Posts Tagged ‘música’

Esto me lo he encontrado en el Facebook:

Público.es – Internet divide a la música.

Algo que en realidad ya sabíamos y era patente. Los artistas están cada vez más hartos de las discográficas (los de verdad digo, los que no hacen música de usar y tirar, como dicen en el artículo) y entienden de hecho que Internet y las descargas les benefician y facilitan la vida, ya que uno de los puntos fundamentales para el éxito de un artista es ser conocido y la promoción de Internet es gratis y masiva. Luego, estos artistas, lejos de no vender discos, los venden, además de los directos, y los tan cacareados derechos, que claro está, y esto lo sabe cualquiera con dos dedos de frente, no tienen nada que ver con los discos.

Aquí hay dos aspectos diferentes: los que entienden como funciona Internet y le sacan partido, y los que simplemente quieren vivir de la basura que hacen (porque además, los que más se quejan son precisamente los que hacen esa “música” de usar y tirar), que son los que, como dice Carmen Paris (paisana por cierto), se dejan acoquinar por las discográficas para hacer chorradeces del tipo la manifestación del otro día en el ministerio de industria. Los primeros son los que se están llevando el gato al agua, claro, porque los internautas nos estamos dando cuenta de que la posibilidad de probar antes de comprar da la posibilidad de decidir si quieres comprar algo o no en virtud de si en global te parece suficientemente interesante o no. Anda que no hemos comprado todos discos de los que nos hemos dado cuenta que sólo valían la pena dos o tres canciones de las 10, y hemos tenido la sensación de que hemos tirado el dinero de forma estúpida. Que hay que cambiar el modelo es claro, pero al final, en un libre mercado, somos los consumidores los que decidimos por donde tira el mercado, no la oferta (que es lo que quieren ellos, claro). Al final, el mercado se va a convertir en un sistema mezcla entre iTunes y Spotify, donde los artistas directamente podrán vender su música o darla a probar para que los usuarios decidamos si compramos una canción suelta o el disco entero, con mayores beneficios para ellos. Y además, les proporcionará una promoción increíble que hasta ahora sólo podían conseguir si su discográfica pagaba los suficiente como para hacerles publicidad en la radio-fórmula.

En resumidas cuentas, sólo aquellas empresas y artistas que se adapten a un modelo democrático de mercado podrán sobrevivir. Ya que si incluso lograran imponer sus criterios y eliminasen las descargas en la red, el daño ya está hecho: no subirán ya sus ventas de discos, porque la gente no lo va a comprar. Tendrían que reducir al menos en un 50% los discos (digo “al menos”, porque probablemente no podría ser un monto superior al 30% del precio actual) para que la gente vuelva a querer comprar discos. Además, se encontrarán métodos alternativos (yo ya he pensado un par de ellos, y gente más lista que yo encontrará más) para seguir compartiendo, con lo que su victoria será agua de borrajas. Cambia o muere. Es simple evolución. No existe el creacionismo en Internet, y no quieren darse cuenta de ello.

Añado más fuentes sobre el tema:

La SGAE entrega al ministerio de Industria una lista de 200 webs piratas
¿Cómo se cierra un sitio web de descargas directas?

Anuncios

U2 y el talento masificado

Bueno, quien más quien menos sabe lo del concierto de U2. Si estás en Internet y no te enteras de estas cosas es que no ves más que porno… En fin, el tema es que el susodicho concierto, considerado por mucha gente un “gran hit del social media” (hay que tener cojones para ser tan pedante), ha causado que mucha gente estuviera hasta las tantas esperando ver al amigo Bono y compañía haciendo gorgoritos y bailecitos ante, probablemente (no lo sé con seguridad), cientos de miles de personas, que se convertirán en millones porque más lo verán en diferido (y si no es así están haciendo el canelo). Yo no lo veré, por varias razones, aunque la principal es que tampoco me llaman en general (aunque reconozco que algunas de sus canciones son himnos de la generación X).

