sido. Vamos por partes. La soprano Minerva Moliner (Violetta) estuvo correcta, aunque no derrochó interpretación por los cuatro costados. Mucho menos afortunado estuvo Gastón Rivero (Alfredo), que no sacó ningún partido al personaje, y se le vio la mayor parte del tiempo demasiado hierático, muy poco expresivo. Caso aparte es el de Toni Marsol (Don Giorgio), que fue probablemente el mejor del grupo con una actuación con partes realmente muy buenas que dejaban el corazón en un puño. En ese sentido se puede decir que sin duda fue el mejor de la noche. En cuanto al resto de personajes, en realidad son pura comparsa en esta obra, ya que como mucho el papel más largo podía ser de 5 minutos. En cualquier caso fueron correctos y los coros hicieron efectivamente su trabajo, y como deben ser los coros: transparentes, ni se notaba que estaban allí (realmente no se les veía, ya que estaban tras un telón). La parte de vestuario y escenografía fue tal vez la peor de todas, ya que prácticamente no hubo variedad en los trajes y vestidos (el único que destacaba era el de Don Giorgio), y en cuanto al mobiliario y la puesta en escena, nada del otro mundo, y podría decirse que hasta muy austera. De todas formas el escenario de la sala Mozart del auditorio tampoco es para lanzar cohetes, así que mucho partido no se le podía sacar.

A pesar de los puntos negativos fue una buena velada, muy recomendable y aunque la ópera no sea mi fuerte, siempre se disfruta con los toques maestros del señor Verdi. Ah, y un punto para la orquesta, defendida con gallardía por el director Juan Luis Martínez.

Hasta los mismísimos me tiene el gobierno, y especialmente la grandiosa ministra de Cultura que nos ha tocado en suerte en el desgobierno de ZP. Pues no dice la piba que “para los ciudadanos no va a haber absolutamente ninguna restricción” en el uso de Internet (incluidas las descargas) y que “Los usuarios de internet no deben tener ningún miedo a que haya ningún tipo de restricción porque no la va a haber“. ¿Pués no es esta la misma que defiende a los lobbies SGAE y compañía y que ha estado haciendo constantes declaraciones sobre que las descargas de archivos en Internet eran ilegales y perseguibles? Como Rajoy ha dicho que denunciaría en los juzgados si se llegase a hacer eso, esta ha respondido con estas afirmaciones, pero… ¿Es esta la realidad?

No, señores, no. La realidad es que estamos a 5 días de las elecciones europeas y deben decirse según que cosas. Joder, no tenéis ni la más mínima vergüenza, ladrones. Desde que ha sido puesta la mujer esta en el ministerio no ha hecho otra cosa que bailarle el agua a las sociedades de autores y demás caterva, ¿y ahora nos viene con estas tontadas? Vale, paren esto que quiero bajarle de una patada del tren. No sólo no tiene usted vergüenza, señora ministra, si no que además nos toma por retrasados mentales, y ya vale de tantas tontadas, hombre. Que no somos imbéciles.

Sinceramente ya estoy hasta aquí de esta chusma. Vamos a demostrarles el día 7 que no los queremos, que se piren, que ya vale de tanta tontería. Que se me van los humos.

Japón y yo

Me gustaría que esta fuese una breve disquisición sobre algo que llevo dentro de mi desde hace años. Digo disquisición porque a pesar de que Japón ha sido para mi desde hace mucho un referente vital, también hay que reconocer que con sus pros tiene sus contras, aunque a veces duelan y no gusten.

Entre las cosas positivas tengo que decir que su cultura, tradicional y secular, su ambición, su amor desmedido al trabajo, su amabilidad y su deseo de superación son objetivos o cuanto menos actitudes que ya quisieran muchos para si. Y sí, lo digo en el país donde menos gusta de trabajar de todo el mundo si exceptuamos tal vez Jamaica, Cuba o cualquier otra república bananera. Mi pasión por Japón comenzó al descubrir el manga (cómic) y la animación que tan buenos momentos me ha reportado desde hace 15 años. Y ya antes, al descubrir parte de su historia, sobre todo relacionada con la II Guerra Mundial, mi punto de partida que hizo a su vez que me enamorase de la Historia. He tenido el placer de conocer a japoneses y japonesas tanto en vivo y en directo como por Internet, y mi relación no ha podido ser más satisfactoria.

