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Fragmento literario II

A continuación, otro fragmento de la última novela que estoy escribiendo. Disfrútenlo.

Dirmes avanzaba pesadamente por los rincones de la ciudad, despacio, no parecía tener prisa. Estaba intentando evitar lo inevitable, y en un callejón, se apoyó contra la pared ya que la carga se le hacía cada vez más y más pesada, hasta hacerse totalmente insuperable. No podía seguir andando. Se sentó contra la pared bajo una especie de pasadizo que unía dos calles, totalmente oscuro, sólo iluminado por unos candiles en ambos extremos, muy tenues y escasos. Se encontraba débil, pero sabía que no era su cuerpo, sino su mente la que le estaba jugando tan mala pasada. No quería avanzar, a pesar de que la obligación le impelía a continuar, aunque en ese momento no estaba en disposición de hacerlo. Se tumbó sobre su costado derecho, casi sin aliento, y comenzó a llorar. Se sentía terriblemente mal, y la encrucijada le impedía tomar una decisión en un momento en que ya no había opción posible. O seguía o lo dejaba definitivamente. Pero la bomba ya estaba activada. Por construcción, no se podía detener. De él dependía si lo haría en su destino natural o en cualquier otro lugar. Habría una gran destrucción igualmente, aunque probablemente la segunda opción sería menos mala, dentro de lo terrible que era causar toda esa muerte y desgracia en la población. Era una bomba ciclotónica, con lo que la destrucción en un kilómetro a la redonda estaba garantizada. Sollozó como un niño durante unos minutos, sin voluntad para levantarse y continuar. Tras esos instantes de desplome personal, sintió como una mano se posaba en su brazo izquierdo. Alertado, giró la cabeza, sintiendo una cierta vergüenza por aquella situación tan lastimosa, pero los ojos empañados en lágrimas no le permitían enfocar adecuadamente a la persona que le estaba tocando.

-Dirmes, querido, ¿qué haces aquí?

Aquella voz le sonaba conocida, pero en ese momento de emoción no sabía porqué. Intentó enjuagarse las lágrimas para poder ver a su interlocutora. Cuando se tranquilizó un poco, pudo ver la figura de una mujer, pero las tenues luces le impedían vislumbrar correctamente a la persona que le hablaba.

-Debes continuar con tu labor, Dirmes, es importante que lo hagas.
-Qui… Quien eres…
-No importa, querido, no importa nada quien soy… Sólo debes terminar tu trabajo.
-Señora, yo… Yo no puedo…
-Es terrible lo que tienes que hacer, lo sé, y ojalá no tuvieras que hacerlo, porque va a crear una gran desolación, pero es el destino de esta ciudad, que ha perdido todo rastro de sus tradiciones y la grandeza que tuvo en otros tiempos… Van a llegar tiempos terribles, los dos lo sabemos, pero a veces es necesario para limpiar los rastrojos… Levántate, Dirmes, levántate y continua adelante. Hazlo por Philonia.

(Ver fragmento literario I)

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Cuento: Connie

Os quiero presentar la primera parte de un cuento que tiene ya unos añitos pero que fue de lo primero en plan ciencia ficción que escribí. Es una historia de robots, cosa que me ha mareado mucho desde entonces, y es que he terminado escribiendo bastante sobre el tema, literariamente hablando, claro.

Básicamente los temas son la vida y la esperanza, pero también su pérdida. Y también la visión que tenemos de los demás. Muchas veces no nos percatamos, pero nos olvidamos de que los demás están ahí, que tienen su vida, sus circunstancias, y que todos aprendemos de todos inconscientemente. Connie es, de alguna forma, un avatar de todos nosotros.

Espero que os guste, y como siempre, espero vuestras críticas.

Cuento: Connie (I)

Lo prometido es deuda. Os presento el primer cuento de los que quiero ir publicando poco a poco. No es ni mucho menos mi primer cuento. Este lo escribí para un concurso que nos montamos unos cuantos en Barrapunto hace unos años, donde había que presentar relatos ultra-cortos relacionados con las tecnologías. No gané, pero recibió muy buenas críticas. Espero que os guste a vosotros también.

Cuento: Te quiero.

