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Os presento un artículo que han modificado para incluir un comentario mío criticando una viñeta de El País. Sinceramente, el autor de esas viñetas debería plantearse cosas sobre lo que escribe, porque el seguidismo a los poderosos es patente:

¿La tierra solo puede mantener sin agobios a 2.000 millones de humanos? – Las Viñetas de ELPAÍS.com « NoticiasERB.

Los medios, ya los sabemos, los medios de desinformación masiva, tienen que ladrar cuando lo manda el amo. Pero espero de un dibujante de tira periodística que sea imparcial e incluso hiriente con los poderosos. Está claro que no es el caso. Recientemente he tenido que poner otro comentario por otra viñeta del mismo autor con otra falacia semejante. Y la verdad, empieza a cansar.

Hay dos verdades que quiero recalcar: no existe la superpoblación que tanto se cacarea, y que los países pobres lo son porque se evita su única forma de crecimiento: la alimentación. Si no nos damos cuenta de estas cosas, estamos condenados a no entender nunca el mundo tan complicado en el que vivimos.

xddddlp2Estupefacto me quedaba esta tarde mientras comía al ver tan reveladora escena: un ciudadano, bastante cabreado parece ser que con bastante razón, echaba un rapapolvo de narices a Conchita García Campoy, en directo y en máxima audiencia, en la tertulia política, llamando manipuladores a los medios nacionales (ellos incluidos, claro). Pero mi estupefacción no la produjo la amarga queja del ciudadano, sino la respuesta de la señora Conchita: que ni a él ni a nadie le iba a permitir nunca que les llamase manipuladores. Con dos cojones, sí señor.

La auto-denominada “profesional” Conchita García Campoy tuvo los redaños de espetarle algo semejante al ciudadano en cuestión. Como si, por arte de birbiriloque, por ser la presentadora de un programa nacional (cuyo 80% de contenido es todo cuchicheo y revista tipo “El caso”), tuviera derecho alguno a censurar lo que con toda la razón del mundo denunciaba ese ciudadano. Se pensará tamaña “profesional” que puede decirle a los ciudadanos lo que pueden o no pueden decir. Lo flipante de todo es que le dejasen hablar (el hombre empleó una argucia que intuyo cierta, diciendo que era padre de uno de los secuestrados en el “Playa de Bakio”) para decir eso en un medio masivo. Ole sus cojones. Sí señor. Para mi ese hombre es un héroe nacional.

Pues sepa usted, Conchita, que usted no es nadie para mandar callar a un ciudadano. Ni usted ni el rey, coño. Usted se ha ganado tener un televidente menos, simpática, por torpedear la libertad de expresión de un ciudadano que ciertamente representaba con su opinión a millones. Ahora él es un héroe y usted una villana, de las malas, de las de cómic rancio. Siga usted así, segregando imparcialidad y respeto a la libertad. A ver donde termina (aunque claro, estando donde está, probablemente no muy lejos…).

Por favor, lean esto antes de nada (es largo pero ilustrativo).

Rebelion. El País contra Teresa Forcades.

Ya anteriormente he hablado de esta señora, de su información y lo que quiere decir. Y sólo por afinidad de opiniones, estoy radicalmente a su favor. Naturalmente, era lo esperado: atacar a la fuente de la popularidad de la campaña anti-vacuna para, desprestigiando al sujeto, desprestigiar al movimiento. Pues no les ha salido especialmente bien. Y es que esta señora, doctora en medicina, tiene razones más que de peso para atacar lo que muchos sabemos desde hace tiempo que es un ataque contra nuestras libertades y derechos. Al parecer, según el ataque de El País, esta señora viene de conspiranoica (hay que leer los comentarios de los lectores al pie, algunos son sublimes), cuando lo que dice son verdades como puños, pero que obviamente ni a farmacéuticas (que se juegan sus dineros), ni a los gobiernos (que se juegan excusar porque han gastado millones de euros en vacunas que no se van a usar) les interesan en absoluto. Aquí es cuando muestran su patita y se les ve el plumero. Tanto a ellos como a los medios que los sustentan. Porque no puede existir una dominación mundial sin los medios masivos.

Teresa, tienes todo nuestro apoyo. Adelante.

Esta me acaba de sobrevenir, así, en medio de un quehacer. Hemos hablado aquí en varias ocasiones de lo manipulados que estamos, pero no terminamos de ver bien donde empieza y termina la manipulación. Para comprender la visión que tenemos de la realidad tenemos que comprender también como funciona nuestra percepción de la realidad. Porque, efectivamente, podemos tener múltiples percepciones de la misma realidad, o incluso generar percepciones nuevas que recluyen la realidad a unos mínimos, y eso, en gran parte, es culpa nuestra. O más bien, de nuestro cerebro.

