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Muerte súbita

Me he resistido a escribir al respecto de esta noticia un poco por respeto y otro poco por vergüenza, pero ya no lo he podido aguantar más. Ayer, por enésima vez, los “deportes” de Cuatro volvieron a dedicar medio programa al sepelio y entierro del futbolista Daniel Jarque. Vale que no hay más cosas que emitir, pero por favor, dejemos ya que el chaval descanse en paz y volvamos a la realidad. Es una putada que te pase algo así, desde luego, que estés tan tranquilamente y al momento se acabó. Dejemos ya de mediatizar un triste incidente que en cualquier otro momento del año no hubiera cubierto más que un par de días de las páginas deportivas y poco más. Pues no. Los homenajes aparecen en portada de los periódicos como si hubiera muerto poco menos que un jefe de estado. Sin querer quitarle ningún merito al hombre, creo que no estamos pasando ya con el morbo que somos capaces tanto de emitir como de absorver.

Es curioso que el fútbol es un deporte en el que en los últimos años este tipo de cosas llevan pasando con una cierta asiduidad. Cuando yo era un chaval (entonces estaba más al loro del fútbol y de lo que se cocía, y de quién era quién), estas cosas no pasaban. Incluso los que iban pasado de coca como Maradona aguantaban como campeones (si no, no estarían entre nosotros). Resulta que hoy día los jugadores pasan interminables sesiones médicas para determinar posibles males y enfermedades, y sin embargo cada día más pasan estas cosas. Insisto en que no deja de resultarme curioso que se dejen pasar este tipo de cosas. O que pasa, ¿sólo les hacen las pruebas cuando les fichan? ¿El resto del tiempo ya no importa? Debe ser algo de eso a la vista de las circunstancia.

Esto me da que pensar. Yo no soy deportista (aunque en mis años mozos se me daba bastante bien el medio fondo) y estoy muy desconectado de esa realidad, pero parece evidente que ser deportista de élite tampoco te garantiza una salud de hierro de por vida. Los esfuerzos a los que se somete al organismo, considero que además de forma muy innecesaria (y los futbolistas tampoco son los deportistas que más se cansan jugando) pueden llevar a situaciones límite de forma muy inquietante. Se nos dice que hay formas mejores de vivir y estar saludables, pero luego pasan cosas de estas y te preguntas si es cierto. Verdad es que la incidencia es nula entre los que practican deporte ocasionalmente, pero si estás chungo del corazón por decir algo te puede pasar con el deporte, con el sexo o dando un paseo. Sólo pido una cosa: DEJAD AL POBRE CHICO YA EN PAZ, LEÑE.

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Finito. Hoy terminan las olimpiadas, y todo el pescado se ha vendido ya. Como es habitual, España ha quedado en una posición relativamente discreta con 18 medallas (dos conseguidas hoy), lejos de las veintitantas que se decían que se iban a ganar, siendo la mayoría de plata (10). Hoy estaba viendo precisamente la segunda parte de la final de baloncesto y la verdad, aunque no han jugado mal, cometían los fallos suficientes como para no poder ganar a los americanos. Es una plata merecida. De todas formas, echando la vista atrás, se puede decir que la mayoría de las platas han sido merecidas. Como las de David Cal, que en las preliminares a sus finales lo hacía todo estupendamente, pero luego en las finales o salía mal o luego en la carrera se lo montaba de pena y terminaba segundo. No sé muy bien como nos lo montamos los españoles pero siempre terminamos haciendo este tipo de cosas. Vamos estupendos y siempre pinchamos al final, y muchas veces, cuando ganamos, ganamos muchas veces de coña, como pasó el primer día en ciclismo en ruta o en el K2 de piragüismo, que ganamos por 3 malditas décimas. Las olimpiadas demuestran quien es una potencia en según que deportes y quien no. Y España sigue siendo una potencia de segundo nivel en la inmensa mayoría de los deportes. No es una crítica fácil al uso, lo demuestran las medallas y los manejos que hemos hecho a lo largo de la competición. Las olimpiadas son el summum de las competiciones deportivas, donde se demuestra quien es mejor de verdad, más que en un mundial o en una competición continental.