Pero otro aspectos fundamental si queremos entender este “fenómeno” (por llamarlo algo) es que de gratis, nada. Sí, los que lo vieron no pagaron un duro (si no contamos la luz que gastaron y la tasa de Internet, claro), pero ni U2 ni YouTube salieron perdiendo con la apuesta. Como indica alguien por ahí, nunca U2 fue visto simultáneamente por tanta gente, lo cuál, para un artista, es fundamental. Pero además, las cifras cantan: han debido recaudar cientos de miles de dolares en merchandising y otras cosas (como bajadas de sus canciones de iTunes), además de donaciones (vamos, como si hubieras pagado entrada) y demás. Es decir, que al grupo le ha salido redondo. Así que gratis, gratis, lo que se dice gratis, no ha salido, la verdad. Y en cuanto a YouTube, que decir: cada día tienen más claro que los eventos por streaming son un negocio importante, y eso significa que pronto veremos este tipo de cosas de forma masiva, y de todo tipo. Hombre, a mi sinceramente me gustaría ver ópera así, o teatro. No es por ser cínico, pero creo que esos eventos tendrán que esperar para dar más relevancia al grupo que genera más hype entre la juventud. Pero bueno, que hay negocio, vamos, que es lo que interesa.

Cosas como esta me informan sobre una serie de cuestiones sobre las que llevo reflexionando desde hace tiempo y que he volcado de una forma u otra en el blog. He leído los comentarios de la gente que habla sobre el tema y me parece francamente preocupante la ignorancia que indisimuladamente rezuman algunos (o muchos, desgraciadamente). Alguno dice que hasta le ha sorprendido el éxito de la iniciativa. Que tierno. Otro que sólo ve porno. Pero lamentablemente en nuestra generación hay mucha gente así. Gente simple que no ve más allá de sus narices y que piensa en el mundo como un lugar lleno de florecitas y caramelos. Además, el hecho en si mismo de que haya sido un éxito nos habla de otra realidad: estamos dispuestos a consumir como sea y lo que sea. Somos unos tiernos corderitos que nos ponen un poco de sabrosa hierba delante y nos la comemos toda. Pero esa hierba está envenenada. ¿Vosotros os creeis que ellos no sabían muy bien que sería un éxito? Claro que sí, y si dicen lo contrario mienten. Al menos Sting es sincero y dice que “soy rico, pero también socialista”. La mayoría de los socialistas esconden que quieren dinero tanto como los demás, porque creen que los demás les mirarán mal. Ahí tenemos a nuestro amigo Rubalcaba. Un milloncejo largo tiene limpio el chico (al menos eso nos han dicho, espérate lo que haya por ahí).

Por favor, no actuemos como borregos y reconozcamos lo que es: estamos esclavizados por el dinero y el entretenimiento que bien administrado nos suministra el sistema para que creamos ser felices en medio del mundo mediocre en el que vivimos. Este concierto ha sido un ejemplo más. De nosotros depende que nos sigan idiotizando con cosas inútiles y subordinantes como esta o bien tomemos conciencia de las cosas realmente importantes de la vida. Pero me temo que como humanos que somos, seguiremos prefiriendo la pleitesía al sistema, abandonando nuestros derechos y libertades para que todo siga funcionando como está. Ale, palante chicos, tsk, tsk, tsk…

Os habrá pasado a todos los que tenéis blog: veis un vídeo chulo en YouTube, queréis ponerlo en el blog, y veis ese mensaje tan desagradable: “Inserción desactivada por solicitud”.

Esto es lo que ocurre si intento insertar el vídeo de Beyoncé “Halo” en el blog. Si observamos atentamente los motivos para esta actitud, entendemos que se trata de la consabida cuestión de los “derechos de autor”. Pero en el caso concreto de los vídeos musicales a mi se me antoja una estupidez de calibre máximo: los vídeos musicales son, por definición, una estrategia de marketing para vender lo más posible la obra del artista en cuestión. Esto se contradice enormemente con la política de no dejar insertar los vídeos en los blogs o cualquier otro sitio, precisamente hoy día el medio más efectivamente para hacer popular algo. El efecto “meme” de la blogosfera es potentísimo, pero los de las discográficas no parecen entenderlo bien. Si yo quiero poner el vídeo de “Halo” para decirle a la gente que me ha gustado y que quiero que otros lo vean, sólo tengo como alternativa mandarlos a la página en concreto del vídeo. También puedo entender esta perspectiva: así se dirige al público al perfil del artista o la discográfica en YouTube para que se vean los vídeos. Pero no todo el mundo que SÍ vería el vídeo integrado en el blog irá al enlace para verlo en YouTube. Y el efecto llamada será mucho menor, ya que el público aprecia como desagradable que no te dejen ver directamente el vídeo donde lo han encontrado, algo que cualquier especialista en marketing directo sabe.