Fragmento literario

A continuación quiero incluir un pequeño fragmento de la última novela que tengo por acabar. Está aún por rematar. Si algún día consigo terminarla, sereis los primeros en saberlo… 😉

Al encontrarse a unos pasos de la casa, se notaba su vejez y mal aspecto por los cuatro costados. Estaba a punto de caerse bajo sus propios huesos triturados, si es que tenía. Se fijó también en que una luz temblequeaba escapando por una ventana sin cristales, y con mayor interés y también temor, se acercó despacio, intentando inconscientemente no ser descubierta. Deformación profesional, una vez más. Su mentalidad militar influía en cada situación de su vida, pero a veces pensaba que era un comportamiento un poco tonto en muchas ocasiones. Eficaz, le gustaba pensar. Al ir acercándose, escuchó una especie de melodía, canturreada muy bajo, como si se intentara susurrar a un niño dormido. Parecía una voz joven, delicada, lo que le hizo temer que no fuera ella. Los temores se fueron convirtiendo en certezas, y descorazonada, pero con ánimo, decidió entrar, apartando despacio la puerta y dando un solo paso dentro de la casa. Al mirar dentro, se encontró con algo inesperado. Dentro de un moisés yacía un crío, de unos meses de edad, balanceado suavemente por una nana[1]. La nana se giró y vio sorprendida a Sabrina, que estaba ante ella. Sólo la luz de una vela iluminaba la estancia, y las sombras que proyectaba se difuminaban demasiado para poder apreciar los detalles. Sin embargo, Sabrina pudo apreciar que la nana no estaba uniformada como era habitual, algo que de hecho era un delito. Los cyborgs que estaban programados para tareas específicas debían llevar uniformes que se correspondieran con su labor. Pero este no parecía el caso. A no ser, claro está, que no fuera una nana. Cuando fue a preguntarle, la mujer se levantó y dio un paso hacia ella.

-Señora, siento que nos haya descubierto. La señora no ha venido aún, y lleva mucho tiempo fuera.

La impresión que le dio es que efectivamente sabía quien era. Eso asustó a Sabrina, que no entedía lo que pasaba.

-¿Quién eres? ¿Por qué me conoces?

-Soy Sandra, y soy nana. Ahora mismo estoy cuidando del pequeño Morgan, por orden de su madre. Ella me dijo que tal vez usted vendría, pero… La verdad, me ha sorprendido. Estamos listas para marcharnos, pero la señora aún no ha aparecido y estoy preocupada.

-¿Quién es Morgan?-preguntó Sabrina desconcertada.

-Es el hijo de una mujer del barrio. Ella le pidió el favor a la señora de que lo cuidase, ya que fuera de la ciudad ella estaba sola y no podría hacerse cargo. Su madre, que es una buena mujer, aceptó. Y ahora espero a que venga, pero no debería tardar mucho.

-Vas a tener que explicarme algunas cosas, Sandra. Todo este tema me está fastidiando de verdad y algunas cosas no logro entenderlas.

-Me va a perdonar la señora, pero yo tampoco conozco los detalles. Sólo sé que mañana lo más tardar deberemos estar fuera de Novania, yendo a las colonias. No puedo decirle mucho más.

Estaba claro que su madre sabía que iría y no aparecería hasta que se marchase. Ante esta situación, no sabía que decisión tomar. Tenía que comprender lo que estaba pasando y sabía que su madre era una pieza del puzzle que le podría dar las indicaciones correctas. Ahora ya tenía la convicción de que algo malo iba a pasar, pero no entendía el qué, como y cuando. El donde estaba claro. Novania iba a ser víctima de un desastre… ¿Pero cuál? Apretó los dientes y gruñó y se desgañito durante unos segundos atenazada por el miedo y la sospecha. La nana, que no entendía lo que pasaba, se volvió hacia el niño e intentó que no se despertase. El viaje iba a ser duro y debía intentar que descansase todo lo posible.


[1] En Philonia, una nana es un cyborg programado para cuidar niños. Desde hacía mucho tiempo no se contrataban personas para esos menesteres, una vez que los robots tuvieron un desarrollo suficiente para esas tareas.

manchurianEste es el título de una célebre película de los años 60 protagonizada por Frank Sinatra (era buen actor además de cantante) y que trataba de como un hombre era manipulado por una extraña corporación con raíz sovietica que quiere conspirar contra los EEUU, y el protagonista, por medio de sus pesadillas, es el único que puede pararlo todo. Tuvo su remake, no muy acertado por cierto, en 2004 protagonizado por Denzel Washington. Todo esto viene porque últimamente está de moda que alguna corporación maligna intente dominar el mundo, especialmente en la TV: Prison Break, Heroes, Perdidos… Es el tema en boga en las series. En literatura también podemos encontrar casos, como en Los simulacros, de Philip K. Dick, en donde un supergobierno ejerce su poder sobre el gobierno de los EEUU, y parecen imposibles de parar. ¿Es ciencia ficción (o ficción a secas) o tenemos algo que temer al respecto? Seguir leyendo »





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