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Opera: La Traviata

Folleto de La TraviataAunque algo tarde (mardito trabajo), os comento lo que fue mi asistencia a la representación de La Traviata este domingo en el Auditorio de Zaragoza. Aunque me gusta más la música orquestal (no existen óperas en español, lo que hace que para muchos de nosotros pierda parte de su interés), lo cierto es que pillas el truco enseguida, y por suerte unos libretos bien editados ayudan a seguir la función con más o menos posibilidades de enterarte de algo. Así que a continuación paso a comentaros lo que fue la historia y después mi crítica personal.

En la Italia de los años 1840-50 (más o menos), Violetta da una fiesta para sus amigos y allí le presentan a Alfredo, un joven apuesto que cae inmediatamente rendido a sus pies tras unos coqueteos. Ambos terminan enamorándose pero Violetta se resiste a ligarse a Alfredo ya que se considera una mujer libre y no entra en su pensamiento en esos momentos comprometerse con otra persona (muy adelantado para la época). Tras la fiesta Alfredo y Violetta hablan de amor y Violetta lo despide, en realidad ansiosa por el encuentro.

Tras la escena de la fiesta (el primer acto), vemos a Violetta y Alfredo juntos en su casa de París. Ha pasado ya un tiempo y viven juntos, pese a lo que parecía un rechazo inicial en la fiesta en que se conocieron. Alfredo se muestra feliz de vivir con su amada y no duda en manifestarlo a los cuatro vientos. Después, mientras Violetta se encuentra sola escribiendo unas cartas, aparece Don Giorgio Germont (padre de Alfredo) exigiendole que deje a Alfredo, ya que su fama como cortesana puede ensuciar el futuro compromiso de su hija, al estar relacionada con Alfredo. Ella, que intenta resistirse a las palabras del padre, al final se rinde, y escribe una carta a Alfredo diciendole que le abandona, ya que quiere volver a su antigua vida de cortesana. Alfredo recibe la carta de Annina, la doncella de Violetta, y antes de abrirla ya intuye lo que dice ya que no ve a Violetta por ninguna parte. Al leer la carta, le parte el corazón, y aunque su padre, intentando mitigar el dolor de su hijo inútilmente.

Algún tiempo más tarde, Alfredo y Violetta vuelven a encontrarse en otra fiesta, pero esta vez Alfredo la denigra y la pone en evidencia delante de sus amigos, tirándole dinero a la cara “en pago por los servicios prestados” (incidiendo en su condición de cortesana). Ella, avergonzada, sigue negando su amor, pero a sabiendas de que el padre de Alfredo está por allí y no dejará que vuelvan a juntarse.

En el tercer y último acto, Violetta yace en cama consumida por una grave enfermedad. Se lamenta de lo vivido y de no haber sido valiente para manifestar su amor por Alfredo. El médico le tranquiliza recomendándole reposo, pero en un aparte le confiesa a Annina que le quedan pocas horas de vida. De fondo se escucha el carnaval, representando el renacimiento tras la caída. Al tiempo llega Alfredo, que va en su busca ya que su padre, arrepentido, le ha confesado la verdad. Intenta reconciliarse con Violetta y juntos hacen planes para que ella se cure y puedan vivir felices. Sin embargo, Violetta vacila, la enfermedad la consume y tras declararse amor eterno, ella cae muerta, consumando la tragedia de los dos enamorados.

Una obra maestra de la música, con momentos realmente memorables (sobre todo en el primer acto hay partes orquestales antológicas), que dispuso en escena hasta 250 participantes (entre actores y coros), aunque tengo que decir que no fue tan bien como debería haber sido. Vamos por partes. La soprano Minerva Moliner (Violetta) estuvo correcta, aunque no derrochó interpretación por los cuatro costados. Mucho menos afortunado estuvo Gastón Rivero (Alfredo), que no sacó ningún partido al personaje, y se le vio la mayor parte del tiempo demasiado hierático, muy poco expresivo. Caso aparte es el de Toni Marsol (Don Giorgio), que fue probablemente el mejor del grupo con una actuación con partes realmente muy buenas que dejaban el corazón en un puño. En ese sentido se puede decir que sin duda fue el mejor de la noche. En cuanto al resto de personajes, en realidad son pura comparsa en esta obra, ya que como mucho el papel más largo podía ser de 5 minutos. En cualquier caso fueron correctos y los coros hicieron efectivamente su trabajo, y como deben ser los coros: transparentes, ni se notaba que estaban allí (realmente no se les veía, ya que estaban tras un telón). La parte de vestuario y escenografía fue tal vez la peor de todas, ya que prácticamente no hubo variedad en los trajes y vestidos (el único que destacaba era el de Don Giorgio), y en cuanto al mobiliario y la puesta en escena, nada del otro mundo, y podría decirse que hasta muy austera. De todas formas el escenario de la sala Mozart del auditorio tampoco es para lanzar cohetes, así que mucho partido no se le podía sacar.

A pesar de los puntos negativos fue una buena velada, muy recomendable y aunque la ópera no sea mi fuerte, siempre se disfruta con los toques maestros del señor Verdi. Ah, y un punto para la orquesta, defendida con gallardía por el director Juan Luis Martínez.





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