En definitiva, se trata de una política de marketing anticuada que posiblemente les ayude a mantener la frente alta, pero no a tener mayor seguimiento popular. Piensan que tener presencia en Internet es una cuestión meramente presencial (valga la redundancia), pero no se dan cuenta de la inmediatez y la interactividad que el público exige. En fin, ahí os he dejado un vídeo que no se puede ver, y si por si acaso sentís curiosidad, podéis pinchar para ir al vídeo en YouTube. Pero ya aviso que, como yo, mucha gente no pinchará para ir a verlo.

Garota de Ipanema

Simplemente quería dejar esta reseña que me ha parecido curiosa y nostálgica. Todos conocemos la canción Garota de Ipanema (Chica de Ipanema), y resulta que la piba en cuestión existió y de la que además se tiene una foto. Interesante sin duda, y una nota cultural importante.

Oda al balanceo de Heloísa | Maikelnai’s blog.

No voy a hablar aquí de cánones, ministras ni P2P. Son temas ya muy manidos y muy tratados. Me gustaría referirme a un tema que se trata mucho menos y me parece más fundamental, porque en realidad, de ahí viene todo el problema. De ello deriva todo lo demás. Y es la renovación de la industria cultural. En la actualidad, esta industria no avanza, o lo hace sumamente despacio, porque ve como su sistema “infalible” para obtener beneficios de debajo de las piedras ya no funciona tan bien como antes. Hablo de esa industria que no debería ser una industria, pero que lo es: editorial, musical, fílmica, televisiva, etc…

Evidentemente no vamos a negar una verdad incuestionable: producir cultura cuesta dinero. Libros, películas, música… Producirlo, crear soportes, etc., cuesta dinero, y por lo tanto debe ser una empresa la que realice todas las gestiones para llevar a cabo un trabajo que un particular no podría hacer. Últimamente estoy muy interesado en el mundo editorial, y desde luego, publicar un libro no es moco de pavo. Desde que el autor crea el manuscrito hasta que vemos el libro en papel en una librería, hay todo un gran proceso que lógicamente debe llevar a cabo una empresa comercial. Y es cierto que los libros en concreto dejan márgenes muy estrechos (exceptuando las grandes tiradas de los grandes editores), con lo que muchas veces el precio de los libros, inevitablemente, se encarece aunque no queramos. Pero también hay una realidad patente: vivimos en la era de la tecnología digital y aún así, todo el mundo se sigue empeñando en editar en papel. Cierto que todavía no se han popularizado medios digitales adecuados para la lectura sin libro, pero podemos leer en el ordenador, el notebook, el netbook, y los actuales e-books digitales son cada día más baratos (aunque por desgracia no hacen más que meterles DRM y cosas similares, destruyendo la magia del libro). Este mercado necesita renovarse en ese sentido, y parece ser que casi nadie quiere hacerlo, lo que va a redundar en que sólo aquellos que den el paso van a estar preparados para lo que va a venir en los próximos (pocos) años. Y es que Internet, como volveré a repetir después, está democratizando la cultura, y es ubícuo, con lo que podemos disfrutar de uso prácticamente desde cualquier sitio (tarifas abusivas telefónicas mediante).

Pero eso son sólo los libros. Si nos vamos a la música, ya es de sobra conocido que el mercado necesita una renovación inmediata. Productos como iTunes o Spotify son la avanzadilla (Spotify en concreto es un consorcio de varias discográficas que intentan renovarse de la forma más correcta posible, y están consiguiendo un éxito más que adecuado). Pero la mayoría de las empresas del sector no terminan de ver que su futuro está, una vez más, en la Red. Son pertinaces en su persecución del “delito” y no se dan cuenta de que no pueden luchar contra los millones que día tras día se saltan todo lo saltable para conseguir la cultura que demandan. Y es que no puede ser que el mercado de CDs permita un beneficio de entre un 100% a un 200% por unidad, y para que luego el artista (la mayoría) no reciba más que un 2% a 5% del beneficio final (y es un cálculo muy optimista). Esto da lugar a que muchos grandes artistas cada día saquen menos CDs y hagan más giras, que es de donde más beneficios directos pueden conseguir, como es lógico. La industria musical pues tiene dos vertientes: las grandes empresas que siguen queriendo conseguir los grandes beneficios por la jeta, y el artista, que debería también reconvertirse y optar por vías alternativas, como vender su música por iTunes o Spotify, entre otros medios, de manera que pueda obtener un beneficio directo mucho mayor por su obra. Las discográficas están en proceso de desaparición o conversión y lo saben, pero tienen que morir matando, claro.

