Cogió el móvil y se dispuso a enviarle un mensaje. Estaba nervioso, era el primer mensaje que le enviaba a aquella chica que habia conocido en el programa de contactos. Hasta ese momento, el único contacto que había tenido con ella era por medio de un chat inmediato, con una de esas aplicaciones que le permiten a uno contactar con personas específicas. Al principio todo empezó como un juego, donde cada uno interpretaba su papel… El hacía de chico interesante (aunque no lo era mucho, o al menos eso creía él), y ella le seguía la corriente, riendole los chistes, contándole confidencias, y hasta cierto punto buscando que alguien la mimase. Las sesiones se hacían interminables, parecía que las conversaciones no tenían final, pero el se sentía feliz porque tenía a alguien a quien podía contarle todo. Llegó un momento en que para el todo era llegar a casa tras el trabajo y conectarse a Internet para poder encontrarse con aquella muchacha… El dudaba de ella, ya que tal vez podía tratarse de una bromista o, peor aún, un tipo que le estaba gastando una mala broma pesada… Pero él seguía allí, silenciosamente, con la única compañia de la radio, escribiendo linea tras linea a aquella desconocida.

Un día, le envió una foto. Con vuelta, claro. Le envió una foto de hacia un par de meses antes, en la playa, con unos colegas. No era un tio cachas, ni guapo, pero era bastante resultón. Tenia la risa fácil, y las bromas y chascarrillos le salian de natural. Había conocido más gente en la Red, entre ellos a algunos de los chicos que aparecían en la foto. Habían formado un club de usuarios, y se reunían de vez en cuando, como aquel fin de semana en la costa. Era una forma de conseguir ese contacto que la Red no podía proporcinarles… Cuando hacía tiempo antes se auguraba que Internet destruiría las relaciones humanas, realmente no se dieron cuenta de que podría llegar a conseguir el efecto contrario. Internet había conseguido acercar a las personas hasta tal punto que ninguna parte del planeta era ajena al sentimiento de hermandad… La Red, en definitiva, estaba haciendo por si sola lo que políticos, religiones y filosófias no habían logrado tras milenios de esfuerzos: unir a todos los pueblos en uno solo. Curiosamente, nadie tenia la sensación de estar separado de las demás personas cuando se comunicaba por Internet. Parecía unirles como si estuvieran frente a frente, aún cuando ellos sabían que no era posible…

Una noche, en plena sesión, comenzó a surgir la vena romántica y empezaron a jugar a que se querían… En realidad, el ya sentía algo por ella. Algo que suponía había nacido cuando la encontró en la Red, y que fue creciendo hasta ese momento en que comenzaron a decirse cariñitos y mimos… En pleno frenesí, ella dijo: “TE QUIERO”. Eso fue para el un balazo en pleno corazón… Su organo vital comenzo a bombear sangre a velocidades de vértigo. Sus dedos, temblorosos, comenzaron a escribir sin que el supiera bien lo qué, aunque todo tenía sentido… La conversación siguió hasta puntos inimaginables para el… Hasta ese momento no había llegado a ese punto con ninguna de las chicas que había conocido, dentro y fuera de la Red…

Ella le envió otra foto en respuesta a la primera. Era rubita, no muy agraciada pero hasta cierto punto atractiva. Tenía ojos claros y un bonito cuerpo. En la foto aparecía con otras amigas: Rebeca, Sonia, Sofia… Recordó su nombre al verla… Clara. Allí tenía a Clara, la chica que le había dicho que le quería. Puso la foto como fondo de escritorio y así, cada vez que encendía el ordenador, ahí tenía su imagen, insinuante, que parecía decirle que fuera hacia ella, que estuviese a su lado. En aquellos momentos, no podía ser más feliz. Salud, dinero, amor. Esas tres cosas que dicen hay en la vida las tenía ahora todas consigo. No podía ser más feliz.

Los dias pasaban, y parecía que su romance no terminaría jamás. Finalmente, le pidió su número de teléfono móvil, para poder contactarle aunque sólo fuera por medio de mensajes… Ella se lo pensó, pero finalmente accedió, ya que al fin y al cabo se habían declarado su amor. El lo recibió con gran satisfacción, pero por algún extraño motivo que se encuentra en algún lugar perdido de nuestra psique, no se atrevió a enviarle nada en ese momento. Tenía miedo. No sabía porqué, pero tenía miedo…

Al día siguiente, por fin reunió fuerzas y le envió un mensaje corto, pero afectuoso. Esperó unos instantes. Sabía que no tenía que responderle en ese momento, pero lo cierto es que lo ansiaba con todas sus fuerzas. Desde aquel día no había podido dejar de pensar en ella en ningún momento. Por fin sonó el movil, con la respuesta de Clara. Se puso muy contento, y en su felicidad, decidió marcar otra vez el número y hablarle directamente, aunque tal vez esa osadía pudiera costarle caro (o eso creía él). Marcó los números frenéticamente, nervioso, volviendo a repetir la operación al pensar que se había equivocado. Cuando por fin lo consiguió, allí estaba esperando su contestación. Los tonos sonaban y sonaban, se hacían eternos… Por fin, una voz femenina le contestó, y le dijo:

“Estimado usuario, sintiéndolo mucho el módulo de inteligencia de Clara está siendo depurado en estos momentos. Vuelva a repetir la operación dentro de unos instantes…”.

FIN

(Copyright 2009 Marcos Legido Hernández)


  1. Oye, pues está muy bien.
    Eso que dices (y ya sé que es un cuento) de que la red hace amigos, pues míranos a ti y a mi, unidos por el antinacionalismo y el blogueo y …fin porque tú y yo no tenemos nada más en común.
    ¿Y qué? No te voy a decir que te quiero, pero sí que me llegaste a preocupar cuando estuviste tanto tiempo sin escribir.
    Llegué a pensar que te había pasado algo, y me daba miedo pensar que a lo mejor ya no estabas ahí.
    Ya ves.
    Y ahora cantamos eso “amigos para siempre nainonainonaiononaaaaaaa” y listo ¿no?
    ¡Hala! Sigue escribiendo y así de bien; sin formulitas ni numeritos.

  2. Se agradece la confianza. Yo creo que se generan lazos de diversos tipos en Internet. Y es lo lógico. Lo que pasa es que hasta ahora lo hacíamos cara a cara, y en este momento tenemos la posibilidad de generar relaciones a distancia de forma fácil y sencilla con gente de todo el mundo. Recuerdo perfectamente que durante un año o así estuve manteniendo una relación de amistad con una chavala de Mallorca por carta, cuando aún no tenía acceso a Internet ni nada por el estilo (por medio de uno de esos listados de gente que había en aquella época, que hoy día con Internet ya no tienen sentido, claro).

    Yo también aprecio los contactos que hago por aquí. Mi problemática es que cuando no puedo, no puedo. Me puedo tirar meses sin dar señales de vida porque cuando estoy sumergido en lo que sea no saco la cabeza para nada. Y hoy día sigo con mucha cosa, pero estoy haciendo el esfuerzo de escribir aunque me quite de otros ratos de estar tirado (cosa que también me gusta mogollón… XD).

    Me alegra que te haya gustado. En este relato concretamente, teniendo en cuenta la obligación de sintetizar al máximo, creo que metí todos los temas que me interesaban en ese momento aunque fuera sucintamente. Espero haberlo conseguido.

  1. 1 Mini-Cuento « Meterse por meterse

    […] Cuento: Te quiero. […]




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