Y que decir de China. Totalmente irreal. Es muy evidente que han sacado pecho por ser los anfitriones, y han tenido 8 años para conseguir localizar a sus campeones entre más de mil millones de personas. Han actualizado sus sistemas de entrenamiento y han conseguido lo que hasta ahora había sido imposible. Probablemente no volverán a conseguir semejante palmarés ni de lejos, pero que les quiten lo bailao. Las 93 medallas (49 de oro) les dan un primer puesto probablemente poco merecido, pero claro, las cosas se demuestran en la cancha, y la cancha es inapelable. Más realista hubiera sido que no hubieran conseguido tantas de oro. Y los USA han vuelto a estar en los niveles habituales, con 106 medallas, aunque menos de oro que China, con 36. En fin, han estado arriba los que tenían que estar, mientras que nosotros nos hemos quedado en una digna posición 14.

Pero estos juegos han tenido otro tipo de dimensiones, que ya hemos indicado en artículos anteriores en este blog. Política, economía, cultura… Han sido unos juegos muy politizados, llegando a niveles como los del 36 de Berlín o los del 80 de Moscú. Lo habitual cuando quien celebra unos juegos es una nación dominada por una dictadura, en este caso de un partido. Muchas son las razones por las que China no debía haber celebrado las olimpiadas, pero ahora se queda en lo puramente anecdótico, pasadas las aguas, más turbias que otra cosa, con esa exaltación del nacionalismo y esa solapada continuación de la presión interna contra los grupos, los separatismos y los que piensan diferente. Los deportistas tampoco demuestran tener mucha mejor ética, ya que les da igual jugar en una democracia que en una dictadura, y les da lo mismo conseguir sus éxitos bajo la represión que en la libertad del mundo libre. Algunos han hecho boicot, y eso les hace merecedores de nuestro aplauso, pero claro, a ver como se explica al mundo que por mucho que se celebren las olimpiadas, sin deportistas no hay nada.

Las siguientes son en Londres, al menos volvemos al mundo civilizado y democrático. No digo que China no sea civilizada, pero mientras siga el status quo actual dudo mucho que el menda quiera saber nada de ellos a ningún nivel, por mucha potencia económica mundial que sea. Ojalá (eso es lo que parece que está planteado) se vuelva a las antiguas costumbres olímpicas en todos los sentidos, sin tanta artificiosidad y maniqueísmo patente como hemos vivido durante dos semanas. Ah, y ahora recuerden que tenemos las paraolimpiadas, donde las personas con problemas físicos o psíquicos se enfrentarán, y donde los juegos suelen ser un poco más de verdad que con sus homólogos “sin problemas”. De hecho que yo sepa nunca le ha ido mal a España en las paraolimpiadas. Va a resultar que nos va mejor con nuestros amigos paralíticos que con los que tienen todos sus miembros sanos. No es malo, simplemente deberían llamar la atención de los deportistas, que muchas veces van de divos y luego deben bajar la cabeza. Espero que tengan como mínimo la misma suerte que hemos tenido hasta ahora.

Falsedad olímpica

Mucho se está hablando estos días sobre la inauguración de las olimpiadas. Resulta que la ceremonia como tal debió ser más que nada mucha realidad virtual, donde las imágenes del estadio no eran tales y los fuegos artificiales poco menos que inexistentes en su inmensa mayoría. Hasta la niñita que aparecía cantando no era la que cantaba realmente. Pase porque fuera un playback, pero es que ni siquiera la niña que cantaba era la que apareció ante nuestras pantallas. Vamos, que en general puede decirse que fue una engañifa.