Y que decir tiene la industria audiovisual. Aquí la discusión tiene muchas vertientes, sobre todo en un país como España donde, por algún motivo, a pesar de la gran creatividad que destilamos, sólo conseguimos sacar al mercado productos mediocres (en su inmensa mayoría, con excepciones, claro). Los que quieren llegar a algo se tienen que ir fuera necesariamente (véase Amenabar et al.), y es especialmente hiriente en el caso de la animación, por ejemplo. Lo primero de todo, en mi opinión, es eliminar las subvenciones, o en su defecto, orientarlas a los trabajos de calidad. No es de recibo que se subvencionen auténticos engendros tipo “Já, me maten” y cosas por el estilo. Entiendo que los señores políticos del ministerio de cultura no tienen porque saber apreciar de primeras una buena obra de arte, pero vamos, de ahí a eso otro hay un trecho muy, muy grande. Actualmente las subvenciones son sólo una forma de pagar a los amigos del gobierno para realizar películas inmundas que saben que no van a tener ninguna repercusión en el mercado ni local ni extranjero. Los pocos que se pueden autofinanciar, como Almodovar, van a su bola y lógicamente hacen lo que quieren. Pero ahí tenemos otro problema: el cine español está plagado de putas, yonkis, maricas y amas de casa jodidas. Espero que se me entienda bien: esa es la realidad y debe tener su sitio en el cine, desde luego. Pero no el 70% del mercado. La gente no va al cine para ver realidad: va al cine precisamente para desprenderse de esa realidad que le aturulla el 100% del año. Quieren evadirse, ver realidades alternativas, otras posibilidades que les hagan soñar. Por eso el cine americano triunfa y el nuestro no, tan simple como eso. De todas formas, este mercado también tiene otro problema: el producto lo realizas una vez, pero después puedes copiarlo y reproducirlo las veces que quieras, y aún así, siempre tiene el mismo coste. Entiendo que toda empresa se crea con el único objetivo real de conseguir beneficios, pero estas empresas, como los otros tipos que hemos mencionado antes, también se dedican a la cultura, con lo que deben poder compenetrar ambos aspectos de una forma coherente y sincera. En otros momentos ya he mencionado el tema televisivo así que no me voy a repetir aquí.

Hay un hecho evidente en estos momentos y es que estos mercados tienen que renovarse en la dirección correcta. El gran problema es que intentan que sea la demanda la que se adapte a ellos y no al revés, como es lo normal. En cualquier mercado libre, la oferta se ajusta a la demanda porque tiene que cubrir esa demanda. Lo que pretenden en la industria cultural es justamente lo contrario, que la demanda se adecue a su oferta y en las condiciones que ellos quieran, y las cosas no funcionan así. Siempre ha sido la oferta la que se ha tenido que adaptar a los tiempos, y ellos pretenden justo lo contrario. Quiero mencionar aquí el caso del streaming, la capacidad de ver y oír materiales audiovisuales sin descargar, desde cualquier sitio, sólo con una conexión a Internet. Es un medio que está ganando adeptos a diario porque es una forma sencilla y barata de conseguir conocimientos y cultura de una forma directa y sin ambages. La TV, la música y el cine van a tener, inevitablemente, que adaptarse a este tipo de forma de difusión, ya que va a ser la preferida incluso por encima de la descarga (normalmente, el streaming permite también la descarga una vez visto, cosa que hacemos todos si nos ha gustado algo, excepto casos como Spotify).