Nosotros no percibimos las cosas exactamente como son. Todo lo que somos capaces de percibir son impulsos eléctricos que llegan a nuestro cerebro desde las terminaciones nerviosas de los sentidos. Y esos sentidos están limitados naturalmente a unos ciertos parámetros. Hasta aquí, todo correcto. Es decir, no podemos percibir, por ejemplo, la radiación infrarroja, cosa que algunos animales sí pueden hacer. O sólo percibimos ciertas frecuencias auditivas, mientras que muchos animales son capaces de oír hasta una ramita a un kilómetro de distancia. Ciertamente, estamos limitados en muchos sentidos. Y el cerebro vive escondido en una caja (nuestro cráneo), y sólo ve, oye y siente lo que le permiten los sentidos humanos. De hecho, nuestro cerebro, para sobrevivir, tiene que “completar” en muchas ocasiones lo que recibe porque lo recibe de forma incompleta o tergiversada. Y eso teniendo en cuenta sólo, lógicamente, lo que recibe.

Es por esto que tenemos la capacidad de fantasear, por ejemplo. Nuestro cerebro rellena los huecos como puede y eso nos ha permitido, en un momento dado de nuestra evolución, “crear” alternativas a la realidad que percibimos. Y también nos ha permitido, gracias  a la llamadas “neuronas espejo”, imitar y saber lo que piensan otros. Y eso, claro está, nos da la posibilidad de manipular a los demás, ya que tenemos la capacidad de “adivinar” empáticamente lo que los demás hacen o piensan. A lo largo de nuestra historia (esta habilidad tiene escasamente 50.000 años), hemos ido creando nuestras propias realidades alternativas, pero también hemos ido creando realidades alternativas para el resto de nuestros compañeros de viaje. Es la manipulación de la realidad, generalmente por parte de los poderosos, que ha sido así desde los inicios de la época histórica humana, e incluso antes.

Hace 5.000 años, un jefe tribal llegaba y decía: “los del pueblo de al lado nos quitan las ovejas. Vayamos a quitarles las ovejas a ellos”. Podía ser verdad, pero también podía ser mentira. En poblaciones pequeñas probablemente se sabría la verdad, pero en poblaciones más grandes (donde lo que ya importaba menos eran las ovejas y sí otras cosas como el dinero, las mercancías, los recursos básicos, etc…), la verificación perdía uniformidad, y era más difícil contrastar la realidad. Por eso los poderosos tenían una capacidad mayor de manipulación. “Los de la ciudad de al lado nos están robando las mercancías que llegan de lugares lejanos. Ataquémosles para recuperar lo que es nuestro”.  Y se formaban ejércitos para atacar al vecino. Si era mentira, poca gente se daba cuenta ni se cuestionaba, aunque por supuesto habría disidentes que se negasen, pero la coacción gubernamental impedía eficazmente toda disidencia.

En nuestros días, esto sigue siendo así, pero gracias a los medios de comunicación masivos, todo se agigantado mucho más. La manipulación es aún mayor porque esos medios llegan a absolutamente todo el mundo, y nuestra desintegración social es muchísimo mayor. Es decir, nuestros líderes crean realidades alternativas para nosotros, en las que se generan unos mínimos de supervivencia aceptables para la mayoría mientras se nos ocultan todos los manejos realizados por ellos constantemente. Nosotros consumimos esa realidad porque nuestra propia realidad es muy reducida. La realidad creada por nosotros es muy pequeña, prácticamente sólo nos afecta a nosotros y los más cercanos, mientras que la realidades creadas por los poderosos llegan a todos gracias a los medios. Y el efecto se incrementa porque, los que consumen esas realidades alternativas masivas a su vez afectan a los demás, incrementándose su efecto multiplicador también masivamente. Es decir, una vez que han conseguido introducir una realidad nueva factible, esa realidad queda instaurada y mantenida por nosotros mismos. Es tremendamente difícil enfrentar esas realidades alternativas a no ser que se consiga una masa crítica suficiente como para hacerles frente de manera eficaz. Internet ha conseguido en gran medida fomentar el criticismo, pero también puede servir, en las mismas manos que los que manejan el resto de medios, para extender las realidades alternativas. La lucha se produce, pues, digitalmente. Y esa va a ser la tendencia a partir de ahora. Los que consuman sólo medios tradicionales verán únicamente las realidades alternativas creadas desde el poder, mientras que los que consuman información en Internet (si la neutralidad de la red continua), tendrán varias visiones diferentes sobre la misma realidad, creándose un criticismo que de otra manera es casi imposible.

Termino recomendándoos la lectura de “El alma está en el cerebro“, de Punset, y el artículo “El control de los medios de comunicación“, de Chomsky, que son más explícitos y concretos sobre todas estas cuestiones.

