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Las tetas de la ministra

Nuestra “querida” Bibiana Aído volvió a calzarse el mundo a su manera el otro día y por supuesto sin rectificación alguna. Sé que la noticia no es nueva, pero como hoy han vuelto a referirse a ello en el mismo programa (Las mañanas de Cuatro), pues he pensado que sería interesante reflexionar sobre eso. Básicamente, lo que vino a decir la buena mujer es que “abortar es lo mismo que ponerse tetas” (es más, lo dijo con estas mismas palabras). Independientemente de que consideremos que una ministra no debería pronunciar la palabra “tetas” en público (la política es el arte de las formas, querida), el debate real es que una representante de máximo nivel de los españoles piensa que abortar viene a ser lo mismo que cualquier otra operación rutinaria que una mujer pueda realizarse a lo largo de su vida.

Esto me parece muy grave. Apartándonos por un momento de la cuestión sobre el aborto (tema que ya plantee hace un año), el hecho de que una mujer ministra trivialice de esta manera con un asunto tan transcendente para las mujeres es, como mínimo, de mal gusto. Soy un hombre, y por lo tanto hay cosas que probablemente no lograré comprender nunca, pero sí entiendo que siendo el embarazo un momento fundamental en la vida de una mujer, un aborto lo es, como mínimo, en igual medida. No creo, ni por asomo, que ninguna mujer que haya abortado lo haya hecho a gusto y de la misma manera que, por ejemplo, se hace una apendectomía. Y menos una lipo o aumentar el pecho. Me da igual que se crea o no en el aborto. Como digo, no es la cuestión que se discute, sino la relevancia que sin duda tiene pasar por el quirófano para eliminar la vida de un futuro hijo. Si el nacimiento, según quienes lo describen, es algo maravilloso, un aborto debe ser lo que está en el lado contrario del espectro, algo asqueroso y que deja un mal cuerpo durante semanas, meses o incluso años (y eso haciendolo con todas las garantías, que no pensemos cuando se hace de forma clandestina).

Bibiana, te has pasado veinte pueblos y como ya hiciste con tus “miembras”, no sólo no rectificas si no que obligas a otros miembros del gabinete a salir del paso cuando se les pregunta sobre la anécdota (como ha pasado con la ministra de sanidad esta mañana, que la pobre no sabía como responder a los ataques que unos y otros le propinaban). Que sepas que los españoles en general no entendemos qué pintas aquí, con tu Ministerio de Igualdad, que no hace nada importante ni interesante y que simplemente está como una excusa partidista de ZP. Dimite ya, Aído, ya que no eres más que la viva imagen del desastre que es el gobierno de Zapatero en plena crisis.

Acabo de ver un documental sobre populismo y sinceramente me ha preocupado. Bueno, es una tendencia política que siempre me ha producido resquemor, pero después  de ver el tema desde una perspectiva europea, sinceramente me ha dejado tieso. Los radicalismos y los nacionalismos están aprovechando las crisis (locales y mundiales) para sacar tajada política a costa, como siempre, de los bienpensantes ciudadanos.

Pero vámonos al lado contrario, a los tecnócratas. Los que piensan para el pueblo, pero sin el pueblo. Nuestro mayor exponente hoy día es ZP, que desde que salió elegido el año pasado ha sido un desproposito con patas permanente. Pensándolo detenidamente, se ha convertido en un tecnócrata populista, si es que es posible semejante cosa. Se dedica, las 24 horas del día, a lanzar eslóganes y soflamas chorras que el ciudadano de a pie se traga porque son políticamente correctas. Pero ninguna de esas frases vacías significa realmente nada. No cumple sus promesas, como ha quedado patente en el último debate del estado de la nación (acto que por otro lado no vale para nada, se lo inventó en España Felipe con la sana intención de revalidar cada año su mandato haciendo, como nuestro coleguita, promesas vacías que no iban a ninguna parte). En vez de pensar en soluciones y ponerlas en práctica, lo único que estamos presenciando es un teatro del absurdo en el que los políticos se alejan cada vez más del pueblo, pero engañándonos, haciéndonos creer que efectivamente piensan en nosotros. Las elecciones europeas ya son la risa. No dicen absolutamente nada sobre Europa, sólo se atacan entre ellos y manipulan hábilmente a los indecisos. No hay que pensar en Europa, esa es su idea general. Luego les extraña que haya tanta abstención. Los únicos partidos que están hablando realmente de europa, como Ciudadanos, son silenciados sistemáticamente en los medios de comunicación, y es realmente costoso que se les vea o se les oíga porque, simplemente, deben desaparecer de la vista de los grandes partidos. A Rajoy no me refiero porque tiene tan poco carisma que prácticamente sólo convence a los que ya están convencidos, o sea, que llueve sobre mojado.

En conclusión, tan malo es ser populista como tecnócrata. Los primeros porque intentan convencerte con banales esperanzas y subterfugios, y los segundos porque el pueblo no les interesa un carajo. Y que nadie se confunda. A los populistas radicales no les importa el pueblo. Simplemente se aprovechan de él para conseguir sus prebendas políticas. Por suerte hay vías intermedias pero poco conocidas. Decid no a unos y otros, votad puramente en conciencia y si no veis alternativas reales a vuestras necesidades, votad en blanco. Al cabo del tiempo me he dado cuenta de que abstención lo único que hace es beneficiar a los de siempre. Si no quieres votarles, al menos castígales. Diles que no en su cara.

Esta frase la conocemos, desgraciadamente, porque a nuestro presi le dio por decirla varias veces en las últimas elecciones. Es una frase de Edward R. Murrow que popularizó George Clooney en su película del 2005 (muy buena, por cierto). Ahora, mirando retrospectivamente, me doy cuenta de que la decía con todo el sentido y responsabilidad. Nos estaba deseando buena suerte de verdad. Lo decía sinceramente. Porque sabía que las ibamos a pasar tan putas que lo mejor es que al menos nos sintiéramos reconfortados con sus amables palabras.

Está claro que los socialistas ya sabían de la crisis antes de las elecciones, y como los populares con el 11-M, se callaron como putas, obviamente para no perder votos. Y les salió bien. Esto es evidente ahora, pero es que cuando terminaros las elecciones y comenzó a avistarse la crisis, algunos ya lo dijimos, pero como siempre, la gente sólo oía lo que quería oír. Y ahora estamos como estamos.

¿Hasta cuando, señor Zapatero? ¿Hasta cuando? Pues aún nos quedan unos tres años de aguantar marea. Claro que tan malos son estos como los otros, así que en un sistema cada vez más bipartidista como este pocas esperanzas nos quedan, si es que teníamos alguna. Buena suerte, amigos míos, que la vamos a necesitar. Todos.





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