Como conclusión, decir que esto son sólo mis apreciaciones, pero son apreciaciones basadas en lo que veo a mi alrededor cotidianamente. No estamos hablando de un futuro alternativo de 25 años en adelante, estamos hablando del presente más rabioso. Pero ellos no quieren verlo, siguen ensimismados en su mundo de piruletas monetarias que saben muy buenas, y como los dulces, quieren más y más todo el tiempo, como un niño cuando descubre las chuches. Y piden chuches constantemente porque son adictos al azucar. Bien, pues estos adictos al dinero deberán reconvertirse o morir, igual que ha pasado a lo largo de toda la historia con todas las profesiones habidas y por haber. Ayudémosles un poquito y hagamos que todo sea más rápido: veamos más streaming, descarguemos más material que nos interese, leamos más en PDF o similares que en papel, etc… Que vean que las cosas van por ahí, inevitablemente. Al final, como no puede ser de otra forma, terminarán pasando por el aro. Otro remedio no les queda.

Sólo una pequeña nota sobre lo que pasó ayer en el sepelio de Michael Jackson… ¿No ha sufrido ya bastante el hombre en vida que teneis que seguir fastidiándole muerto? Y sacando perras por un tubo, añado. Este hombre ha sido siempre un negocio y lo va a seguir siendo. El problema es que me da la sensación de que el no lo quiso ser, de que no aprovechó su vida completamente por ser una estrella en vez de una persona. Así no se puede vivir, pero tampoco se puede morir así. Dejadle ya en paz, leches, de una vez…

Opera: La Traviata

Folleto de La TraviataAunque algo tarde (mardito trabajo), os comento lo que fue mi asistencia a la representación de La Traviata este domingo en el Auditorio de Zaragoza. Aunque me gusta más la música orquestal (no existen óperas en español, lo que hace que para muchos de nosotros pierda parte de su interés), lo cierto es que pillas el truco enseguida, y por suerte unos libretos bien editados ayudan a seguir la función con más o menos posibilidades de enterarte de algo. Así que a continuación paso a comentaros lo que fue la historia y después mi crítica personal.

En la Italia de los años 1840-50 (más o menos), Violetta da una fiesta para sus amigos y allí le presentan a Alfredo, un joven apuesto que cae inmediatamente rendido a sus pies tras unos coqueteos. Ambos terminan enamorándose pero Violetta se resiste a ligarse a Alfredo ya que se considera una mujer libre y no entra en su pensamiento en esos momentos comprometerse con otra persona (muy adelantado para la época). Tras la fiesta Alfredo y Violetta hablan de amor y Violetta lo despide, en realidad ansiosa por el encuentro.

Tras la escena de la fiesta (el primer acto), vemos a Violetta y Alfredo juntos en su casa de París. Ha pasado ya un tiempo y viven juntos, pese a lo que parecía un rechazo inicial en la fiesta en que se conocieron. Alfredo se muestra feliz de vivir con su amada y no duda en manifestarlo a los cuatro vientos. Después, mientras Violetta se encuentra sola escribiendo unas cartas, aparece Don Giorgio Germont (padre de Alfredo) exigiendole que deje a Alfredo, ya que su fama como cortesana puede ensuciar el futuro compromiso de su hija, al estar relacionada con Alfredo. Ella, que intenta resistirse a las palabras del padre, al final se rinde, y escribe una carta a Alfredo diciendole que le abandona, ya que quiere volver a su antigua vida de cortesana. Alfredo recibe la carta de Annina, la doncella de Violetta, y antes de abrirla ya intuye lo que dice ya que no ve a Violetta por ninguna parte. Al leer la carta, le parte el corazón, y aunque su padre, intentando mitigar el dolor de su hijo inútilmente.

Algún tiempo más tarde, Alfredo y Violetta vuelven a encontrarse en otra fiesta, pero esta vez Alfredo la denigra y la pone en evidencia delante de sus amigos, tirándole dinero a la cara “en pago por los servicios prestados” (incidiendo en su condición de cortesana). Ella, avergonzada, sigue negando su amor, pero a sabiendas de que el padre de Alfredo está por allí y no dejará que vuelvan a juntarse.