Por otro lado, están las cosas que no molan tanto. La caza de ballenas es uno de los puntos que más me fastidian. No soy ecologista radical, pero ese es un punto que no llevo demasiado bien. Sé que tienen sus razones, de tipo socio-económico-político, pero lo cierto es que no realizan ningún tipo de esfuerzo por conseguir dejar tal práctica asesina. El que tengan pena de muerte tampoco dice mucho a su favor, aunque lo cierto es que lo aplican en muy contadas ocasiones, con una diferencia abismal respecto a lo que son los colegas americanos. Y que decir tiene de algo de moralidad más que cuestionable pero que no sé hasta que punto no deberíamos bajar la cabeza, como es el Enjo-kosai. Por resumirlo, prostitución adolescente. Allí es algo tan generalizado que incluso se realizan campañas para concienciar a las jovencitas de que no lo hagan. Pero el que allí sea práctica de uso común no significa que aquí tampoco exista. No es una prostitución al estilo clásico, con chulos y esas cosas. Las chicas simplemente son “señorita de compañía” y aceptan regalos o dinero por estar con hombres. Es una forma de pagarse sus vicios. Aquí, como en otros países de nuestro entorno, también ocurre, y en realidad más de lo que pensamos, así que lo mismo no deberíamos gritar demasiado alto no sea que se nos oiga.

Podríamos seguir con los pros y contras, pero es un país con tantos contrastes que resulta complicado dar todas las razones por las que sigo pillado por él. Sólo espero que algún día pueda realizar un viaje como es debido al Sol Naciente y poder ver, al menos una vez, lo que se supone que me estoy perdiendo.

Importe del canon digital

Quisiera recomendaros la lectura de este post sobre el canon, y los precios que se han impuesto ya a los productos de consumo relacionados con la electrónica. Son, desde luego, un impuesto más que desgraciadamente no va a las arcas del estado, si no a los bolsillos privados de unos pocos que se lucran a nuestra costa. No venden ningún producto, simplemente rascan y rascan nuestros bolsillos inmisericordemente. No defienden la cultura ni el arte, sólo sus cuentas bancarias. Hoy por hoy, sólo el 25% de los miembros de la SGAE llega a recibir algo de lo que cobra esta organización (y que decir del resto de organismos del mismo tipo). Al resto, casi les cuesta más dinero de lo que llegan a ingresar. Se da la paradoja de que cuando un grupo quiere grabar su disco, gastan un dinero que luego no llegarán a cobrar nunca. Es un círculo vicioso incluso para los principales interesados.

Hartura de artisterío

penelope_cruzEstaba pensando en escribir sobre algo que me tuviera muy harto. A veces es la mejor manera de criticar: la hartura es un medio eficaz de racionalizar un suceso o acontecimiento, negativamente, claro. Y estoy hartuno de los “artistas”. Yo me considero amante del mundo del arte, porque es una de las mayores representaciones de la elevación intelectual humana. Sí, esa que practicamos tan poco. Pero al caso. La cuestión es que junto con los artistas de verdad existen las garrapatas del mundo del arte. Gente que no hace nada original, decente, bueno o siquiera artístico aunque ellos digan lo contrario. Mencionar nombres queda feo, pero para mi un actor es, por ejemplo Harrison Ford o Imanol Arias. Una actriz es Nicole Kidman o Maribel Verdú. Un cantante es Freddy Mercury o Nino Bravo. Sólo por poner ejemplos. Es decir, gente a la que podemos considerar que tiene talento artístico y lo manifiesta. Pero luego nos encontramos con los tipicos casos, Seguir leyendo »





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