Muerte súbita

Me he resistido a escribir al respecto de esta noticia un poco por respeto y otro poco por vergüenza, pero ya no lo he podido aguantar más. Ayer, por enésima vez, los “deportes” de Cuatro volvieron a dedicar medio programa al sepelio y entierro del futbolista Daniel Jarque. Vale que no hay más cosas que emitir, pero por favor, dejemos ya que el chaval descanse en paz y volvamos a la realidad. Es una putada que te pase algo así, desde luego, que estés tan tranquilamente y al momento se acabó. Dejemos ya de mediatizar un triste incidente que en cualquier otro momento del año no hubiera cubierto más que un par de días de las páginas deportivas y poco más. Pues no. Los homenajes aparecen en portada de los periódicos como si hubiera muerto poco menos que un jefe de estado. Sin querer quitarle ningún merito al hombre, creo que no estamos pasando ya con el morbo que somos capaces tanto de emitir como de absorver.

Es curioso que el fútbol es un deporte en el que en los últimos años este tipo de cosas llevan pasando con una cierta asiduidad. Cuando yo era un chaval (entonces estaba más al loro del fútbol y de lo que se cocía, y de quién era quién), estas cosas no pasaban. Incluso los que iban pasado de coca como Maradona aguantaban como campeones (si no, no estarían entre nosotros). Resulta que hoy día los jugadores pasan interminables sesiones médicas para determinar posibles males y enfermedades, y sin embargo cada día más pasan estas cosas. Insisto en que no deja de resultarme curioso que se dejen pasar este tipo de cosas. O que pasa, ¿sólo les hacen las pruebas cuando les fichan? ¿El resto del tiempo ya no importa? Debe ser algo de eso a la vista de las circunstancia.

Esto me da que pensar. Yo no soy deportista (aunque en mis años mozos se me daba bastante bien el medio fondo) y estoy muy desconectado de esa realidad, pero parece evidente que ser deportista de élite tampoco te garantiza una salud de hierro de por vida. Los esfuerzos a los que se somete al organismo, considero que además de forma muy innecesaria (y los futbolistas tampoco son los deportistas que más se cansan jugando) pueden llevar a situaciones límite de forma muy inquietante. Se nos dice que hay formas mejores de vivir y estar saludables, pero luego pasan cosas de estas y te preguntas si es cierto. Verdad es que la incidencia es nula entre los que practican deporte ocasionalmente, pero si estás chungo del corazón por decir algo te puede pasar con el deporte, con el sexo o dando un paseo. Sólo pido una cosa: DEJAD AL POBRE CHICO YA EN PAZ, LEÑE.

El poder de los medios

Que flipada más grande con esto del fútbol. Ayer ganaba España one more time y parecía que estabamos toda España en la calle con banderas, vestidos de rojo y gritando como posesos. Según los media, como ganemos la final van a tener que venirse de media latinoamérica para cubrir puestos porque todos vamos a estar echando espumarajos por la boca de la emoción. Ni era así ni dejaba de serlo. Es cierto que se veía algún coche emitiendo pitidos, algunos con banderas y poco más. Como mucho, en la plaza Colón de Madrid estaba todo a tope, pero en el resto de España, pues lo justito. Sin embargo, uno ve las noticias y diríase que sufrimos de amnesia retrógrada a corto plazo porque yo no recuerdo haber hecho nada de esto. Ni yo ni el 90% de la población.

Hace unos días estabamos todos jodidos porque hay paro, los precios suben, la gasolina por los cielos, el gobierno no hace nada, la oposición no existe, crisis por todos lados… Y ahora ya no hay. Uno vez los telediarios y la crisis ha desaparecido. Ya no hay problemas económicos, se han terminado las complicaciones, las recesiones ya no son tales, y así todo. Hace unos días todos estabamos jodidos y ahora estamos todos contentísimos. ¿Qué paradójico, verdad?

Pues es que ni una cosa ni otra. Esta no es más que otra demostración de como los medios se conjuran para que nuestros problemas desaparezcan por arte de birbiriloque y nos olvidemos de todo lo malo, lo negativo, la crisis y todo lo demás, y sólo pensemos en que 11 han metido 3 goles a otros 11.

Pan y toros, decía Unamuno (aunque la frase no es suya, pero la hizo famosa); España ha cambiado poco en 100 años (o en 200 o 300, diríase), y seguimos siendo tan pueblerinos y barriobajeros como cuando la guerra de Cuba. Los periodicos entonces, las televisiones ahora, nos siguen convenciendo de que la visión de la realidad es la que ellos nos quieren pintar. Para quitarnos problemas, preferimos la alegría y la algarabía que nos haga olvidar la pesadumbre y el dolor. Nuestros queridos gobernantes nos lo proporcionan y nosotros, agradecidos, les aupamos bajo palio para alegría de los mismos de siempre. Recordemos que los medios son el cuarto poder, que controlan y dominan tanto como los políticos y los jueces, y que nos hacen tragar las directivas que vienen de arriba. No permitamos que el pueblo lo pase mal: hagámosle creer que todo va bien. Que España va bien.





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