En el tercer y último acto, Violetta yace en cama consumida por una grave enfermedad. Se lamenta de lo vivido y de no haber sido valiente para manifestar su amor por Alfredo. El médico le tranquiliza recomendándole reposo, pero en un aparte le confiesa a Annina que le quedan pocas horas de vida. De fondo se escucha el carnaval, representando el renacimiento tras la caída. Al tiempo llega Alfredo, que va en su busca ya que su padre, arrepentido, le ha confesado la verdad. Intenta reconciliarse con Violetta y juntos hacen planes para que ella se cure y puedan vivir felices. Sin embargo, Violetta vacila, la enfermedad la consume y tras declararse amor eterno, ella cae muerta, consumando la tragedia de los dos enamorados.

Una obra maestra de la música, con momentos realmente memorables (sobre todo en el primer acto hay partes orquestales antológicas), que dispuso en escena hasta 250 participantes (entre actores y coros), aunque tengo que decir que no fue tan bien como debería haber sido. Vamos por partes. La soprano Minerva Moliner (Violetta) estuvo correcta, aunque no derrochó interpretación por los cuatro costados. Mucho menos afortunado estuvo Gastón Rivero (Alfredo), que no sacó ningún partido al personaje, y se le vio la mayor parte del tiempo demasiado hierático, muy poco expresivo. Caso aparte es el de Toni Marsol (Don Giorgio), que fue probablemente el mejor del grupo con una actuación con partes realmente muy buenas que dejaban el corazón en un puño. En ese sentido se puede decir que sin duda fue el mejor de la noche. En cuanto al resto de personajes, en realidad son pura comparsa en esta obra, ya que como mucho el papel más largo podía ser de 5 minutos. En cualquier caso fueron correctos y los coros hicieron efectivamente su trabajo, y como deben ser los coros: transparentes, ni se notaba que estaban allí (realmente no se les veía, ya que estaban tras un telón). La parte de vestuario y escenografía fue tal vez la peor de todas, ya que prácticamente no hubo variedad en los trajes y vestidos (el único que destacaba era el de Don Giorgio), y en cuanto al mobiliario y la puesta en escena, nada del otro mundo, y podría decirse que hasta muy austera. De todas formas el escenario de la sala Mozart del auditorio tampoco es para lanzar cohetes, así que mucho partido no se le podía sacar.

A pesar de los puntos negativos fue una buena velada, muy recomendable y aunque la ópera no sea mi fuerte, siempre se disfruta con los toques maestros del señor Verdi. Ah, y un punto para la orquesta, defendida con gallardía por el director Juan Luis Martínez.

A raíz de una entrevista a Albert Serra, supuestamente director de cine (digo supuestamente porque ni lo había oído mencionar, y no me considero un inculto cinéfilo), me ha venido a la mente la denominación “ideológicamente impresentable”, y retrógrado de cojones debo añadir, para alguien que debería amar el P2P por ser precisamente un cineasta de autor y elitista. Claro que, contraproducentemente, eso le exige criticar al P2P. Pero uno ya empieza a estar un poco cansado de tanta chorrada y sandez con el tema. Recuerdo que en su día, en el miniblog que tenía en Barrapunto, escribí acerca de que la industria discográfica debería variar su política respecto a la compartición de la música (de esto estamos hablando de hace unos cuatro años), y que los propios artistas deberían considerar deshacerse de las cadenas de la industria y autoeditarse. Años más tarde las cosas siguen parecidas, aunque algunos ya han tomado la calle del medio y van a su bola, pero son una minoría. Por cierto, tengo que hablaros también algún día de un rifi-rafe que tuve con Ramoncín en la radio, también hace unos cuatro años, invitado a un debate en la cadena SER (localizaré el audio y lo publicaré por aquí, que aunque fue una intervención corta, se puede decir que tuve mis cinco minutos de gloria radiofónica).

Pero lo que yo me cuestiono ahora mismo es la necesidad de que la cultura deba seguir rigiéndose por los parámetros de la industria, o más bien, de que la industria deba seguir funcionando como hasta ahora. Las discográficas sobre todo no se percatan de que no van a ganar su guerra contra el P2P. Algunas ya se van haciendo a los tiempos y se adaptan a cosas como el iTunes, pero lo cierto es que siguen impertérritas, acosando a los ciudadanos que lo único que quieren es, principalmente, comparar y, a fin de cuentas, consumir responsablemente. Ahora mismo, si tú vas al cine o te compras un CD, no puedes probarlo antes de comprar: debes morir al palo de lo que te den, te guste o no. Prácticamente todo, desde una casa, un coche o un simple jersey, todo lo puedes probar antes de comprar. Si no, no compras, a no ser que sea algo que te interese mucho o que te hayan recomendado como bueno. En la cultura no puedes hacer eso. Y es algo que debe terminar. Los propios ciudadanos no podemos permitir de ninguna manera que se nos siga pisando de esta manera, y si para eso hay que seguir tocándoles las narices, debemos seguir haciéndolo.