No es que esto sea mejor o peor. Bueno, visto por el lado más cínico, puede decirse que todo este tinglado ha sido una extensión de la falsedad olímpica en toda su dimensión. Ya critiqué hace una semana los juegos por parecerme poco menos que algo fuera de lugar respecto a lo que fue en sus inicios. La política, la economía y los intereses mundiales priman en la cita deportiva más importante del mundo. Cada inauguración debe ser cada vez más espectacular e impresionante y claro, los chinos han optado por la ayuda informática para conseguir su efecto televisivamente hablando. Porque en el estadio podía haber fácil 100.000 personas, pero viéndolo por televisión podría haber miles de millones, con lo que primó sin duda el efectismo con una suspensión de la credulidad inverosímil a la realidad, menos visible y espectacular. Está claro que las siguientes ceremonias van a tener que seguir el mismo curso de acontecimientos si quieren estar a la altura.

En cualquier caso, nos encontramos con los juegos posiblemente más artificiales de la historia. Esta mañana estaba viendo las pruebas de atletismo, de lo más interesante que tienen unos juegos, y ahora los jueces ya no ven las salidas falsas a ojo, como antes, sino que se guían por quien ha presionado los clavos de las zapatillas más fuerte antes de que se hiciera el disparo de inicio de las pruebas. A los corredores de maratón se les seguirá por GPS, y en natación las marcas están totalmente controladas en cuanto rozan la meta. Cierto es que ahora las marcas son cada vez más ajustadas y que las sorpresas son menores que antaño, pero ahora no vale mentir a la foto-finish: un ojo electrónico estará observando a los deportistas en todo momento, estando todo totalmente automatizado de principio a fin. En definitiva, todo es poquito más artificial y falso en las olimpiadas. No digo que la peña tenga que correr desnuda como hace 2.000 años, pero vamos, que la autenticidad se pierde a pasos agigantados con cada nueva olimpiada. Que le vamos a hacer.

Aunque sólo sea por que es lo actual me gustaría hacer un comentario al respecto. Ya sé que las cosas no son como antes, y que los juegos olímpicos deberían representar la unidad de los pueblos por la paz, pero sabemos que hoy día eso ya no se respeta. En la antigüedad, todos los pueblos que querían acudir a las olimpiadas tenían que detener sus guerras y firmar tratados de paz. Ahora mismo ni el pepe deja sus conflictos militares por el bien de su participación en los juegos. También es cierto que los propios organizadores no hacen nada al respecto: no impiden a los países sumergidos en conflictos la posibilidad de participar, con lo que aquí hace todo Dios lo que le da la gana y así va el tema. Los juegos olímpicos ya no son lo que eran, y antes tenían un prestigio que ahora lógicamente no tienen.

Porque qué decir de la repercusión mediática. Todo lo controla el COI, que no permite que absolutamente nadie intente ir por su cuenta en el suculento negocio de las televisiones, radios, prensa… Por no hablar de los deportistas que van con patrocinadores, cosa que realmente no es legal olímpicamente hablando pero que ocurre. Se generan una serie de desbarajustes que lo único que hacen es que cada vez menos gente tenga respeto a las olimpiadas, que deberían ser un momento álgido para la humanidad y que resultan ser quince días que, excepto para los deportistas, para la mayor parte del mundo pasa sin pena ni gloria.

Recuerdo que de chaval todo el mundo quería ver las olimpiadas porque eran un momento deportivo álgido. Ahora, encima, el COI ni siquiera tiene en cuenta para elegir al país que sea una nación donde se respeten los derechos humanos o que no tenga conflictos armados pendientes. Interesaba que fuera China por su alto potencial y sus características económicas en el nuevo mundo neo-liberal. Con esto, el COI ha dado la patada definitiva a sus principios y simplemente ha dado la razón a los críticos, haciendo que, eso sí, sean unas olimpiadas supertecnológicas y la leche en verso deportivamente hablando. Pero ya no tiene los valores y principios de antes. Y eso se nota mucho. En fin…





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