No soy quien para darle recomendaciones a nadie, pero yo les diría una cosa a las discográficas: si no quereis desaparecer, reformaros. Mi consejo es que se conviertan en representantes de artistas, que dejen de publicar música en CD, porque en muy poco tiempo será un formato totalmente desfasado. Hoy día, que te puedes conectar desde el móvil para bajarte la música, y dentro de no mucho desde el MP3, los soportes físicos no tienen ya casi ningún sentido. Seguir persistiendo inmisericordes en una forma de pensar trasnochada y reaccionaria simplemente por unos beneficios que van a terminar siendo cero es absurdo. De que se den cuenta de ello dependerá de que los artistas tomen también conciencia de sus derechos y beneficios como tales. La sobreprotección de las discográficas, editoriales y organizaciones de derechos de autor ha creado una filosofía de esclavo en los artistas que no ha hecho más que perjudicarles desde el siglo pasado. Y ya vale. Ahora es posible la autoedición con calidad en Internet y la autopromoción. Que no dependemos de esta gente, concienciemonos.

Sólo una cosa más para terminar: usad P2P. No es ilegal, ni jurídica ni políticamente hablando. Que no os intenten convencer de lo contrario, ni el gobierno ni sus acólitos y mandamases (obviamente, la SGAE es el amo del PSOE, visto lo que le hace hacer al gobierno para defender sus intereses. Compartid, sed solidarios, y aportad algo al mundo, ya que ellos no lo hacen.

Amaral y la hipotenusa creativa

Leo desde la Wikipedia: Hipotenusa es el lado de mayor longitud de un triángulo rectángulo y el lado opuesto al ángulo recto. Según esta definición, la hipotenusa creativa en música se corresponde con aquello más popular y corriente, es decir, la música pop decadente, los ritmos desfasados que una y otra vez se remozan con electrónica para darles un nuevo aspecto y que no tienen nada realmente que decir. Justo en el lado opuesto se encuentra el ángulo recto, la esquina que se resiste que pasar por los cánones impuesto desde una industria en decadencia que da sus últimos coletazos tal y como la conocemos actualmente.

No lo niego, soy fan de Amaral. Desde sus inicios, cuando el menda recorría Madrid a media tarde buscando una tasca de menú a 1.000 pelas para llenar el buche antes de volver a currar (por cierto, tengo una anécdota divertidísima, no precisamente con Amaral, ya quisiera, sino con nada menos que Tamara y su mamá, sentadas justo a mi lado en una tasca de esas que digo, todo un espectáculo), me gustaba escuchar su música. Disfruto de melodías roqueras y otras más sentimentales, pero sobre todo, me deleito con la letra de las canciones. Aunque hay más artistas y grupos como este, este es el que después de tanto tiempo me sigue llegando disco a disco. Ahora han presentado uno doble, que también está bastante bien, aunque reconozco que escucho los viejos una y otra vez, y me sirven de inspiración para escribir, por ejemplo.

La cuestión es que aunque Amaral es un grupo sumergido en el sistema discográfico, aún se resisten a hacer la música que ellos quieren. Siguen sacando verdaderas joyitas musicales con las que me deleito, porque tienen algo que decir. La mayoría de los artistas hoy por hoy no sólo no tienen nada que decir sino que además se dedican a decir lo mismo una y otra vez, sucedaneo tras sucedaneo de canción, música creada por un ordenador que las quinceañeras repiten como un mantra desastrado y poco lujoso. Yo no sé lo que puede durar un grupo como este, pero espero que sea mucho, porque si siguen en las mismas condiciones tienen mucho que dar. Son el ángulo recto en un mundo musical copado por la mediocridad, la zafiedad y el fanatismo.





A %d blogueros les gusta esto: